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El foco de atención se amplía en la evolución de los tipos de interés. De un lado, las esperadas alzas por parte de los bancos centrales (BCE, BOJ y Fed, entre otros) para controlar una inflación derivada sobre todo del aumento del precio del petróleo. De otro, los mercados de deuda que recogen estas tensiones del aumento de los precios y también de la viabilidad de unas finanzas públicas cuyos déficits no paran de incrementarse año tras año.
Dentro de los llamados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) que conforman las finanzas del sur de Europa, nuestro país se está viendo especialmente perjudicado por los vendedores que con sus salidas incrementan la rentabilidad y reducen el precio de los activos que se negocian en el mercado.
En la última oleada alcista, el bono español a 10 años ha superado el 3,8%, volviendo a niveles de octubre de 2013. Así, en el rally de estas dos últimas semanas, este bono de referencia ha subido 0,13 puntos desde el 3,69%, lo que supone un incremento porcentual del 3,52%, el más elevado de sus colegas meridionales. Los expertos explican este liderazgo por el fuerte aumento de la inflación armonizada -aún con datos provisionales- en el pasado mes de agosto que en España alcanzó el 4,5%, seguida por la griega con el 3,7%, la portuguesa que tocó el 3,6% y, por último, la italiana con un 3,2%. Pero en este contexto alcista de los tipos también hay excepciones: en Países Bajos bajaron los tipos de su deuda, ahora en el 3,24% y fuera del euro, en Suiza, no se movió.
Competencia por el dinero
La preocupación por la deuda no se circunscribe a Europa sino que tiene como mayor punto de referencia el bono estadounidense. Thomas Hempell, responsable de análisis macro y de mercados de Generali Investments, advierte de que el principal foco de vulnerabilidad continúa estando en el tramo largo de los bonos, especialmente en EE.UU., por lo que mantiene una visión favorable al crédito y una ligera sobreponderación en renta variable, aunque con cautela en duración ante el riesgo de nuevas tensiones en los mercados de deuda.
Este experto considera que no hay un único detonante que lo explique, sino más bien “una combinación de una comunicación confusa de la Fed, una lucha por el capital (superciclo de gasto de capital en IA y fuerte emisión de duración por parte de los hiperescaladores frente a elevados déficits públicos) y unos datos globales sólidos”. Los anuncios de recompra de títulos por parte del Tesoro estadounidense no parecen suficientes para mitigar todas las amenazas.
ÚLTIMO RALLY DE TIPOS DEL BONO A 10 AÑOS
El analista de XTB, Javier Cabrera, destaca en su análisis diario que el rendimiento del bono a 10 años japonés ha tocado el 3%, su máximo desde 1996. El motivo viene de las palabras de Scott Bessent (secretario del Tesoro estadounidense) sobre que el Banco de Japón debería subir los tipos de interés en la próxima reunión. “Si bien esto era algo que ya se empezaba a descontar con una alta probabilidad, estos mensajes están pesando en el precio de los bonos. Mientras, en Estados Unidos seguimos con la misma dinámica y en Reino Unido el rendimiento del bono ha tocado niveles no vistos desde 2008”, explica. Y concluye: “Por el miedo a dañar la economía en el corto plazo, corremos el riesgo de que las subidas de tipos lleguen tarde y la inflación termine haciendo un mayor daño en el medio y largo plazo”.
Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM, apunta a varias causas en este revuelo sobre la deuda. “Los desequilibrios presupuestarios, iniciados por las grandes crisis que hemos vivido durante los últimos años (crisis financiera y COVID) y a los que se suman actualmente unas fuertes presiones en materia de seguridad y un intervencionismo creciente, no hacen sino inquietar a los inversores. En cuanto a los bancos centrales, los tipos de referencia sufren presiones al alza por la persistencia de unas tasas de inflación elevadas, aunque estas se deben principalmente a las perturbaciones en la energía a causa de la guerra en Irán”, indica.
En el plano monetario, el esperadísimo discurso de Kevin Warsh (presidente de la FED) el pasado viernes, en el marco del simposio de Jackson Hole organizado por la Fed de Kansas City, contribuyó a consolidar las expectativas de aumento de los tipos de referencia, en este caso estadounidenses. De hecho, Kevin Warsh volvió a subrayar su voluntad de hacer que la inflación converja hacia el objetivo de la Fed, es decir, el 2 %, pero sobre todo, expresó —por primera vez desde que se pusiera al timón de la Fed— su opinión sobre la situación económica de EE. UU. Su diagnóstico no dejó sitio a la ambigüedad: la inflación es demasiado elevada y la Fed debe actuar, mientras que la economía, sobre todo la situación del empleo emite señales de fortaleza.
Por último, Richard Clarida, asesor económico de la gestora PIMCO y ex vicepresidente de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal (2018-2022), señala -en relación con el esperado discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole y la reacción del mercado- “los mercados parecen haber interpretado las palabras de Warsh como una señal de que "un debate sobre una subida del tipo de interés oficial está claramente sobre la mesa para la reunión de septiembre". Así, el directivo de PIMCO considera que Warsh "dejó pocas dudas de que los datos de inflación del índice de precios al consumo (IPC) de agosto, que se publicarán apenas unos días antes de la reunión de la Fed de septiembre, serán cruciales" y apunta que estos datos podrían determinar si una mayoría de los miembros con derecho a voto del Comité Federal de Mercado Abierto vota a favor de una subida de tipos.