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En un contexto de creciente incertidumbre geopolítica, volatilidad de los mercados y preocupaciones sobre el crecimiento global, ¿qué papel pueden desempeñar los bonos de catástrofe en una cartera diversificada en la actualidad?
Los bonos catástrofe están ahí, básicamente, para proporcionar rendimientos no correlacionados. En mi opinión, son uno de los pocos instrumentos que no se ven afectados por, por ejemplo, la geopolítica, el conflicto en Irán que estamos viendo actualmente, o, en cierta medida, la volatilidad de los tipos de interés. En términos fundamentales, lo que hacemos es asumir riesgo de seguros o reaseguros en la mayoría de los casos, y funcionamos básicamente como una compañía de seguros y reaseguros. Solo si ocurre un evento de catástrofe natural previamente definido es cuando, como inversores, tenemos que pagar. Y si no ocurre nada, no tenemos que pagar. Así, si Trump decide de repente hacer algo, por ejemplo en Irán, desde el punto de vista financiero no nos afecta demasiado, porque nuestros rendimientos no están correlacionados con esos mercados financieros. Solo si ocurre ese evento natural previamente definido, normalmente riesgos de huracanes o terremotos, es cuando se materializa el pago.
Tras un año récord para los bonos catástrofe en 2025 y un inicio sólido de 2026, con una fuerte demanda y un estrechamiento de los diferenciales, ¿siguen los inversores estando adecuadamente compensados por los riesgos de esta clase de activo y siguen siendo atractivos los bonos catástrofe?
Absolutamente. Ya no estamos en los niveles de prima de riesgo que que veíamos anteriormente. Esa es la compensación que recibimos por asumir este riesgo asegurador subyacente. Ya no estamos donde estábamos en 2023, 2024 ni tampoco en 2022. Pero aun así, si miramos los mercados financieros en general y lo comparamos con el high yield y otras deudas corporativas, seguimos en una posición muy atractiva, con un rendimiento actual de aproximadamente el 9% en dólares estadounidenses. Creo que continúa siendo una propuesta de valor muy sólida, especialmente si se tiene en cuenta su naturaleza no correlacionada.
Aunque a menudo se describen como no correlacionados, los bonos catástrofe no están libres de riesgo. ¿Cómo se han comportado durante periodos de estrés de mercado (choques inflacionarios, volatilidad de tipos o caídas de la renta variable) y cuáles son los principales riesgos que los inversores deben tener en cuenta?
Exactamente. No están libres de riesgo, y ese es un punto muy importante. Los bonos catástrofes cubren principalmente grandes catástrofes naturales, normalmente riesgo de huracanes o terremotos, aunque también pueden incluir otros riesgos como incendios forestales o tormentas convectivas severas. Pero solo si ocurren estos eventos es cuando el capital está en riesgo. Si hay volatilidad en la renta variable, no nos afecta demasiado, porque eso no provoca huracanes ni terremotos en California. Por tanto, realmente no estamos correlacionados con esos movimientos de mercado. El único riesgo que asumimos es ese riesgo subyacente de reaseguro y seguro. Ese es, en realidad, el núcleo de toda la estrategia.
Twelve Securis Cat Bond y diferencias con otras estrategias de bonos de catástrofe
La estrategia de bonos catástrofe de Twelve Securis se sitúa en torno a los 6.500 millones. Ese es el conjunto de activos que gestionamos dentro de un total aproximado de 9.500 millones. Nuestra estrategia es bastante simple desde un enfoque top-down. Nos centramos en eventos y riesgos de catástrofes naturales. No invertimos en otros riesgos como el riesgo cibernético, que es un segmento en crecimiento dentro del mercado de ILS, ni en riesgos como el terrorismo u otros riesgos no correlacionados que también están ganando peso.
Nosotros nos centramos en catástrofes naturales porque creemos que es lo que nuestros inversores esperan y, además, donde podemos obtener los mejores retornos ajustados al riesgo a largo plazo. En concreto, buscamos principalmente exposición a riesgos en Estados Unidos, sobre todo terremotos en California y huracanes en Florida. La razón es bastante simple: son los riesgos que ofrecen las mejores primas y, al mismo tiempo, los mejor modelizados. Cuando modelizamos riesgos como huracanes o terremotos, tenemos mucha más certidumbre en comparación con lo que llamamos riesgos secundarios, como incendios forestales o tormentas convectivas severas. Son eventos de los que leemos a diario en los periódicos, al igual que las inundaciones en España o en el Reino Unido, o las tormentas severas en Estados Unidos.
