Añadir Estrategias de Inversión en Google

Las últimas turbulencias han transformado la tendencia alcista de la IA, que antes era una subida rentable, en unas oscilaciones diarias espectaculares. De hecho, algunos inversores creen que el aumento de los beneficios relacionados con la IA entre las principales empresas de infraestructuras puede no ser sostenible, sino más bien asemejarse a la metáfora del cerdo ingerido que se abre paso a través de una pitón. ¿Es el sector de la IA un ciclo puntual, que revertirá una vez que se agote el exceso de gasto? ¿O estamos ante algo más duradero? Las implicaciones son sustanciales y, en busca de claridad, los inversores se centran acertadamente en la «E» (Earnings, o beneficios) de la relación precio-beneficio.

Esta distinción es fundamental para quienes se han beneficiado directamente de la expansión. Si el gasto de capital en IA es un impulso finito, entonces los segmentos más cíclicos del sector —en particular, los semiconductores, los equipos para chips y la memoria— justificarían múltiplos más bajos. Desde ese punto de vista, los beneficios de 2026 y quizás de 2027 pueden parecer sólidos, pero podrían volver a situarse más cerca de los niveles de 2024, lo que convertiría las valoraciones «baratas» actuales en una especie de ilusión basada en unos beneficios temporalmente inflados.

Creemos que la base de beneficios que se está construyendo hoy en día es más fuerte, aunque las vertiginosas tasas de crecimiento interanual de los dos últimos años se desaceleren inevitablemente. Sin embargo, ese debate sobre los beneficios subyacentes se está desarrollando en un contexto de fuerte volatilidad a corto plazo, que poco tiene que ver con el panorama de los beneficios en sí mismo. Las cifras lo dicen todo. El índice KOSPI de Corea, un indicador del sentimiento global respecto a la IA, ha registrado fluctuaciones superiores al 5% en nueve de las últimas diez sesiones bursátiles. El índice de Taiwán, con gran peso del sector de los chips, ha mostrado un patrón similar, y el denominador común de ambos mercados es el impacto de un apalancamiento considerable: las posiciones se habían saturado y apalancado durante el repunte, lo que ha hecho que la eventual corrección fuera más brusca y rápida de lo que justificarían los fundamentales por sí solos.

Esto nos sirve para recordar que los movimientos bruscos en las exposiciones al factor «momentum» pueden producirse independientemente de cualquier cambio en la situación de los beneficios subyacentes, impulsados por el posicionamiento y los múltiplos, y no por los fundamentales. Los mercados, que habían descontado unas perspectivas muy optimistas, ahora exigen más, incluso a las empresas que siguen registrando resultados favorables. El listón de lo que se considera un trimestre sólido se ha elevado hasta tal punto que, incluso unos beneficios saneados, ahora inspiran menos confianza que antes.

Tras haber subido un 94% en solo tres meses, entre marzo y junio de 2026, los valores del sector de los semiconductores han caído aproximadamente un 18% de máximo a mínimo, según el índice Philadelphia Semiconductor. Gran parte de este movimiento refleja una toma de beneficios más que un cambio de opinión: muchos inversores macro y de estrategias «long-short» que habían generado ganancias sustanciales en el primer semestre de 2026 están consolidando sus beneficios. Los flujos de los inversores particulares hacia este sector también se han ralentizado, y parte de ese capital se ha desviado hacia una única acción a través de la salida a bolsa de SpaceX, una operación que ahora cotiza por debajo de su precio de emisión. Esta última dinámica, por sí sola, ha frenado el apetito de riesgo hacia los valores de alto rendimiento. Cabe destacar que los inversores «long-only» y los propietarios de activos se han mantenido en gran medida fieles a su estrategia, lo que indica que la convicción en la tesis subyacente permanece intacta, incluso mientras los operadores a corto plazo se retiran. Compartimos esa convicción.

Analizando el escenario bajista

La demanda de infraestructura y herramientas de IA sigue siendo elevada. ASML, Samsung y TSMC han publicado recientemente buenos resultados que confirman esta fuerte demanda. Es evidente que la expansión subyacente continúa, independientemente de cómo evolucione el estado de ánimo del mercado día a día.

La adopción de la IA en sí misma se encuentra aún en una fase temprana de su implantación: el paso de los simples chatbots a la IA agentiva (sistemas capaces de razonar y actuar, en lugar de limitarse a responder) exigirá una capacidad de cálculo y un poder de inferencia significativamente mayores en los próximos años. A medida que la adopción avanza por esta vía, los requisitos informáticos no suponen un aumento puntual, sino una escalada continua; cada etapa del cambio hacia sistemas más autónomos y capaces de razonar requiere una capacidad de cálculo sustancialmente mayor que la anterior.

