A juicio de Tressis, lo que se está prolongando desde que comenzara en 2025 en los mercados financieros es el denominado 'show de Trump' ¿A qué se refieren con ello?
Nos referimos, en primer lugar, al fear of missing out, al miedo a quedarse fuera, algo que ya comentábamos el año pasado. Ese sentimiento sigue provocando la entrada de enormes flujos de dinero en los mercados y, por tanto, todavía vemos recorrido. Es cierto que genera vértigo: da igual que hablemos de niveles de 4.000, 4.500, 5.000 o 5.600 puntos, pero el dinero continúa entrando. Hace ya algo más de un año desde que el señor Trump asumió de nuevo la presidencia de Estados Unidos, y lo que vimos a comienzos de 2025 fue un cambio radical en las formas: en la manera de hacer política, de comunicar y, sobre todo, en los anuncios realizados a través de órdenes ejecutivas de gran impacto, tanto a nivel nacional como internacional y, por supuesto, en los mercados financieros. Todo ello le otorgó un protagonismo muy marcado. Ese conjunto de gestos, esa forma de articular el discurso y, especialmente, el calado de las medidas adoptadas es lo que nos llevó a hablar del "show de Trump". Ya desde el inicio de 2025, y tal y como repitió durante su campaña, puso sobre la mesa políticas muy claras en ámbitos como la inmigración —cuyas consecuencias seguimos viendo—, la reducción del gasto público, con la conocida incorporación del señor Musk y la creación de la oficina de reducción del gasto gubernamental, la política de aranceles, la fiscalidad y la desregulación. Son, sin duda, políticas legítimas y de gran alcance, pero ese conjunto de decisiones y, sobre todo, las formas en las que se han presentado, es lo que nos llevó a definir todo este contexto como el "show de Trump".
Hay varios factores que conviene no perder de vista este año, entre ellos la inflación persistente y el denominado tsunami monetario. ¿A qué se refieren exactamente?
Cuando hablamos de tsunami monetario y de inflación persistente nos referimos a fenómenos muy relevantes porque tienen consecuencias no solo en las decisiones de los bancos centrales, sino también en el poder adquisitivo de las familias y de los ciudadanos en general. El tsunami monetario es algo de lo que llevamos años hablando: la abundancia extraordinaria de liquidez existente en los mercados. Hablamos de liquidez institucional, del aumento constante de la masa monetaria y también del incremento de la deuda pública, derivado de déficits crecientes a nivel global, tanto en el mundo desarrollado como en China. Todo ello genera una enorme cantidad de liquidez, pero al mismo tiempo actúa como una losa para el crecimiento económico global, y eso es precisamente lo que estamos observando. Esa liquidez es uno de los factores que explica una inflación que resulta muy difícil de llevar a los niveles deseados por los bancos centrales. Lo vimos a lo largo de 2025: tras el fuerte pico inflacionista provocado por la inundación de liquidez y por el impacto de la guerra en Ucrania, con el repunte vertical de las materias primas, se produjo una caída importante. Sin embargo, la inflación se ha ido moderando de forma muy gradual y se mantiene estable, lo que hace muy complicado acercarla al objetivo del 2%.
En Europa la inflación está estabilizada en torno a ese nivel, pero en Estados Unidos sigue siendo más elevada, alrededor del 2,7%. Por eso hablamos de inflación persistente: con tanta liquidez en el sistema, corregirla resulta muy difícil. Esta situación va erosionando el poder adquisitivo de los ciudadanos, lo que genera un creciente descontento social. Al mismo tiempo, toda esta liquidez —aunque tiene efectos negativos y está asociada al aumento de la deuda, a las inyecciones masivas y a unos bancos centrales con un enfoque acomodaticio— actúa como gasolina para los mercados financieros. Es lo que hemos visto a lo largo de 2025: a pesar de la volatilidad, cada vez que se produce una corrección, ya sea pequeña o grande, entra dinero en los mercados, porque esa liquidez está ahí, lista para seguir fluyendo hacia los activos de riesgo.
En sus claves para 2026 visualizan un año continuista, con crecimiento débil, pero lejos de la recesión, con elevada liquidez y con oportunidades selectivas en activos de calidad. ¿En qué consiste esta dinámica?