Diversificación regional
Nuestro enfoque está en los llamados peak perils (riesgos de catástrofe más extremos y con mayor impacto económico). No porque no nos guste la diversificación, sino porque en la mayoría de los casos la diversificación conlleva mucha incertidumbre en la modelización. Si nuestros modelos internos muestran que no merece la pena asumir ese riesgo de diversificación, nos mantenemos en los riesgos que mejor pagan y mejor modelizados. Y esos son el riesgo de huracanes en Estados Unidos y el riesgo de terremotos. Existe diversificación. No estamos invertidos únicamente en esos riesgos, pero sí hay una infraponderación respecto al mercado, simplemente porque la mayoría de las operaciones que aportan diversificación o bien ofrecen menores rentabilidades o no están tan bien modelizadas.
¿Cómo afecta el cambio climático a la clase de activo de los bonos de catástrofe?
El cambio climático es uno de los temas más relevantes para esta clase de activo. En cierto modo, también contribuye a que hoy en día se obtenga una prima de rentabilidad relativamente elevada. Sin su impacto, probablemente las primas serían bastante más bajas. Ahora bien, lo importante es que el cambio climático no es un enemigo para nosotros. Si somos capaces de modelizarlo —y eso ocurre en gran medida en el caso de los huracanes—, podemos incorporarlo correctamente en la toma de decisiones. Y en el caso de los terremotos, además, no hay un impacto directo del cambio climático, así que en ese sentido la exposición es más estable. Al final, lo fundamental es que el riesgo esté bien remunerado, y ese es el punto clave. Distinto es el caso de los riesgos secundarios, como los incendios forestales, donde la calidad de la modelización es menor y el impacto del cambio climático es mucho más relevante. Lo mismo ocurre con las inundaciones o las tormentas de granizo. En esos casos somos más prudentes a la hora de invertir.
Proceso de inversión de la estrategia Twelve Securis Cat Bond. ¿Cómo se equilibra la rentabilidad esperada, la pérdida modelizada, la liquidez y la diversificación?
Sí, lo positivo es que contamos con modelos muy sofisticados que están detrás de todo el proceso, en los que realizamos análisis estocásticos de la cartera. Esto nos permite entender, de forma bottom-up, qué ocurre cuando incorporamos un determinado riesgo: cuál es su contribución al riesgo total y a qué factores está expuesto. A partir de ahí, el trabajo consiste en construir una cartera bien diversificada. Por ejemplo, no nos limitamos a respaldar aseguradoras en Florida; podemos diversificar con una aseguradora que opera únicamente en Texas, otra en Luisiana y otra con mayor exposición en el noreste de Estados Unidos. Ahí es donde entra el papel del gestor de cartera, que busca el mejor retorno ajustado al riesgo. Además, contamos con una estructura de gobernanza sólida y un equipo de gestión de riesgos que supervisa de forma continua el riesgo de liquidez en los fondos. Y ese, en mi opinión, es uno de los factores clave de nuestro éxito: disponer de un proceso de inversión completo, de principio a fin, dentro de una estructura muy institucionalizada y bien controlada.
De cara al futuro, ¿cuáles son las principales oportunidades y riesgos que los inversores deberían vigilar en el mercado de bonos catástrofe en los próximos años?
Hay un único riesgo fundamental, aunque podría haber varios riesgos asociados, como huracanes o terremotos. En el fondo, el riesgo subyacente en nuestra estrategia es el de catástrofes naturales. Y, al mismo tiempo, ahí está también la oportunidad: nos pagan por asumir ese riesgo. Además, no se trata de una selección adversa. Es decir, no es que recibamos los peores riesgos de las compañías de seguros o reaseguros; al contrario, ellas necesitan transferir parte de esos riesgos porque tienen demasiada concentración en sus balances. Y es ahí donde entramos nosotros como inversores de los mercados de capitales, asumiendo esos riesgos y obteniendo a cambio una prima atractiva.
Lo más delicado, en mi opinión, es que el crecimiento del mercado también puede venir acompañado de lo que podríamos llamar “malos riesgos”. Pero incluso eso puede ser una oportunidad, porque tenemos la capacidad de analizar y distinguir qué riesgos son adecuados y cuáles no. He mencionado antes, por ejemplo, el riesgo cibernético: desde nuestro punto de vista no es el tipo de riesgo más apropiado para el fondo, aunque también forma parte de la evolución del mercado. En cualquier caso, esto también supone un reto para los inversores, que deben elegir entre distintos proveedores de capital y seleccionar al gestor adecuado en este espacio, algo que en ocasiones puede resultar complejo.