SpaceX, OpenAI y Anthropic representan una cara de la nueva ola de ofertas de acciones vinculadas a la IA, mientras que la ampliación de capital de aproximadamente 85.000 millones de dólares de Alphabet pone de manifiesto la otra: las grandes compañías cotizadas ya consolidadas también están recurriendo a los mercados para financiar un mayor gasto en IA. La cuestión clave no es solo el tamaño de las operaciones, sino lo que sucederá después. Gran parte de ese capital podría reciclarse en centros de datos, semiconductores, energía e infraestructuras relacionadas, reforzando así el mismo ecosistema de IA que ya ha impulsado el liderazgo del mercado. Al mismo tiempo, el apoyo procedente de las recompras de acciones se está debilitando, ya que los hiperescaladores de IA están redirigiendo sus flujos de caja hacia inversiones de capital (capex), dejando al mercado con una mayor oferta de acciones y menor demanda corporativa natural.

Aquí es donde cobran importancia los mecanismos de los índices de referencia. El NASDAQ ha modificado sus normas para permitir que las nuevas cotizadas de gran tamaño se incorporen más rápidamente, mientras que su metodología de capital flotante puede hacer que la demanda del índice supere el volumen realmente disponible para invertir. En la práctica, esto puede obligar a los fondos que replican índices a comprar valores como SpaceX antes de lo que muchos inversores esperan, incluso si la rentabilidad aún está lejos de materializarse. Por el contrario, el enfoque de S&P parece menos proclive a acelerar las incorporaciones, lo que implica que el tratamiento por parte de los índices puede diferir de maneras relevantes para los flujos de inversión y los plazos.

Parte de la financiación necesaria para absorber esta nueva oferta también podría proceder de inversores que reduzcan sus exposiciones pasivas o recojan beneficios precisamente en aquellas áreas del mercado que más se han beneficiado de la temática de la IA. El resultado es un mercado en el que interactúan a la vez una mayor emisión de acciones, un menor respaldo por parte de las recompras y la demanda de los índices de referencia. En periodos como este, los índices de referencia no son observadores pasivos; pueden convertirse en mecanismos activos de transmisión de concentración, flujos y rentabilidades, lo que significa que los inversores finales podrían tener que ser más reflexivos a la hora de evaluar los riesgos que están asumiendo simplemente por seguir un índice.