En un entorno de elevada volatilidad, la renta variable global está mostrando una notable resiliencia. ¿Qué factores están sosteniendo esta fortaleza y evitando que los índices pierdan tracción?

La fortaleza es bastante transversal a nivel global. Hemos visto un comportamiento muy sólido tanto en mercados emergentes —con algunas de las subidas más destacadas de las últimas semanas— como en Europa y Estados Unidos, donde los principales índices vuelven a situarse cerca de máximos históricos. Este buen tono se apoya, principalmente, en un retorno a los fundamentales. En concreto, el crecimiento de los beneficios empresariales sigue siendo robusto y está actuando como un ancla frente a la incertidumbre geopolítica que ha pesado recientemente sobre los mercados. A medida que estas tensiones parecen encaminarse hacia fases de negociación, el mercado descuenta un escenario más constructivo. En este contexto, desde Swisscanto mantenemos una visión positiva sobre la renta variable y seguimos posicionados en este activo, apoyados en la solidez de los fundamentales y en una mejora progresiva del entorno macro y geopolítico.

Vuestro enfoque está centrado en compañías de calidad. ¿Qué atributos son clave hoy para identificar ese tipo de empresas en un entorno todavía incierto?

A nivel top-down, dentro de nuestro escenario base seguimos viendo una inflación moderadamente persistente, influida por las dinámicas del conflicto y la situación geopolítica, especialmente en el sector energético, en concreto en petróleo y gas natural. Esto hace que muchas compañías puedan verse afectadas, algo que iremos viendo en la próxima publicación de resultados de este trimestre y cómo evolucionan sus cifras. En este contexto, el estilo o factor de calidad cobra aún más sentido. Con una inflación algo superior, es clave identificar compañías con ventajas competitivas claras, especialmente aquellas con mayor capacidad de fijación de precios.

Desde Swisscanto, la franquicia de renta variable, activa desde 1998, estableció las bases de lo que definen como calidad. Es un concepto aparentemente sencillo, pero aplicado de forma sistemática ha permitido obtener retornos muy consistentes. ¿Qué identifican? Compañías que generen retornos sobre el capital invertido superiores a su coste de capital y que ese valor añadido perdure en el tiempo. Es decir, no solo importa cuánto valor generan, sino cuánto dura. Además, se complementa con otros factores como la consistencia y el track record de los equipos directivos, así como los niveles de apalancamiento y la solidez de los balances. Todo ello permite ir un paso más allá de la definición clásica de calidad e identificar los ganadores estructurales que se buscan en cartera

A nivel geográfico, ¿dónde estáis encontrando hoy más valor dentro de la renta variable global y dónde sois más cautos?

Desde Swisscanto mantenemos una visión positiva sobre la renta variable como activo. No obstante, los movimientos más abruptos del mercado en las últimas semanas, junto con la reciente estabilización, nos han llevado a adoptar un posicionamiento más táctico y a ajustar la exposición geográfica en cartera. En Estados Unidos, estamos reduciendo peso en algunos de los nombres con mayor concentración dentro del mercado, favoreciendo en su lugar otras compañías, especialmente dentro de sectores industriales como bienes de capital. En Europa, hemos incrementado selectivamente la exposición a determinadas compañías; en concreto, en Suiza —donde jugamos como mercado local—, la reacción del mercado fue bastante indiscriminada, especialmente en compañías más defensivas, lo que nos ha permitido seleccionar tácticamente varios nombres. Por el lado de mercados emergentes, hemos reducido ligeramente el número de compañías en cartera, en un contexto donde vemos ciertos riesgos de concentración asociados al auge de la inteligencia artificial y la electrificación.

Defendéis la electrificación como uno de los grandes motores estructurales. ¿Cómo se traduce esta temática en la cartera global y qué tipo de compañías se benefician más?

