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El oro y la plata pueden ofrecer beneficios complementarios dentro de una cartera. Tras la reciente fase de consolidación, se prevé que las perspectivas estructurales de ambos metales sigan siendo atractivas.
La plata podría representar la oportunidad con mayor asimetría. Además de actuar como cobertura monetaria, es un metal fundamental para la electrificación global, incluyendo paneles solares, vehículos eléctricos e infraestructuras de red. Es probable que la reciente volatilidad de los precios del petróleo acelere esta transición e impulse la demanda. Un factor clave es que entre el 70% y el 80% de la plata se extrae como subproducto de la minería de otros metales, lo que significa que la oferta no puede responder fácilmente a una subida de los precios, reforzando aún más su atractivo como inversión.
Por su parte, se espera que el oro siga siendo una reserva de valor esencial. La acumulación por parte de los bancos centrales, la desdolarización y las tensiones geopolíticas deberían proporcionar un sólido apoyo a medio plazo. A largo plazo, el aumento de la productividad impulsado por la inteligencia artificial y una estabilización de Oriente Medio probablemente contribuirán a moderar las expectativas de inflación, ayudando al oro a recuperar impulso. En cualquier caso, incluso con precios más bajos, las compañías mineras de oro deberían poder mantener márgenes y rentabilidades sólidos.