Básicamente, hemos comenzado 2026 manteniendo la misma dinámica que observamos a lo largo de 2025. En primer lugar, la liquidez, que seguimos considerando gasolina para los mercados. Durante 2025 tuvimos varios episodios de volatilidad, uno especialmente significativo en abril, tras el anuncio de los aranceles por parte del señor Trump. Aquello generó un clima de temor muy intenso. De hecho, realizamos un mapa de palabras a partir de lo que recogían los principales medios y los informes de analistas justo después de esos anuncios, y los términos más repetidos eran crisis, recesión, inflación, paro o déficit. Nada especialmente alentador. Sin embargo, hemos comprobado que ese escenario no se ha materializado. Es cierto que la inflación sigue siendo persistente —y los aranceles no ayudan—, pero desde luego no han provocado el repunte que se temía.
Hemos visto un crecimiento sostenido en Estados Unidos e incluso una aceleración del mismo, a pesar de otras medidas ya comentadas del gobierno del señor Trump. En definitiva, no se produjo la crisis que muchos anticipaban a raíz del tema arancelario. ¿Por qué? Fundamentalmente, por la abundante liquidez existente y por unos beneficios empresariales que continúan creciendo, algo clave, ya que los beneficios son el principal colchón del mercado. Ese crecimiento de los beneficios, junto con la liquidez y con unas políticas monetarias todavía acomodaticias —con bajadas de tipos aún pendientes por parte de la Reserva Federal y con un Banco Central Europeo que ya ha alcanzado el objetivo del 2% de inflación— sitúa a los mercados en un entorno de acomodación, incluso de cierta complacencia.
Al mismo tiempo, no podemos ignorar que existen numerosos riesgos abiertos, especialmente en el ámbito geopolítico. De nuevo, el señor Trump ocupa un papel protagonista: hemos visto actuaciones en Venezuela, declaraciones sobre Groenlandia, protestas en Irán y movimientos de presión por parte de Estados Unidos, incluida la presencia naval en determinadas zonas. Son factores que evolucionan muy rápido y que pueden generar episodios de volatilidad. Aun así, con todos estos elementos sobre la mesa, seguimos viendo mucha gasolina para que los mercados mantengan un tono continuista, tal y como señalábamos en nuestras previsiones
En renta variable sobreponderan EEUU y Europa frente a los índices globales, e incluso ven oportunidad de entrada en las correcciones pero ¿hay que ser claramente este año más selectivo? ¿Por qué razones?
Sin duda. Empezando por Estados Unidos, seguimos apostando claramente por este mercado. El año pasado fue muy positivo para la renta variable en general: todos los índices tuvieron un comportamiento muy favorable, aunque hubo un claro ganador, que fue el oro, y un claro perdedor, que fue el dólar, con una depreciación cercana al 13% frente al euro. Esto hace que unos resultados muy buenos en moneda local no lo sean tanto cuando se convierten a euros. Aun así, Estados Unidos sigue siendo el país que va a liderar el crecimiento dentro del mundo desarrollado, con tasas superiores al 2%, una inflación que no termina de bajar, pero, sobre todo, con una capacidad de generación de beneficios muy superior a la de otras áreas geográficas, especialmente Europa.
En el caso europeo, el año pasado recibió fuertes flujos de inversión, impulsados por planes y anuncios oficiales, como el cambio de gobierno en Alemania y los programas de inversión en infraestructuras y armamento, que generaron optimismo sobre el crecimiento. Sin embargo, la realidad es que el crecimiento en Europa sigue siendo muy bajo, prácticamente de estancamiento. Año tras año se habla de una aceleración que no termina de materializarse, y los datos, especialmente en Alemania, muestran que el crecimiento no va a repuntar de forma significativa. Además, Europa presenta problemas estructurales y políticos relevantes, especialmente en Francia, con elevados niveles de endeudamiento, déficits que no se moderan y dificultades para acercarse al objetivo del 3%. Son retos importantes. Estados Unidos también tiene sus propias dinámicas y problemas, pero las políticas impulsadas por el señor Trump son claramente procrecimiento y probeneficios, y eso nos hace sentirnos más cómodos invirtiendo allí.