Efectivamente, la electrificación es un motor de crecimiento estructural a largo plazo. Es una de las grandes temáticas que identificamos ya en 2007, por lo que no es una apuesta reciente, sino una línea de inversión en la que llevamos más de 15 años posicionados. Más allá de que el conflicto geopolítico pueda ir disipándose, la seguridad e independencia energética seguirán siendo claves en los próximos trimestres y años. Por ello, tratamos de capturar oportunidades a lo largo de toda la cadena de valor de la electrificación. Esto implica invertir no solo en energías renovables, que son fundamentales, sino también en aspectos críticos como el almacenamiento de la energía —clave para garantizar la estabilidad del sistema— y el transporte, es decir, las infraestructuras y redes necesarias para llevar la electricidad hasta el punto final de uso. De este modo, identificamos oportunidades en todos los eslabones de la cadena —desde upstream hasta downstream— a través de compañías cuyos productos o servicios están directamente alineados con esta megatendencia en la que, como comentaba, llevamos invirtiendo desde 2007.

El fondo Swisscanto Equity Sustainable lleva décadas con un comportamiento consistente y batiendo al índice en el año. ¿Cuál dirías que es la principal ventaja competitiva del proceso de inversión?

Hablamos de uno de los buques insignia de Swisscanto, dentro de su franquicia de renta variable, que comenzó en 1998. Estamos cerca de cumplir 30 años con esta estrategia, manteniendo intacto el proceso de inversión: un enfoque centrado en calidad y crecimiento rentable, aplicado de forma consistente, que es precisamente lo que explica los resultados obtenidos a lo largo del tiempo. El fondo se sitúa en el primer cuartil frente a su grupo de referencia —como el de renta variable global de Morningstar—, así como frente a otros productos ampliamente conocidos en el mercado español.

La estrategia mantiene un sesgo hacia calidad y crecimiento rentable, entendiendo la calidad como la capacidad de generar retornos sobre el capital invertido superiores al coste de capital, en compañías sólidas y alineadas con crecimientos estructurales ligados a grandes megatendencias. Entre ellas, destacan desafíos como la escasez de recursos hídricos y naturales, la digitalización, la electrificación de la economía o la salud y el bienestar.

La cartera suele estar compuesta por entre 60 y 80 compañías —habitualmente en torno a 65—, seleccionadas por su capacidad de ofrecer oportunidades atractivas, pero con un fuerte control del riesgo. En este sentido, se limita el tracking error de la estrategia —la desviación frente al índice— en torno al 3% de forma histórica, así como los pesos activos por compañía, lo que permite una diversificación eficiente dentro del universo global del MSCI World. Este enfoque permite obtener retornos consistentes incluso en entornos en los que el factor calidad no lidera el mercado. Por ejemplo, en 2025, cuando la calidad definida por índices tradicionales no funcionó, el fondo logró batir al índice global MSCI World en 74 puntos básicos. Este comportamiento se repite también en el año en curso y a distintos horizontes temporales —3, 5 y 10 años—, consolidando su posicionamiento en el primer cuartil de su categoría.

En los últimos meses habéis rotado desde crecimiento más cíclico hacia crecimiento estructural. ¿Qué cambios concretos habéis implementado en cartera y por qué?

Nuestro objetivo es mantener siempre exposición al mercado. La beta del fondo y de las carteras globales que gestionamos —tanto la estrategia global como la de emergentes— se sitúa en torno a 1, es decir, mantenemos una exposición plena al riesgo de mercado. No obstante, a nivel de subyacentes sí realizamos ajustes tácticos en función del entorno. En los últimos meses, en un contexto marcado por el conflicto en Irán, hemos rotado desde un posicionamiento más cíclico hacia uno más orientado a crecimiento estructural. Esto implica reforzar la exposición a compañías alineadas con las megatendencias que comentábamos anteriormente e identificar a los ganadores estructurales dentro de estas. Buscamos compañías que puedan ofrecer crecimientos de beneficios superiores a los del índice global —en el rango del 5%, 6% o 7%—, manteniendo al mismo tiempo la disciplina de calidad, es decir, negocios capaces de generar retornos sobre el capital invertido por encima de los del índice global.