Los modelos macroeconómicos alertan de que una desviación fuerte en los precios del petróleo por la tensión en Oriente Medio podría empujarnos hacia una recesión. Con una inflación que se resiste a caer a los objetivos de los bancos centrales, ¿estamos subestimando el riesgo de un entorno prolongado de tipos de interés reales altos?
Actualmente nos encontramos en una situación algo particular. Si tomamos perspectiva, venimos de niveles de inflación de doble dígito tras la pandemia y ahora nos situamos en torno al 2,5%. Recientemente hemos visto datos, por ejemplo en España, donde la inflación ha repuntado por encima del 3%, principalmente debido a los precios de los combustibles y del petróleo. Desde nuestro punto de vista, lo analizamos con cierta tranquilidad. Esta tranquilidad se basa en que consideramos que se trata de un fenómeno más coyuntural que estructural. Si el conflicto entre Irán y Estados Unidos no se prolonga en el tiempo, pensamos que los precios del petróleo volverán a sus niveles previos. Es cierto que la media anual será algo superior y que, si la situación se extiende varias semanas más, lo razonable sería observar un impacto en la inflación de alrededor de 0,5%. En términos de crecimiento global, también podría producirse un efecto negativo similar, cercano a medio punto. No obstante, creemos que se trata de un impacto limitado. De hecho, cuando comenzó el conflicto, se produjo una liquidación en el mercado sin una base plenamente racional, y la semana pasada, tras una tregua, los mercados regresaron a niveles similares. Esto ilustra el nivel de volatilidad actual.
Por tanto, no anticipamos que los bancos centrales adopten decisiones precipitadas, ya que estamos ante un shock de oferta, no de demanda. Sin embargo, si el conflicto se prolongara durante tres o cuatro meses en escenarios más adversos —que también contemplamos—, con precios del petróleo e inflación persistentemente elevados, sí podría empezar a trasladarse a la demanda y al consumo. En ese caso, el impacto sobre el crecimiento sería más evidente y podríamos entrar en una fase de ralentización. Aun así, no creemos que se alcance un escenario de recesión. Actualmente, hablamos de un entorno de crecimiento en economías desarrolladas en torno al 2%–2,5% y en emergentes del 4%–4,5%. Es decir, podría producirse cierta moderación, pero no consideramos que el conflicto o la situación geopolítica actual vayan a romper la tendencia de crecimiento que observamos en los mercados.
Actualmente hay billones aparcados en fondos monetarios y depósitos. Desde la perspectiva de la asignación dinámica de activos, ¿cuál es el argumento para convencer a ese inversor conservador de que es el momento de abandonar el 'refugio' y empezar a asumir riesgo direccional de forma controlada? ¿cómo ayudan las estrategias de asignación dinámica a navegar estas aguas para que pueda dormir tranquilo sin renunciar a un rendimiento decente?
En España, en particular, nos encontramos con una situación muy específica. Existe un elevado nivel de ahorro concentrado en depósitos y cuentas corrientes, en su mayoría no remuneradas, lo que pone de manifiesto la necesidad de que el ahorrador evolucione hacia un perfil más inversor. Tradicionalmente, el inversor español ha sido muy conservador y le ha costado dar el paso desde estos instrumentos hacia soluciones de inversión con una mínima planificación. El contexto actual resulta especialmente propicio para iniciar ese proceso, siempre de la mano de un asesor financiero, analizando alternativas que permitan participar en los mercados con niveles de riesgo y volatilidad controlados. Estas opciones facilitan la exposición tanto a renta fija como a renta variable de forma equilibrada. Cabe destacar que incluso activos considerados tradicionalmente refugio, como la renta fija, han mostrado caídas recientes en el entorno del 2%–3%, lo que evidencia que no están exentos de riesgo y puede generar cierta inquietud entre los inversores más conservadores. En este sentido, una de las líneas en las que estamos poniendo mayor énfasis es en la divulgación de estrategias de retorno absoluto. Este tipo de estrategias permite, por un lado, gestionar el riesgo de forma eficiente y, por otro, mantener participación en los mercados. Su principal valor añadido radica en la descorrelación: los resultados que generan no dependen directamente de la dirección del mercado. Por ello, se posicionan como una de las herramientas más adecuadas para afrontar entornos de elevada volatilidad. En cualquier caso, para acceder y comprender correctamente estas estrategias, resulta fundamental contar con el acompañamiento de un asesor financiero que pueda explicar en detalle sus características y su encaje dentro de una cartera diversificada.
