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Las curvas de rendimiento ya no se están volviendo más pronunciadas. Al menos, esa es la percepción actual en el mercado global de renta fija, lo que refleja principalmente el movimiento al alza de los tipos a corto plazo. Esto es especialmente evidente en el caso de la curva del Tesoro de EE. UU., donde el rendimiento a 2 años ha subido más de 30 pb desde mediados de abril, lo que ha provocado que el diferencial entre los bonos a 2 y a 10 años se reduzca a unos 43 pb, su nivel más plano desde julio de 2025.  En otras palabras, nos movemos en un entorno de mercado dominado por el tema de la revalorización de la política monetaria. Las bajadas de tipos por parte de los bancos centrales parecen cosa del pasado, y ahora se están descontando subidas de tipos, incluso en EE. UU., donde la curva de tipos a plazo implica actualmente un endurecimiento de 39 pb en los próximos 12 meses. La pregunta clave en este momento es si estos bancos centrales seguirán adelante y aplicarán todas estas subidas de tipos. Nos mostramos algo escépticos. Si bien no se puede negar que el viento ha cambiado, la valoración de las expectativas de endurecimiento nos parece excesiva en muchos casos. Esa elevada volatilidad de la valoración de la política monetaria ha supuesto un gran reto para los inversores, y nos mostraríamos reacios a recomendar centrarse en el posicionamiento en duración como fuente de rentabilidad de la renta fija en el entorno actual. Por el contrario, hemos observado que los rendimientos del crédito tienden a ser mucho más estables en estos días, y los diferenciales de crédito muestran signos de una notable resistencia. De ahí nuestra preferencia por la exposición al crédito con grado de inversión frente a los bonos del Estado.

Los riesgos a la baja para el dólar estadounidense siguen intactos. Prevemos un escenario en el que las presiones bajistas sobre el dólar podrían resurgir en el futuro próximo, impulsadas por la mejora de la confianza de los inversores a nivel mundial y las señales tranquilizadoras sobre las expectativas de crecimiento global. Además, el dólar podría verse pronto afectado por una valoración errónea de la política de la Reserva Federal, especialmente si esta no se muestra tan agresiva (hawkish) como sugiere actualmente el mercado de tipos de interés. En este contexto, creemos que los argumentos a favor de la diversificación global siguen siendo especialmente sólidos, y que la exposición a activos no denominados en dólares desempeña un papel importante en una cartera diversificada. En renta fija, nos decantamos por el crédito global y la deuda de mercados emergentes como vehículos para promover la diversificación global. Por su parte, en renta variable, preferimos la exposición a Europa, Japón y algunos mercados emergentes seleccionados.