Dicho esto, tanto en Estados Unidos como en Europa las valoraciones son elevadas y exigentes. Europa venía rezagada respecto a Estados Unidos, pero el buen comportamiento de 2025 ha hecho que sus valoraciones sean ahora más ajustadas. En Estados Unidos, por su parte, el fuerte crecimiento de los beneficios empresariales —en torno al 13% o 14% en 2025— ha permitido que, pese a la subida de los índices, la sobrevaloración sea menor que a comienzos del año. Todo ello, junto con la elevada liquidez, el crecimiento de los beneficios y la actitud acomodaticia de los bancos centrales, nos hace mantener una visión positiva sobre los activos de riesgo en general. Pero la selección es clave. Primero, por las valoraciones; segundo, por el elevado endeudamiento de muchas compañías; y tercero, porque no todas las empresas, incluso dentro de sectores protagonistas como el tecnológico, son rentables. Ahí es donde entra nuestro trabajo como analistas y gestores: identificar aquellas compañías capaces de sostener el crecimiento de ventas, márgenes y beneficios, y que sigan invirtiendo en investigación, desarrollo e innovación. En ese sentido, Estados Unidos vuelve a destacar. Existen riesgos, tanto políticos como derivados de las valoraciones o del endeudamiento, pero seguimos buscando oportunidades. También hay valor en otras zonas geográficas que lo están haciendo bien, aunque con un peso global menor que Estados Unidos y Europa. En este sentido, miramos a los mercados emergentes y, en particular, a Asia, donde, con una exposición más reducida, seguimos identificando oportunidades selectivas
¿Y como se posicionan frente al Ibex 35 tras el extraordinario ejercicio pasado impulsado por los bancos?
El IBEX 35 llevaba mucho tiempo rezagado. Sin embargo, en un periodo relativamente corto, especialmente en 2024 y 2025, ha hecho los deberes y ha comenzado a destacar, liderado, como no podía ser de otra manera, por el sector que mejor comportamiento ha tenido en 2025: el sector financiero. También han tenido un papel relevante algunas compañías vinculadas al sector de defensa, que siempre atrae el interés de los inversores, así como empresas emblemáticas del índice como Inditex, que ha mostrado un buen comportamiento. Otras compañías con una fuerte proyección internacional, como Iberdrola, también han contribuido, inmersas en pleno proceso de transformación ligado al cambio en el modelo energético y a la creciente demanda asociada a nuevas tecnologías, incluida la inteligencia artificial. En el caso de los bancos, su buen desempeño no se limita a la evolución en bolsa, sino al trabajo realizado durante años. Han sido entre ocho y diez años de reestructuración, ajuste de plantillas y oficinas, y de inversión en tecnología. Ese esfuerzo, tarde o temprano, tenía que reflejarse, y lo ha hecho además en un entorno especialmente favorable.
En cuanto al panorama actual, no hablamos de desaceleración, ni de crisis, ni mucho menos de recesión. El crecimiento económico es sólido, lo que reduce la necesidad de dotaciones. El crédito sigue creciendo y el sector inmobiliario se está recuperando, especialmente en lo relativo a la concesión de hipotecas. Todo ello se produce en un contexto de márgenes financieros que, aunque no son los extraordinarios de 2022 y 2023, siguen siendo atractivos. Además, el Euríbor ha dejado de caer, lo que también apoya esos márgenes. A esto se suma una elevada capacidad de generación de comisiones a través de otros productos y servicios, que actúa como un viento de cola adicional para el sector. Es cierto que, tras la fuerte revalorización registrada en 2025, resulta complicado pensar en un escenario similar en el corto plazo. Aun así, sigue habiendo liquidez y el Ibex representa una economía que, dentro del contexto europeo, crece por encima de la media. Ese crecimiento sigue siendo crecimiento y, en un entorno europeo de estancamiento y avances muy modestos en torno al 1%, crecer por encima del 2% atrae atención y foco inversor. A ello se suma el buen comportamiento de muchas compañías del índice, tanto las mencionadas como otras, que han contribuido de forma significativa al buen desempeño del Ibex.
En renta fija, ¿por qué se decantan en este momento de mercado?
El año 2025 fue muy positivo para la renta fija, incluso magnífico, después de muchos años en los que se hablaba de su recuperación, pero esta no terminaba de llegar. Ya en 2023 y 2024 insistíamos en la importancia de ser pacientes y de posicionarse en los tramos cortos y medios de la curva. Hoy seguimos apostando por el tramo medio, y en 2025 esa estrategia se vio claramente recompensada. La revalorización fue muy significativa, impulsada por la abundante liquidez y por unos cupones elevados, que han permitido compensar muy bien las carteras. De hecho, si observamos los flujos hacia fondos de inversión en España, los productos que más dinero han atraído han sido los fondos monetarios, los de corto plazo y la renta fija a corto plazo. Ha entrado muchísimo dinero, apoyado tanto por esa liquidez disponible como por un comportamiento muy sólido del activo, sin sobresaltos relevantes en forma de quiebras o sorpresas negativas por impagos o ampliaciones de vencimientos. Todo ello ha actuado como un auténtico motor para el mercado.
