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Haciendo un repaso a los últimos años, vemos que el mercado tiende a pensar que una recesión es inminente para justificar el mal comportamiento de los activos de riesgo. Los ejemplos más notables fueron el periodo comprendido entre el cuarto trimestre de 2015 y el primero de 2016, y el cuarto trimestre de 2018. Es importante recalcar que la única vez que el mundo entró en recesión después de la crisis financiera mundial fue, de hecho, en un momento en el que nadie contemplaba dicho escenario (es decir, antes del COVID). Cuando pensamos en el mercado de cara al futuro, existen dos escenarios claramente diferenciados en los cuales quizás podamos ver una recesión:

1. Endurecimiento monetario excesivo de los bancos centrales: Si los bancos centrales de los mercados desarrollados priorizan rebajar la inflación frente al crecimiento a través de cambios en los tipos de interés, es posible imaginar un escenario en el que los bancos centrales empujen al mundo a una profunda recesión en un intento infructuoso de controlar la inflación. La razón principal para ello es que gran parte de la elevada inflación se debe a los altos precios de la energía y las materias primas (especialmente en Europa), algo que los cambios en los tipos de interés no pueden solucionar.

2. Rusia interrumpe el suministro de gas a Europa: Si Rusia decide castigar a Europa interrumpiendo el suministro de gas, la región se sumirá en una recesión. Alemania, como uno de los principales importadores de gas ruso, podría experimentar una caída del PIB entre el 2% y el 5% en dicho escenario. Además, si Alemania entra en recesión, es harto probable que el resto de países de la Unión Europea también lo hagan. Sin embargo, es importante destacar que, en este escenario, lo que podríamos ver es una recesión regional y no mundial, ya que parece poco probable que EE.UU. y China se vean afectados sustancialmente.

En lo que respecta a su función de reacción, en Fidelity creen que los bancos centrales, cuando se enfrenten a la decisión de elegir entre inflación y crecimiento, acabarán optando por lo segundo a pesar del discurso restrictivo que han mantenido hasta ahora. Empujar a una economía a una profunda recesión irá en contra del objetivo de control de la inflación a medio plazo de cualquier banco central. Por ejemplo, si el BCE sume a Europa en la recesión al subir excesivamente los tipos de interés, la región necesitaría, en consecuencia, una importante respuesta en el ámbito monetario y presupuestario. En lo que respecta a EE.UU., creemos que es probable que la Reserva Federal trate de subir el tipo de los fondos federales hasta el entorno del 2,5% lo antes posible, y no hay motivos para pensar que EE.UU. no pueda manejar dicha subida.

En cuanto a la posibilidad de una recesión europea debido a la interrupción del suministro de gas ruso, es importante recordar que esta interrupción es uno de los pocos escenarios en los que veríamos una importante respuesta en forma de gasto público en toda Europa. En dicho escenario, es probable que los países utilicen la guía de actuación frente al COVID y traten de recurrir a las cuentas públicas para proteger la economía de los hogares y las empresas. La respuesta que dé cada país podría ser muy rápida. También los expertos creen que se producirá una respuesta a escala europea, al estilo del fondo Next Generation EU para hacer frente la crisis del COVID, aunque esto podría tardar unos meses más en concretarse.

En caso de que no se dieran los dos escenarios anteriores, nos resulta difícil creer que la economía mundial, dada su actual estabilidad, esté encaminándose hacia una recesión significativa. Lo que piensan en Fidelity desde el inicio del año, en vista de que los estímulos presupuestarios están agotándose en los mercados desarrollados, es que el crecimiento probablemente sea débil en Europa e incluso en EE.UU. y, por consiguiente, que el entorno al que nos enfrentamos es de estancamiento, en lugar de una profunda recesión.