- La solidez de la resiliencia económica global y estadounidense, así como la amplitud de los intereses políticos alineados con la desescalada, sugieren que volveremos a las ganancias de productividad y al crecimiento nominal que definieron el inicio de 2026.
- Creemos que el petróleo tendría que situarse en la zona de los 150 dólares durante un periodo de entre seis y doce meses para que provocara una destrucción significativa de la demanda, reduciendo previsiblemente el PIB mundial y el de Estados Unidos en aproximadamente un punto porcentual completo y medio punto porcentual, respectivamente.
A medida que entramos en la quinta semana de la guerra del Golfo, todas las miradas están puestas en el mercado de la energía y en los riesgos geopolíticos. Habrá múltiples giros e imprevistos a lo largo de los próximos días, semanas y meses, pero es más probable que se produzca una desescalada del conflicto en Oriente Medio que la opción de que no se produzca.
Lo que parece sorprendente es que los mercados de riesgo han aguantado mejor de lo esperado desde que estalló el conflicto, provocando una fractura en el panorama geopolítico de Oriente Medio y forzando el cierre efectivo del punto de estrangulamiento energético más importante del mundo.
En el momento de redactar estas líneas, el índice MSCI ACWI caía alrededor de un 8% desde que comenzó el conflicto, el 28 de febrero, y alrededor de un 5% en lo que va de año. El mercado estadounidense de tipos también ha subido unos 50 puntos básicos, mientras que los diferenciales de crédito se han mantenido relativamente contenidos durante la guerra.
Por tanto, los mercados globales parecen estar contemplando un amplio abanico de posibles resultados y llegando a una conclusión prudente: la desescalada es la vía más probable. El estrecho de Ormuz es, sencillamente, demasiado importante desde el punto de vista geopolítico y económico como para que persista su cierre efectivo. Al mismo tiempo, el hecho de que la economía actual sea menos dependiente del petróleo ha contribuido a que una reacción moderada del mercado ante la guerra.
Un punto estratégico local de importancia mundial
A pesar de la menor intensidad petrolera, la materia prima sigue siendo crítica para la actividad económica mundial. Aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo al día (alrededor del 20% de la oferta mundial) transitan por el estrecho, y también deben pasar por él grandes volúmenes de helio, gas natural licuado (GNL), combustibles refinados, materias primas petroquímicas y fertilizantes, lo que pone de relieve la centralidad de este canal en las cadenas mundiales de suministro industrial.
La duración de este bloqueo y el alcance de la escasez energética siguen siendo la variable clave. Incluso si se declara un alto el fuego a corto plazo, probablemente harán falta varios meses o más para que los suministros energéticos vuelvan a los niveles previos a la guerra.
En el momento de redactar estas líneas, aunque algunas capacidades de producción energética han resultado dañadas (en particular, el GNL), parece que la gran mayoría siguen intactas.
Y, lo que es crucial, el impacto es asimétrico: las economías más dependientes de la importación de energía —China, Europa, India y Japón— afrontan disrupciones sensiblemente mayores que Estados Unidos, que ha alcanzado un alto grado de autosuficiencia energética.
Actualmente, la curva a plazo del petróleo sitúa el WTI y el Brent en 76 y 82 dólares, respectivamente, para diciembre de 2026. A estos niveles, no vemos una destrucción significativa de la demanda ni un aumento relevante de la inflación. Estimamos que el petróleo tendría que situarse en la zona de los 150 dólares durante un periodo de entre seis y doce meses para que provocara una destrucción significativa de la demanda, reduciendo previsiblemente el PIB mundial y el de Estados Unidos en aproximadamente un punto porcentual completo y medio punto porcentual, respectivamente. Además, la inflación subyacente podría aumentar entre 0,25 y 0,50 puntos porcentuales, mientras que la inflación general, que incluye la energía, podría subir en el entorno de 2 puntos porcentuales.
Niebla de guerra y múltiples desenlaces
Para ser claros, seguimos muy inmersos en la niebla que genera esta guerra. Las negociaciones parecen seguir en curso, aunque esperamos muchos giros y vueltas antes de que surja una resolución duradera. Es probable que veamos una serie de negociaciones seguidas de violaciones de los altos el fuego, seguidas de más negociaciones.
El anunciado despliegue de tropas estadounidenses adicionales en el golfo Pérsico y la decisión de la Administración de este país de ampliar hasta el 6 de abril su plazo para atacar infraestructuras energéticas iraníes reflejan este estado de cambio constante, complicando aún más el panorama.
Sin embargo, nuestra visión central es que los costes económicos y estratégicos de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz son, sencillamente, demasiado severos y están demasiado ampliamente distribuidos —la vía marítima tiene importancia estratégica no solo para Estados Unidos, sino también para Europa, China, India y Japón— como para que el conflicto permanezca sin resolver durante un periodo prolongado. Incluso Irán, que actualmente tiene capacidad de influencia sobre el estrecho, depende de los ingresos del petróleo para sostener su economía.
Dicho esto, no esperamos una resolución clara. Estados Unidos aún debe abordar la cuestión crítica de las 900 libras de uranio enriquecido que posee Irán (suficientes para producir entre 10 y 12 armas nucleares). Irán ha sido capaz de mantener bajo control la resistencia interna, pero ¿durante cuánto tiempo, dado el daño que se está infligiendo? Es probable que una prima geopolítica de riesgo sobre los precios del petróleo persista durante algún tiempo. La presencia de actores descontrolados, amenazas residuales de grupos proxy y cuestiones no resueltas en torno a las estructuras internas de poder de Irán hacen que la región pueda no regresar rápidamente al statu quo previo al conflicto.
Además, también señalaríamos que un escenario en el que el actual régimen iraní colapse por completo no es necesariamente benigno.
Un gran país de unos 90 millones de personas, con profundas divisiones tribales y sectarias, fracturándose caóticamente, podría representar un desenlace aún peor para la estabilidad regional que un régimen debilitado y despojado de sus ambiciones nucleares.
Centrarse en el largo plazo
No obstante, pese a muchas incertidumbres significativas, seguimos defendiendo mantener el rumbo en la asignación estratégica de activos a largo plazo. Las caídas impulsadas por los inevitables giros y vueltas de este episodio deberían verse como oportunidades para avanzar en la construcción de las asignaciones objetivo.
Las primas de riesgo más elevadas son, sin duda, apropiadas, y el abanico de resultados de este conflicto sigue siendo amplio. La diversificación sigue siendo esencial. Pero la solidez de la resiliencia económica global y estadounidense, así como la amplitud de los intereses políticos alineados con la desescalada, sugieren que volveremos a las ganancias de productividad y al crecimiento nominal que definieron el inicio de 2026. Esto respalda seguir implicados en lugar de dar un paso atrás.