Ese entorno, en parte, se mantiene, aunque con matices. Los tipos han bajado y los cupones ya no son tan atractivos como hace un año. Es cierto que la inflación se ha moderado —aunque no termina de bajar—, pero los cupones siguen ofreciendo una rentabilidad real positiva, aunque sea moderada. Esto hace que la renta fija continúe recibiendo flujos de inversión. Sin embargo, tras el fuerte comportamiento de 2025, los diferenciales se han comprimido de forma muy notable. Tanto en crédito con grado de inversión como en high yield, los spreads están prácticamente en mínimos históricos. Esto nos lleva a ser prudentes, ya que cualquier shock externo podría generar presión sobre este tipo de activos. Por ello, nuestro posicionamiento se centra en los tramos medios de la curva, en duraciones de tres a cuatro años, y con preferencia por el crédito corporativo frente a la deuda pública. En 2025 el bono estadounidense tuvo un comportamiento muy positivo, mientras que en Europa fue algo más discreto. De cara a adelante, no vemos un escenario de caída del crecimiento que obligue a buscar protección, pero tampoco un repunte económico que justifique subidas de tipos.
En resumen, esperamos un entorno de bastante estabilidad: un mercado quizás algo aburrido, pero adecuado para aportar estabilidad a las carteras, aunque sin esperar grandes alegrías desde el punto de vista de rentabilidad.
Si miramos a otros activos ¿Cómo ven las materias primas y en especial, al petróleo y al oro?
Dentro de las materias primas vemos dos realidades muy distintas. Por un lado, el Oro, que fue uno de los grandes protagonistas de 2025 y también lo está siendo en lo que llevamos de 2026. Su comportamiento ha sido espectacular y creemos que la demanda va a seguir, especialmente por parte de los bancos centrales. Estamos asistiendo a un cambio de patrón en la gestión de reservas: los bancos centrales están reduciendo posiciones en determinados activos, como la renta fija a largo plazo —especialmente de Estados Unidos—, y aumentando de forma clara sus reservas en oro. Este movimiento tiene una lógica económica evidente y, aunque no sabemos hasta dónde puede llegar, sí creemos que todavía hay margen para que continúe el aumento de reservas y, por tanto, las compras de oro. A esto se suma el interés creciente de los inversores a nivel global, impulsado por el fear of missing out, el miedo a quedarse fuera —o, como decíamos, de la fiesta—. Es un fenómeno que venimos observando desde hace más de un año y que se ha ido acelerando. Con la elevada liquidez existente, sigue entrando mucho dinero en el oro. Es cierto que los niveles generan vértigo, da igual hablar de 4.000, 4.500, 5.000 o 5.600, pero el flujo de dinero continúa y eso apunta a que todavía puede haber recorrido.
El escenario del petróleo es muy distinto. A pesar de los conflictos geopolíticos que hemos vivido y que seguimos viendo, el mercado ha mostrado una sorprendente estabilidad. El año pasado ocurrieron acontecimientos que, en otras circunstancias, habrían provocado fuertes movimientos en el precio del crudo, como la guerra abierta entre Israel e Irán o las tensiones en Venezuela. Sin embargo, el impacto en el precio del petróleo fue muy limitado y de corta duración. Esto nos indica que el mercado está ampliamente abastecido. Hay suficiente petróleo a nivel global y no existe un temor real a un desabastecimiento, incluso aunque se produjeran interrupciones en países como Irán o Venezuela. Tanto Arabia Saudí como Estados Unidos y el resto de productores cuentan con capacidad suficiente para cubrir posibles tensiones de oferta. Por ello, no vemos grandes movimientos ni grandes temores en el mercado del petróleo, más allá de repuntes puntuales ante eventos concretos.
En cuanto al resto de materias primas, la caída de los precios agrícolas e industriales el año pasado contribuyó a la moderación de la inflación. Esto es coherente con un escenario de crecimiento global continuista, moderado y débil. No esperamos ni una aceleración significativa ni una desaceleración brusca, salvo shocks imprevisibles, y por tanto tampoco anticipamos movimientos exagerados en estas materias primas.
En resumen, dentro del universo de las materias primas vemos dos escenarios claramente diferenciados: el oro, que sigue siendo protagonista y mantiene una dinámica muy positiva, y el petróleo y el resto de materias primas, donde esperamos un comportamiento mucho más estable y sin grandes sobresaltos.