La reunión del Banco Central Europeo (BCE) del próximo Jueves 23 de Julio vuelve a centrar la atención de los mercados en un momento marcado por la moderación de la inflación, las dudas sobre el crecimiento económico y la incertidumbre geopolítica. ¿Mantendrá el organismo su hoja de ruta o sorprenderá con un cambio de discurso?

Analizamos las perspectivas de varias gestoras de fondos, que comparten su visión sobre la decisión que podría adoptar el BCE y sus implicaciones para los inversores.

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto

En su análisis, Rüegg sostiene que Swisscanto se desmarca del consenso del mercado, dado que prevé que el BCE mantenga los tipos de interés sin cambios. Asimismo, descarta nuevas subidas de tipos en los próximos meses, salvo que se produzca una escalada del conflicto en Irán, escenario que podría debilitar al euro frente al dólar: 

Una política monetaria única. Dado que debe estar a la altura de esta afirmación, el Banco Central Europeo (BCE) camina, por definición, sobre la cuerda floja. En plena crisis de deuda europea de 2013, tuvo que centrar su atención en los países periféricos de la eurozona, que dependían del apoyo del banco central debido a sus elevados niveles de deuda pública. Este respaldo se materializó en unos tipos de interés oficiales bajos, la compra de bonos soberanos y operaciones de financiación bancaria a largo plazo. Sin embargo, ahora son los países del núcleo de la eurozona los que están bajo presión.

Mientras que el dinamismo económico de la periferia justificaría unos tipos de interés oficiales más elevados (en parte debido a tasas de inflación superiores al 3%), una política monetaria más restrictiva amenaza con lastrar las economías de Alemania y Francia.

Por ello, nos desmarcamos del consenso de mercado, que actualmente espera dos subidas de tipos de interés antes de que finalice el año. No esperamos que el BCE modifique su política esta semana y dudamos de que vaya a endurecerla en los próximos meses, salvo que el conflicto en Irán se intensifique. Si este escenario llegara a materializarse, prevemos un euro más débil, cotizando por debajo de 1,10 frente al dólar estadounidense. Esta visión también se ve respaldada por las proyecciones para las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, previstas para noviembre, en las que los demócratas podrían obtener la mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Esto contribuiría a estabilizar la política económica mediante un sistema de contrapesos institucionales.

Peter Goves, responsable de Análisis de Deuda Soberana de Mercados Desarrollados de MFS Investment Management:

No se esperan cambios en la política monetaria esta semana. Es probable que el debate se haya desplazado a septiembre y la comunicación será clave: estamos firmemente convencidos de que el BCE mantendrá su tipo de interés oficial en el 2,25 % en la reunión de julio. Los últimos datos de actividad muestran algunos indicios de estabilización (aunque a niveles bajos), las cifras recientes de inflación y los indicadores de precios basados en encuestas han sido más benignos, y es poco probable que el BCE se comprometa de antemano a realizar cualquier movimiento en septiembre. Sin embargo, observamos que en las últimas cuentas se señala que estaban contempladas nuevas subidas en el escenario base del BCE. Lo que importa es el equilibrio entre las mejores noticias sobre la inflación a corto plazo y la renovada crisis energética, así como el traspaso aún incierto a los precios subyacentes, los salarios y las expectativas (aún no hay pruebas de ello).

Nuestra tesis central es que Lagarde mantendrá abierta la puerta a septiembre, probablemente haciendo referencia al análisis de escenarios del BCE. Esto previsiblemente mantendrá incorporada una prima por subidas de tipos en el tramo corto de la curva. Sin embargo, dudamos de que la reunión del BCE de julio adopte un tono lo suficientemente agresivo (hawkish) como para impulsar aún más ese tramo de la curva. En definitiva, seguimos viendo valor en el tramo a corto plazo partiendo de la hipótesis de que queda una subida más.

La escasez y el coste de la energía, junto con un sector manufacturero muy dependiente de los sectores cíclicos, han contribuido a frenar el crecimiento económico en la Unión Europea. El paquete de medidas de estímulo fiscal previsto por Alemania no ha logrado superar los factores de riesgo geopolítico que han lastrado el crecimiento. Dicho esto, las previsiones de expansión no reflejan plenamente la posibilidad de que la economía se debilite aún más, por debajo de la tasa del 0,7% registrada en los últimos tres años. En general, creemos que la previsión del banco central de un crecimiento del PIB del 0,8% para 2026 podría revisarse a la baja a partir de ahora.

¿Cómo podría afectar esto a la inflación y a la política monetaria?

Hay quien cree que la reciente subida de tipos del BCE fue probablemente una medida «puntual», aunque la autoridad monetaria seguirá de cerca el impacto del reciente repunte (y reajuste) de los precios de la energía sobre los salarios. Teniendo en cuenta la normalización gradual de los precios de la energía, creemos que la atonía de la economía podría llevar al banco central a recortar los tipos más de lo esperado, lo que ofrecería oportunidades no solo en los bonos a corto plazo, sino también, de forma selectiva, en los de plazo largo.

Un crecimiento decepcionante y una inflación más moderada podrían suponer un respiro para los tipos de interés de la zona del euro

Karsten Junius, Chief Economist en J. Safra Sarasin Sustainable AM

Desde la última reunión de política monetaria del BCE, los precios del petróleo han descendido de forma significativa, al igual que la inflación general (gráficos 1 y 2). Actualmente, el Brent cotiza en torno a los 85 dólares por barril, un nivel próximo al contemplado en el «escenario más moderado» del BCE, que asumía un precio del petróleo de 88 dólares por barril.

Sin duda, esto supone un alivio, aunque no cambia por completo el panorama. Simplemente reduce prácticamente a cero la probabilidad de una nueva subida de tipos en la reunión de esta semana y da tiempo al BCE para volver a evaluar su escenario económico en septiembre, cuando se publiquen las nuevas proyecciones elaboradas por sus expertos. Es importante recordar que el BCE ha subrayado que la subida de tipos de junio habría estado justificada en cualquiera de los escenarios y que no se trató únicamente de una medida preventiva.

Esperamos que la rueda de prensa del BCE se centre en las perspectivas a medio plazo para los tipos de interés. Oficialmente, la institución ha ofrecido pocas orientaciones sobre sus próximos pasos. La presidenta Lagarde (con sus declaraciones: “Sinceramente, no lo sé”) trata de mantener abiertas todas las opciones, mientras que Isabel Schnabel, como suele ser habitual, adopta un tono más restrictivo (con sus declaraciones: “Desde la perspectiva actual, tendremos que seguir subiendo los tipos de interés para devolver la inflación a nuestro objetivo del 2% a medio plazo. No obstante, el alcance y el calendario de las próximas medidas dependerán de cómo evolucionen el conflicto, la economía y la inflación”).

A la hora de valorar la necesidad de elevar los tipos de interés para reducir la demanda agregada, es importante tener en cuenta en qué medida el encarecimiento del petróleo ya está contribuyendo a moderarla. Los últimos indicadores empresariales, como los índices de gestores de compras (PMI, gráfico 3), están normalizándose, al igual que la confianza de los consumidores.

Sorprendentemente, incluso los datos de crédito están mostrando una resistencia mucho mayor de lo esperado, a pesar del tono más débil de la Encuesta sobre Préstamos Bancarios. En definitiva, la economía europea mantiene un crecimiento lo suficientemente sólido como para no impedir nuevas subidas de tipos en caso de que la evolución de la inflación las haga necesarias. En este sentido, esperamos una nueva subida de tipos en septiembre.