Por eso se espera que los hiperescaladores, entre los que se incluyen Google, Microsoft, Meta y Amazon, gasten en conjunto aproximadamente 1 billón de dólares el año que viene. Parte de ello refleja la inflación de los costes impulsada por la IA en chips, mano de obra y componentes, pero la mayor parte refleja una demanda genuina: estas empresas están construyendo hoy en día infraestructura de IA en la nube porque esperan obtener beneficios a futuro. Visto así, los recientes altibajos parecen más bien una corrección a mitad de ciclo: los precios simplemente subieron tan rápido que los fundamentales no pudieron seguirles el ritmo.

La señal más clara de que la demanda está superando a la oferta proviene de los propios compradores. El propio director financiero de OpenAI ha afirmado que la capacidad de computación de la empresa está agotada hasta finales de 2027. Anthropic ha recurrido a xAI para obtener capacidad de computación adicional, mientras que Meta, tras haber ampliado la capacidad de sus centros de datos de IA para su propio uso, ahora está vendiendo su excedente a terceros. Se trata de empresas que compiten por satisfacer la demanda, no que se preparan para una caída repentina.

La volatilidad entre los valores de IA de mayor rendimiento ha acaparado la mayor parte de la atención, pero el mercado en general presenta un panorama más alentador. La correlación entre las acciones está disminuyendo a medida que aumenta la dispersión, lo que supone una continuación de la rotación de líderes y la ampliación de la participación que señalamos en mayo, y no un riesgo sistémico. La relación entre el VIX y el VIXEQ, que mide la volatilidad a nivel de índice frente a la volatilidad de las acciones individuales que lo componen, se sitúa cerca de mínimos históricos. La volatilidad del índice es mucho más moderada que la de las acciones individuales, ya que los mercados están valorando el riesgo específico de cada empresa en lugar de descontar una perturbación más generalizada.

Lo que nos dice el crédito

Los mercados de crédito se han hecho eco de la revalorización de los mercados de renta variable, aunque con menos dramatismo. Los diferenciales de crédito de los hiperescaladores se han ampliado entre 10 y 20 puntos básicos aproximadamente, pero este movimiento ha sido más técnico que fundamental, ya que el crédito sigue la tendencia del mercado de renta variable. Algunos han señalado la emisión de deuda por parte de los hiperescaladores y el aumento del apalancamiento como una señal de alerta temprana de una burbuja en la financiación de la IA. Nos tomamos en serio esa preocupación como un riesgo que hay que vigilar, pero, en esta fase, no la consideramos el factor determinante del movimiento actual. Parte de ese ensanchamiento refleja una simple «indigestión»: se espera que las hiperescaladoras emitan este año unos 350.000 millones de dólares en bonos, una oleada de oferta que, aunque considerable, ya se había anunciado con suficiente antelación.

Un puñado de grandes nuevas emisiones (entre ellas, NVIDIA, SpaceX y Amazon) se sucedieron rápidamente, poniendo a prueba la capacidad de los inversores en el crédito tecnológico y de los hiperescaladores dedicado a la IA, pero se trató más bien de un caso en el que el mercado tuvo que asimilar una gran cantidad de papel de una sola vez que de una señal de tensión crediticia. Los emisores de alta calidad aún tienen margen para asumir más deuda, pero los hiperescaladores se están convirtiendo en algunos de los mayores emisores del mercado de grado de inversión. Creemos que los mercados de grado de inversión aún pueden absorber esta oferta durante algún tiempo antes de que la emisión de los hiperescaladores se convierta en una limitación.

Dicho esto, desde una perspectiva multiactivos, mantenemos una posición neutral respecto al crédito y seguimos prefiriendo la renta variable como la forma más atractiva de aprovechar el tema de la IA, ya que ofrece una mejor relación riesgo/rentabilidad. Seguimos sobreponderando la renta variable tecnológica, concretamente las empresas beneficiarias de la IA en Asia, los mercados emergentes y EE. UU. Seguimos infraponderando las regiones con una exposición limitada a este tema, incluida Europa.

Esperamos que la volatilidad del mercado continúe a lo largo del año. La publicación de los resultados del segundo trimestre de Alphabet la semana pasada fue un claro indicio de la fuerte demanda en el superciclo de la IA, pero el mercado sigue evaluando los riesgos relacionados con el aumento de la oferta y sus costes, que se adelantan a la monetización final. Aún quedan más novedades por llegar, ya que Meta, Microsoft y Amazon presentarán sus propios resultados. Estaremos atentos a las tendencias que importan: la confirmación continuada de la demanda, la trayectoria del gasto de capital y nuevas pruebas de las limitaciones de capacidad de cálculo. Si esas tendencias se mantienen, esta reciente corrección parecerá, en retrospectiva, lo que creemos que es: la pitón digiriendo su comida, no atragantándose con ella.