En Pictet defendéis que el enfoque de Total Return es ideal para dar el salto desde el mercado monetario hacia la renta variable. ¿Cómo funciona esa 'transición' para no exponer al inversor a un shock de volatilidad?"
Contamos con una estrategia que está despertando un notable interés en el mercado español, especialmente entre inversores particulares, denominada Atlas. Se trata de una estrategia de renta variable global con enfoque long-short. En los últimos diez años, ha logrado ofrecer una rentabilidad cercana al 4% con una volatilidad en torno al 2%. Para ponerlo en contexto, la volatilidad de un fondo de mercado monetario o de renta fija a corto plazo también se sitúa aproximadamente en ese nivel del 2%. Es decir, permite obtener una rentabilidad significativamente superior a la del mercado monetario, pero manteniendo un nivel de riesgo muy contenido. Además, destaca por su capacidad de descorrelación, un aspecto clave en este tipo de estrategias. Esto se traduce en una elevada protección para el inversor en momentos de caídas de mercado. Por ejemplo, en episodios recientes de estrés como marzo de 2020 o septiembre de 2022, cuando los mercados globales de renta variable registraron descensos de entre el 9% y el 13%, esta estrategia apenas retrocedió entre un 0,2% y un 0,3%. Este comportamiento ilustra cómo puede facilitarse la transición desde posiciones muy conservadoras —como el mercado monetario— hacia una mayor exposición a los mercados globales sin asumir incrementos bruscos de volatilidad. En cualquier caso, es fundamental que el inversor, junto con su asesor financiero, analice en detalle estas estrategias y verifique que cumplen con los objetivos y resultados que se esperan de ellas dentro de una cartera diversificada.
Si miramos la trayectoria de Atlas, llama la atención que haya logrado rentabilidades superiores al 4% anualizado manteniendo una volatilidad por debajo del 3%, protegiendo muy bien en los meses difíciles. ¿Cuál es el pragmatismo detrás de esta estrategia long/short a la hora de seleccionar acciones para capturar el crecimiento y, a la vez, blindar el capital?
La estrategia trabaja con el universo global de renta variable, aunque está muy orientada a compañías de gran capitalización. Hablamos de empresas con capitalizaciones medias superiores a los 80.000 o 100.000 millones. En mercados como el español, compañías de más de 100.000 millones hay apenas dos o tres, lo que refleja el tamaño y la liquidez de las empresas en las que invierte. Luego, el gestor selecciona aquellas compañías en las que tiene perspectivas positivas y aquellas en las que tiene perspectivas negativas: en las primeras toma posiciones largas, mientras que en las segundas se posiciona corto, vendiendo esas acciones. Este enfoque le permite mantener una exposición neta al mercado de entre el 15% y el 20% de media. Eso es lo que le permite proteger, participar y, al mismo tiempo, descorrelacionar la cartera. En términos teóricos, si la exposición neta es del 20%, el inversor solo está expuesto a ese porcentaje del mercado. Pero, al combinar posiciones largas y cortas y seleccionar compañías concretas, si el gestor acierta en esa selección, es posible obtener buenos resultados con una volatilidad reducida.
El fondo Diversified Alpha tiene un historial muy llamativo: en los peores meses bursátiles desde 2014, mientras el mercado caía con fuerza, ustedes apenas sufrieron retrocesos. ¿Puedes explicarnos cómo consigue esa neutralidad respecto al mercado?
Esto se basa fundamentalmente en la selección de valores por parte del gestor y, en menor medida, en su visión de mercado. En estos momentos, la estrategia está más sobreponderada en determinadas compañías con alta liquidez y buenos fundamentales, mientras que está infraponderada —a través de posiciones cortas— en otras compañías, es decir, vende aquellas en las que prevé un peor comportamiento. Si esta selección es acertada, el resultado no depende de que el mercado suba o baje, sino de la diferencia de comportamiento entre unas compañías y otras. Por ejemplo, si se vende una compañía como Telefónica y se compra otra como BBVA, y efectivamente la segunda lo hace mejor que la primera, se genera rentabilidad por ambos lados.
