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Desarrollado en colaboración con clientes que cuentan con objetivos de descarbonización, incorpora subindicadores específicos basados en las expectativas generales del Marco de Inversión Cero Emisiones Netas del IIGCC. Desde su creación, se han analizado más de 2.000 empresas de carteras de renta fija y renta variable. El progreso real hacia la descarbonización, tal y como revela el indicador, sigue siendo desigual.
Aunque el estado general de alineación se mantuvo relativamente estable de un año a otro, el impulso subyacente es frágil. Un análisis más detallado del indicador revela un panorama en el que la ambición y los objetivos a largo plazo siguen estando relativamente extendidos, pero la estrategia a corto plazo y la asignación de capital suelen quedarse rezagadas.
Los resultados del año pasado estuvieron marcados por la dinámica macroeconómica y política, especialmente en EE. UU. La polarización política y la incertidumbre en torno a las políticas climáticas generaron dudas entre las empresas que dependen de la claridad regulatoria para justificar compromisos de capital a largo plazo. Esto contribuyó a un ligero retroceso en la adopción, sobre todo de objetivos a largo plazo y estrategias de descarbonización. El retroceso fue menos pronunciado en Europa y la región Asia-Pacífico, donde los marcos normativos siguen siendo más consistentes.

En 2025 también se observó una divergencia sostenida a nivel sectorial, siendo el sector energético el que registró la mayor tendencia a la baja. Esto se debe principalmente a las grandes empresas petroleras y gasísticas, muchas de las cuales siguen manteniendo sus objetivos generales de cero emisiones netas, pero han reducido el ritmo y el alcance de sus planes de descarbonización. El sector financiero experimentó otro año de retroceso en sus niveles de alineación, al igual que ocurrió en 2024. Algunas entidades bancarias mantienen sus compromisos públicos con el objetivo de cero emisiones netas, mientras que otras han reducido sus planes de transición y algunas han abandonado por completo sus objetivos. Estos cambios, junto con el reciente anuncio de la Net-Zero Banking Alliance de que cesará inmediatamente sus operaciones y pasará a ser una iniciativa marco, ponen de relieve el retroceso en la alineación. Por el contrario, los sectores industriales, de materiales y de servicios públicos son algunos de los principales contribuyentes a la mejora de la alineación, lo que refleja el progreso en las estrategias de descarbonización específicas de cada sector y en el despliegue de capital. La energía renovable competitiva en términos de costes, junto con la innovación en eficiencia energética, ha permitido a estos sectores avanzar más que otros.
La divergencia es igualmente evidente entre las empresas tecnológicas. Cada vez es más relevante para los inversores que valoran los resultados reales de la descarbonización el creciente distanciamiento en la forma en que los hiperescaladores gestionan el abastecimiento energético. Aunque muchos hiperescaladores mantienen ambiciosos compromisos de cero emisiones netas, el aumento de la demanda de los centros de datos ha complicado su cumplimiento. El incremento de las emisiones absolutas, la mayor dependencia de la energía procedente de combustibles fósiles y la creciente asignación de capital a infraestructuras energéticas están poniendo a prueba la credibilidad y la comparabilidad de las estrategias climáticas corporativas. Los hiperescaladores que invierten de forma proactiva en soluciones de red, energía limpia y firme a largo plazo y facilitadores de la descarbonización a nivel de todo el sistema están mejor posicionados para conciliar el crecimiento con la alineación climática. Aunque Meta sigue llevando a cabo iniciativas de sostenibilidad, estas van a la zaga de las de sus competidores, especialmente si se comparan con las de Alphabet.

El camino a seguir para las empresas del índice MSCI World
Los datos sobre los escenarios previstos ponen de relieve la magnitud del reto. Incluso partiendo de hipótesis optimistas, el índice MSCI World no alcanza la meta ilustrativa prevista de que el 90% de los emisores estén «cumpliendo», «alineados» o «en proceso de alinearse» con las trayectorias de cero emisiones netas para 2030. En los escenarios de «Aceleración» y «Base», la mejora se debe casi en su totalidad a que las empresas refuerzan sus estrategias de descarbonización y aumentan la asignación de capital. Por su parte, en el escenario de «Reversión», más del 65% de las empresas carecen de una estrategia de descarbonización o de una asignación de capital específica para los esfuerzos de descarbonización. Por lo tanto, incluso en un escenario de «Aceleración», es probable que el índice siga presentando un riesgo de transición significativo.

Al analizar el panorama general, el año 2026 comenzó con un mensaje claro: la transición hacia la descarbonización ya no se define por la mera aspiración, sino por la credibilidad. Es probable que las empresas y los inversores dejen de centrarse únicamente en la ambición para prestar atención a cómo las empresas están alineando la asignación de capital y la estrategia con sus objetivos. Por lo tanto, a los inversores que deseen gestionar estas exposiciones les resultará más conveniente adoptar un enfoque activo en lugar de uno pasivo. Comprender e identificar qué empresas están preparadas para respaldar sus objetivos con planes de transición creíbles será clave para aprovechar las oportunidades de transición, al tiempo que se mitiga el riesgo de las empresas que no logran ir más allá de la mera ambición.
El año 2025 pone de relieve que la transición hacia una economía baja en carbono ya no es una vía uniforme impulsada por las políticas, sino un panorama de inversión desigual marcado por el riesgo de ejecución, la intensidad de capital y la creciente dispersión entre sectores y regiones. La cuestión central de la inversión es, cada vez más, determinar en qué ámbitos es probable que el capital, las políticas y la tecnología se alineen, y dónde pueden persistir las limitaciones estructurales, las brechas de financiación o las deficiencias de gobernanza. A medida que avanza la transición, los inversores que utilizan estas palancas de forma deliberada están mejor posicionados para gestionar el riesgo de caída, aprovechar las oportunidades selectivas de subida y adaptar las carteras a medida que las vías de transición siguen divergiendo.