
El riesgo geopolítico volverá a ser una variable clave en el panorama inversor global en 2026. Al mismo tiempo, los profundos cambios estructurales que se están produciendo en los entornos de seguridad y política nacional de todo el mundo irán generando oportunidades de inversión a lo largo del proceso, siempre que se sepa dónde buscarlas.
Perspectivas estructurales: muy lejos de un entorno Goldilocks
La combinación de las tensiones derivadas de la competencia entre Estados Unidos y China, la rápida fragmentación del orden mundial y los efectos a largo plazo del cambio climático dibuja un panorama geopolítico estructuralmente negativo para 2026. Si a ello se suma el número inédito de conflictos militares relevantes en todo el mundo —véase Ucrania, Oriente Medio, Venezuela y diversas zonas de Asia—, todo apunta a que la seguridad nacional cobrará aún mayor protagonismo. Estas tensiones geopolíticas impulsarán varias tendencias clave:
- Aumento del gasto en defensa a escala global
- Foco cada vez más centrado en la seguridad nacional, especialmente en relación con la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes
- Mayor protección y promoción de los recursos estratégicos clave en la competencia entre grandes potencias, como los minerales críticos, la biotecnología y los semiconductores
- Se mantiene el uso de aranceles y otras herramientas económicas con fines geoestratégicos
En pocas palabras, 2026 estará muy lejos de ser un año de crecimiento y precios moderados, por lo que los inversores cautos deberían actuar en consecuencia.
En la práctica, esto implica posicionarse ante una inflación estructuralmente más elevada, un crecimiento más débil y una mayor dispersión de los resultados macro y de mercado frente a los años dorados de la globalización. También supone aumentar la exposición a las grandes temáticas de inversión a largo plazo que emergen en este giro acelerado hacia políticas más orientadas a la seguridad nacional. Sortear las tensiones geopolíticas: dónde prestar atención y cómo reaccionar Dado que en 2026 abundarán los riesgos geopolíticos y los posibles desenlaces serán muy diversos, la planificación de escenarios y un enfoque de inversión flexible pueden resultar especialmente útiles.
Entre los principales focos de atención a lo largo del año destacan:
EE. UU.-Venezuela
- El 3 de enero, Estados Unidos inició una operación para desalojar del poder al presidente venezolano Nicolás Maduro. Por el momento, no anticipamos episodios significativos de aversión al riesgo en los mercados ni una ampliación del conflicto a nivel regional.
- Estas acciones refuerzan mi convicción de que la administración Trump está cada vez más centrada en la competencia entre grandes potencias en el hemisferio occidental. Es probable que Estados Unidos trate de ejercer una mayor influencia en la región para contrarrestar las actuaciones de China y Rusia en Venezuela y en el conjunto del hemisferio.
- A vigilar: el potencial de una disrupción más amplia sigue siendo una variable clave a monitorizar. Esto incluye la posibilidad de flujos masivos de refugiados desde Venezuela y un aumento del conflicto político si la situación interna se deteriora en el corto plazo.
Relaciones entre EE. UU. y China
- La relación bilateral entre Washington y Pekín sigue siendo el indicador más relevante de las tensiones geopolíticas y lo será tanto en 2026 como en los años posteriores.
- Podría observarse una mayor estabilidad antes de la cumbre prevista entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo estadounidense Donald Trump en abril, de la que previsiblemente saldrá un acuerdo comercial provisional. Este estaría condicionado por la fortaleza de Estados Unidos en la fabricación de semiconductores de última generación y por el papel clave de China en el suministro de minerales críticos y tierras raras.
- No obstante, en un contexto de creciente competencia entre grandes potencias —especialmente en tecnologías emergentes y defensa—, es muy probable que continúe la desvinculación estratégica a largo plazo.
- Atención a: la postura diplomática de Estados Unidos en la región APAC en 2026 y si el presidente Trump adopta un enfoque más «transaccional» en materia de política de seguridad en la zona.
Ucrania-Rusia
- Cabe esperar cierto grado de desescalada del conflicto en 2026, ya que ambas partes se inclinan por una solución negociada ante sus respectivas limitaciones de recursos.
- Cualquier eventual alto el fuego sería difícil de sostener y tendería a ser inestable.
- En resumen: Ucrania mantendría su soberanía (aunque cedería parte de su territorio), mientras que los países de la OTAN en Europa seguirían incentivados a acelerar sus planes de rearme ante la agresión rusa y la menor confianza en la protección de Estados Unidos.
Irán-Israel
- Existe una elevada probabilidad de que se produzcan nuevos enfrentamientos militares entre Israel e Irán, dada la «amenaza existencial» que representa el programa nuclear de Teherán para Israel.
- El conflicto tendría un impacto limitado en los mercados, salvo que se extendiera a nivel regional o afectara significativamente a la producción de petróleo.
- Atención a: si Israel y Estados Unidos continúan con su estrategia para forzar un cambio de régimen en Irán.
Políticas domésticas a nivel global
- Las políticas domésticas podrían desempeñar un papel excesivamente relevante en la política exterior a lo largo de 2026, lo que añadiría incertidumbre y volatilidad al panorama geopolítico global.
- Atención a: elecciones legislativas estadounidenses en noviembre; comicios en Rusia, Israel, Brasil y Hungría; y la forma en que los gobiernos de la UE afrontan el populismo creciente, la fragmentación política, la inmigración y las tensiones sociales derivadas de las nuevas prioridades de gasto en defensa.
Oportunidades de inversión en un panorama geopolítico cambiante
Los ciclos geopolíticos suelen ser largos: históricamente duran entre 80 y 100 años. Los cambios estructurales como los que estamos presenciando solo se producen una vez por siglo y tienden a ser disruptivos. Por tanto, aunque el riesgo de mercado es estructuralmente mayor en este nuevo régimen, 2026 ofrecerá oportunidades continuas para identificar los valores ganadores y perdedores en las carteras.
Dada la elevada probabilidad de que este giro hacia la seguridad nacional se prolongue durante varios años, 2026 podría ser un momento adecuado para aumentar la exposición a diversas temáticas de inversión a largo plazo, tanto en mercados públicos como privados. Entre estas temáticas se incluyen:
- Defensa e innovación tecnológica militar (por ejemplo, inteligencia artificial, tecnología espacial y aeroespacial)
- Minerales críticos y tierras raras
- Biotecnología
- Ciberdefensa
- Energías renovables y estrategias de resiliencia climática
Esta dinámica se observa a nivel regional, nacional, sectorial y por compañía, así como a lo largo de todas las clases de activos, y favorece de manera natural la gestión activa, pues permite reducir riesgos y aprovechar la diferenciación con mayor agilidad que un enfoque pasivo. Pueden surgir oportunidades de alfa para estrategias long/short y otras alternativas. En cualquier caso, los inversores prudentes deberían incorporar la perspectiva geopolítica a su estrategia de cartera en 2026 y más allá.