¿Podrán los beneficios mantener el impulso de la bolsa?
En un momento marcado por una serie de riesgos macroeconómicos, el mercado está apostando casi exclusivamente por los resultados empresariales para mantener el repunte bursátil, lo que no deja margen para decepciones.
Sin duda, la temporada de beneficios del segundo trimestre está cobrando mayor importancia de lo habitual, ya que los inversores buscan evidencias nuevas y cada vez más sólidas de que el superciclo de la inteligencia artificial (IA) sigue contribuyendo a impulsar las ganancias empresariales, lo que a su vez impulsa al alza los mercados bursátiles.
Lo que llama la atención es que los inversores parecen haber dejado prácticamente de lado diversos factores. Hablamos del reciente recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, las persistentes —aunque decrecientes— presiones inflacionistas (la inflación del índice de precios al consumo general y subyacente de EE. UU. cayó en junio al 3,5% (desde el 4,2% de mayo) y al 2,6 % (desde el 2,9%), respectivamente), y la incertidumbre en torno a la política monetaria bajo el mandato del nuevo presidente de la Reserva Federal. Sin embargo, optan por centrarse en la solidez de los beneficios empresariales.
Las cifras explican por qué parece que hay tanto en juego. Se prevé que los beneficios del S&P 500 aumenten más de un 20% interanual —el ritmo más rápido en aproximadamente cuatro años—, frente a una estimación mediana a nivel de empresa de apenas un 8%. Esa diferencia está muy sesgada por un pequeño grupo de empresas tecnológicas de megacapitalización y de chips de memoria.
Esto es relevante porque pone de manifiesto lo reducido que se ha vuelto el margen de error del mercado. Si la tasa de crecimiento global depende de que un puñado de empresas vuelvan a obtener resultados excepcionales, cualquier debilidad entre ellas —o cualquier indicio de que el índice en su conjunto no pueda cerrar esa brecha— corre el riesgo de desestabilizar un repunte basado íntegramente en los beneficios, más que en el aumento de las valoraciones.
De hecho, aunque muchos inversores reconocen los argumentos a favor de un retroceso de la renta variable, no están actuando en consecuencia a gran escala. El reequilibrio estacional entre los inversores institucionales, que suele lastrar las acciones en esta época del año, no se ha materializado con la amplitud que cabría esperar, lo que tal vez apunte a cuánta convicción se basa únicamente en los beneficios.
Que sean buenos no es suficiente
Esa concentración tiene sus pros y sus contras, y el riesgo quedó plenamente de manifiesto la semana pasada. Los grandes bancos estadounidenses dieron el pistoletazo de salida a la temporada de resultados con cifras positivas, pero apenas influyeron en el mercado. Por el contrario, la alerta de IBM de que sus ingresos y beneficios no alcanzarían las expectativas tuvo el efecto contrario: las acciones de la empresa de tecnología y consultoría cayeron casi un 25%, la mayor caída en un solo día de la historia.
Este contraste refleja la realidad. Simplemente se dan por sentados los buenos resultados; un solo resultado decepcionante puede dominar el estado de ánimo y la narrativa del mercado. En nuestra opinión, ante el aumento casi diario de las expectativas de cara a esta temporada de presentación de resultados, el mercado se ha estancado en una incómoda asimetría: unas cifras simplemente buenas pueden pasar desapercibidas, mientras que cualquier resultado por debajo de lo esperado se castiga con severidad. Por lo tanto, todo apunta a que será un trimestre difícil.
Por qué la amplitud es la verdadera prueba
Esta asimetría eleva el listón en cuanto a amplitud, no solo en cuanto a fortaleza. Los hiperescaladores y las compañías de chips de memoria responsables del impulso del segundo trimestre ya están mostrando signos de debilidad, algo que se refleja en la volatilidad de las acciones del sector de la memoria durante las últimas semanas. Si esta tendencia continúa, podríamos ver cómo el capital vuelve a rotar hacia las «Siete Magníficas», las empresas tecnológicas de megacapitalización, que es precisamente el tipo de concentración que esta temporada de resultados debe superar.
De hecho, el mercado no puede esperar que el mismo puñado de compañías sostengan el rendimiento. Para que los resultados sigan siendo una base creíble para el segundo semestre, el impulso debe ampliarse mucho más allá de los hiperescaladores y otros sectores relacionados con la IA —como el hardware y los centros de datos— para llegar a otras partes del mercado por completo. De no ser así, ni siquiera un crecimiento sólido en las cifras generales podría bastar para mantener la confianza.
Es importante destacar que los resultados no son la única variable en juego. Aunque los beneficios se mantengan durante el actual ciclo de presentación de resultados, los mercados se enfrentarán pronto a un período de ocho semanas históricamente volátil, en el que la sensibilidad del mercado a los comentarios de los responsables de los bancos centrales es elevada. Las recientes declaraciones de los responsables de la Fed Lisa Cook, Christopher Waller y John Williams ya han puesto de relieve el riesgo de política monetaria, y las condiciones financieras se están endureciendo progresivamente. La narrativa de los resultados puede sostener a los mercados hasta julio, pero un cambio en el tono de la Fed podría convertirse en el riesgo dominante de cara a la segunda mitad del año.
Qué significa esto para el posicionamiento
Seguimos sobreponderando la renta variable global y las empresas estadounidenses de gran capitalización, tal y como destacamos en nuestro último informe «Perspectivas de asignación de activos: Mantener una postura favorable al riesgo en un ciclo de IA en expansión», y esta visión se ve respaldada por unos resultados empresariales cada vez más sólidos y generalizados.
En este contexto, creemos que es importante mantener la inversión, pero ser selectivos. La exposición básica a las empresas de gran capitalización estadounidenses sigue teniendo sentido, pero preferimos rotar hacia sectores que estén en condiciones de beneficiarse de la creciente solidez de los beneficios: el sector industrial, los servicios públicos y las infraestructuras vinculadas a la inversión en capital fijo relacionada con la IA, en lugar de seguir concentrándonos en los valores ganadores del último trimestre.
Al mismo tiempo, las valoraciones, cercanas a 20 veces los beneficios futuros, siguen pareciendo razonables dada la solidez de la base de beneficios subyacente. Pero se trata de un mercado con poco margen para la decepción, que descansa sobre unos cimientos que necesitan algo más que el mantenimiento de los beneficios. Es necesario que esa solidez se extienda más allá del puñado de valores que ya muestran signos de fatiga. Que algo sea «bueno» puede que ya no sea suficiente.
Este es el trimestre en el que la historia de la IA —y el repunte basado en ella— deja de contarse y empieza a demostrarse.