El fondo DNB European Defence cumple su primer año. Durante este periodo, su rentabilidad ha seguido de forma general la evolución de los índices de renta variable globales y europeos, aunque con una volatilidad superior. A corto plazo, las acciones de defensa se han visto fuertemente influidas por el sentimiento político y la rotación de temáticas en el mercado. Sin embargo, en el trasfondo, muchas compañías han continuado mostrando un sólido desempeño, tanto en cartera de pedidos como en beneficios.

En bolsa, el sentimiento hacia los valores europeos del sector defensa ha sido en ocasiones muy fuerte, aunque recientemente se ha moderado para algunas grandes compañías. Esto responde menos a un deterioro de los fundamentales que a una rotación hacia otras temáticas como el petróleo o la inteligencia artificial. En un mercado impulsado por tendencias, un sector puede perder protagonismo temporalmente, incluso cuando sus perspectivas operativas siguen intactas. El principal motor estructural sigue siendo el aumento de los presupuestos de defensa en Europa, los países nórdicos, Estados Unidos y Asia. Para Europa, esto implica, sobre todo, una mayor autonomía. A medida que los recursos, capacidades y adquisiciones se contemplan cada vez más desde una perspectiva regional, surge una necesidad estructural de proveedores europeos. A mi juicio, este es uno de los motores seculares más sólidos del sector.

Esta tendencia también se refleja en los mercados de capitales. Ya hemos participado en varias salidas a bolsa. Un ejemplo es la empresa noruega General Oceans, que desarrolla sensores para uso submarino. Este segmento guarda cierta similitud con Norbit, una de las principales posiciones del fondo. Espero que continúen produciéndose nuevas OPV. Muchas de estas compañías están impulsadas por la innovación tecnológica y desarrollan soluciones mejor adaptadas a las necesidades actuales que los sistemas más antiguos.

Temas de futuro: drones, electrónica y tecnología de defensa

Entre las compañías consolidadas, Rheinmetall sigue siendo un buen ejemplo de cómo la demanda evoluciona en ciclos. En los últimos años, el foco ha estado claramente en la munición, un ámbito en el que la compañía está muy bien posicionada. Ahora comienzan a materializarse grandes pedidos de vehículos militares. A medio plazo, es probable que el foco se desplace hacia la electrónica, las comunicaciones y tecnologías relacionadas. En mi opinión, Rheinmetall también cuenta con una posición sólida en estos segmentos.

Kongsberg es otra empresa difícil de pasar por alto en un fondo europeo de defensa. Tras la escisión del grupo, mantenemos ambas compañías por el momento. A largo plazo, lo más natural sería desinvertir en Kongsberg Maritime, aunque a los niveles actuales de valoración este negocio sigue siendo atractivo y mantiene exposición al sector defensa. Kongsberg Aerospace & Defence continúa muy bien posicionada con productos como misiles, sistemas de defensa aérea y NASAMS. Este último es un sistema de gran éxito que podría ampliarse a nuevas aplicaciones en el futuro.

Un tema especialmente relevante de cara al futuro es la integración de drones, electrónica y tecnología de defensa. Los drones y los sistemas antidrones son ya elementos centrales de la arquitectura de defensa moderna. Para los inversores, esto plantea la cuestión de qué compañías están mejor posicionadas para beneficiarse de este cambio tecnológico. La inversión en sistemas tradicionales continuará, pero es probable que el crecimiento se desplace cada vez más hacia la electrónica, la tecnología de sensores, las comunicaciones y los sistemas autónomos.

Una forma de invertir en esta temática es a través de Kitron. La compañía no es un fabricante de drones tradicional, sino que suministra componentes electrónicos que se utilizan en drones y sistemas relacionados. En el fondo mantenemos posiciones en Kitron, así como en otros competidores que producen electrónica para estas aplicaciones. Se trata de una vía interesante para participar en el crecimiento de esta tendencia tecnológica sin necesidad de invertir directamente en fabricantes de drones.

La seguridad marítima también está ganando relevancia. Un área particularmente atractiva es la de las contramedidas contra minas. El fondo invierte en una empresa tecnológica francesa con un peso de alrededor del 3–4 %, que considero líder en este campo. Esta compañía desarrolla robots de desminado —esencialmente drones submarinos— capaces de detectar y detonar minas. Los sistemas son autónomos, impulsados por software y hacen un uso intensivo de inteligencia artificial. Además, la empresa ofrece sistemas de navegación independientes del GPS y soluciones autónomas para la monitorización de costas y zonas marítimas, abordando así múltiples tendencias clave del mercado de defensa moderno.

Desde el punto de vista geográfico, identifico numerosas tecnologías de defensa interesantes, especialmente en los países nórdicos. Noruega cuenta con compañías destacadas, incluidas algunas no cotizadas como Radionor. Suecia alberga varias empresas sólidas, y Finlandia también dispone de numerosos líderes en nichos específicos, aunque no todos cotizan en bolsa. Por lo general, cuanto mayor es el incentivo estratégico de un país, mayor es la presión por desarrollar soluciones tecnológicas efectivas.

Perspectivas

En cuanto a valoraciones, el panorama actual es más matizado que hace algún tiempo. Aunque muchas grandes compañías del sector siguen cotizando a niveles exigentes, las cotizaciones han retrocedido desde sus máximos o se han mantenido laterales, mientras que los beneficios han seguido creciendo. Esto hace que el sector resulte nuevamente atractivo de forma selectiva. En el fondo, seguimos apostando por una combinación de grandes empresas consolidadas y compañías especializadas de nicho, recientemente con un ligero aumento del peso de estas últimas.

La conclusión clave se mantiene: el sector europeo de defensa no es una moda pasajera. Está evolucionando hacia un tema de inversión estructural a largo plazo, impulsado por mayores presupuestos, innovación tecnológica y el objetivo de reforzar la autonomía europea. Identifico las oportunidades más atractivas en aquellas compañías que combinan tecnologías sólidas, acceso a clientes gubernamentales y la capacidad de transformar rápidamente nuevas necesidades en soluciones comerciales.