Lo relevante es que el gestor lleva más de diez años aplicando este enfoque, lo que demuestra consistencia más allá de periodos puntuales. Ha logrado seleccionar de forma eficaz tanto los valores ganadores como los perdedores, lo que se traduce en una atribución de rentabilidad equilibrada. Este punto es clave: no se depende únicamente de las posiciones largas o de las cortas, sino de la combinación de ambas. Este tipo de estrategia aporta tranquilidad al inversor, ya que presenta baja volatilidad, descorrelación frente a los mercados y permite obtener una rentabilidad razonable manteniendo exposición. También implica una cierta curva de aprendizaje, ya que muchos inversores no están familiarizados con este tipo de enfoques. En un entorno como el actual, con elevada volatilidad desde la pandemia y con tipos de interés en torno al 2% frente a inflaciones cercanas al 3%, la rentabilidad real de los activos más conservadores es negativa. En ese contexto, el ahorrador se ve obligado a buscar alternativas para poner su dinero a trabajar, y este tipo de estrategias puede ser una opción a considerar.
Sabemos que China está en plena transición económica hacia el consumo y la innovación, lo que genera grandes ganadores y perdedores. El fondo Mandarin hace una selección muy activa. ¿En qué sectores estratégicos están encontrando las mayores oportunidades a largo plazo?
Curiosamente, pese a la aversión al riesgo que caracteriza al inversor español, existe un gran interés por China. Muchos inversores buscan cómo obtener exposición a un mercado que, en gran medida, sigue siendo un gran desconocido. La estrategia Mandarin, con más de 15 años de trayectoria, es también una estrategia long/short. Está gestionada por Lan Wang, con base en Shanghái, lo que aporta un conocimiento directo del mercado. Su enfoque consiste en identificar compañías con potencial de crecimiento y, al mismo tiempo, posicionarse en corto en aquellas con perspectivas más débiles.
En el caso de China, nuestra visión es clara: no es una historia macroeconómica, sino microeconómica. Es decir, no se trata tanto del crecimiento agregado del país, sino de identificar correctamente a las empresas ganadoras y perdedoras. Por un lado, la “vieja economía” —vinculada a la producción industrial, el sector inmobiliario y la inversión en activos fijos— muestra signos de sobrecapacidad. Por otro, la “nueva economía” presenta importantes oportunidades: China es líder global en energía solar, en baterías de almacenamiento y en energía eólica. Además, es un foco constante de innovación, especialmente en ámbitos como la inteligencia artificial. Grandes compañías tecnológicas como Alibaba, Tencent o Baidu están realizando fuertes inversiones en inteligencia artificial y desarrollando aplicaciones orientadas al consumidor y a la eficiencia operativa.
La gestora Lan Wang, por tanto, ha construido la cartera apostando por compañías de esta nueva economía, mientras adopta posiciones cortas en sectores más tradicionales. Este enfoque ha permitido, en los últimos 15 años, ofrecer una rentabilidad cercana al 8,5% anual frente a aproximadamente un 9% del mercado, pero con una volatilidad significativamente inferior: alrededor del 8,5%, frente a cerca del 20% del mercado chino. El mensaje es claro: es posible estar expuesto a la renta variable china con un nivel de riesgo mucho más bajo, aproximadamente la mitad, manteniendo una rentabilidad similar. Esta es la propuesta de valor de Mandarin: ofrecer acceso a China a través de una gestión activa y especializada, basada en una selección rigurosa de compañías. Frente a una inversión indexada —como un ETF—, que implica exposición a todos los sectores (incluidos aquellos con peores perspectivas, como el inmobiliario o el industrial), este enfoque permite ser mucho más selectivo. Desde nuestra perspectiva, en China es clave evitar la indexación y centrarse en una selección exhaustiva de las compañías con mayor potencial a futuro.