- No se observa ninguna conmoción en el crecimiento de EE. UU.
- Cierta disensión dentro de los principales bancos centrales
- Las acciones alcanzan nuevos máximos, pero el soporte es limitado
Precio vs. cantidad
Hasta la fecha, la consecuencia macroeconómica más clara de la crisis geopolítica se ha reflejado en la inflación, no en el crecimiento. En cuanto a la actividad, seguimos viendo poca evidencia de una conmoción directa, y los datos son consistentes y abundantes. Para empezar, el PIB de EE. UU. del primer trimestre de 2026 fue sólido, y las proyecciones a corto plazo del PIB de la Reserva Federal de Atlanta y la de Nueva York siguen apuntando a un fuerte impulso en el futuro. Mientras tanto, la Reserva Federal también nos indica que las condiciones financieras internas siguen siendo un importante factor de apoyo para el crecimiento.
Asimismo, nuestro Indicador del Ciclo Económico de Market Insights señala una notable resiliencia, mientras que nuestro equipo cuantitativo de multiactivos llega a la misma conclusión: el modelo de ciclo basado en probabilidades asigna una probabilidad del 99 % de que EE. UU. se encuentre en una fase de expansión, no de desaceleración. Los datos de las encuestas corroboran este panorama, con el índice compuesto ISM manteniéndose cómodamente en territorio de expansión. Dicho esto, un sólido contexto de crecimiento de los ingresos no elimina la necesidad de vigilancia.
Dos consideraciones destacan:
- En primer lugar, el balance de riesgos se inclina a la baja si se intensifican las interrupciones y los cuellos de botella en la cadena de suministro.
- En segundo lugar, la aparente fortaleza macroeconómica podría estar ocultando un apoyo sectorial limitado, lo que aumenta el riesgo de fragilidad microeconómica subyacente. Dado el complejo contexto macroeconómico y de mercado global, seguimos favoreciendo un proceso riguroso basado en análisis tanto macroeconómicos como microeconómicos.
Los banqueros centrales discrepan
La semana pasada, cuatro de los principales bancos centrales —la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón— se reunieron y mantuvieron sin cambios los tipos de interés oficiales. Sin embargo, las decisiones distaron mucho de ser unánimes: la disidencia va en aumento y el centro de gravedad se inclina hacia una postura más restrictiva.
En la Reserva Federal, hubo cuatro votos en contra, una cifra inusualmente alta que no se veía desde 1992. Un miembro abogó por una bajada de tipos, mientras que tres se opusieron a la redacción que dejaba abierta la posibilidad de una flexibilización monetaria, una señal que los mercados interpretaron como menos expansiva de lo esperado.
En el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón, algunos miembros también defendieron una subida de tipos, citando los riesgos inflacionarios relacionados con la energía.
El BCE mantuvo la unidad en la votación, pero la presidenta Lagarde señaló un "debate constructivo" sobre la subida de tipos, manteniendo la posibilidad de que se suba junio, supeditada a la situación geopolítica y a los datos económicos que se publiquen.
El mensaje es claro: las divisiones internas se están ampliando entre los principales bancos centrales y la tendencia se inclina hacia una política monetaria más restrictiva.
En nuestra opinión, esta combinación crea un terreno fértil para una mayor volatilidad macroeconómica. En la Reserva Federal, en particular, el nuevo presidente podría enfrentarse a la difícil tarea de reconstruir el consenso. En este contexto, un enfoque proactivo hacia la renta fija sigue siendo fundamental (Contribución de David Peterson, analista principal de Insights Analysis).
Nuevos máximos, soporte estrecho
Los mercados aún parecen resistentes en la superficie, pero las fuentes de fortaleza siguen siendo estrechas. Las ganancias recientes reflejan menos una aceleración económica generalizada y más un pequeño conjunto de temas que los inversores se sienten cómodos respaldando, sobre todo energía, materiales e inversión en IA, además de la infraestructura que la rodea.
Los datos son mixtos. Creemos que el capital se está concentrando donde la demanda se siente más visible y a corto plazo, mientras que las áreas cíclicas y sensibles a las políticas se están valorando con más cautela. Así es como los índices pueden marcar nuevos máximos incluso cuando la dispersión, la volatilidad y la inquietud de los clientes se mantienen elevadas. Es importante destacar que no se trata de una configuración clásica de burbuja. Las valoraciones están llenas en algunos lugares, pero el liderazgo está respaldado por inversión real, ingresos reales y flujos de efectivo tangibles.
Como hemos dicho antes, el gasto de capital de una empresa es el ingreso de otra, y el gasto relacionado con la IA ahora es lo suficientemente grande como para mover partes significativas de la industria global. Creemos que el problema no es la existencia de crecimiento, sino su concentración.
La concentración trae dos implicaciones de cartera para los asesores:
- Primero, los índices de referencia están cambiando rápidamente; La sobreexposición o subexposición estructural a un puñado de temas dominantes puede influir cada vez más en los resultados relativos.
- En segundo lugar, un liderazgo limitado aumenta la sensibilidad a la decepción, no necesariamente una señal de recesión, sino el riesgo de que ciertos segmentos del mercado estén sobrevalorados. La geopolítica añade otra capa. El conflicto en curso en Oriente Medio mantiene la incertidumbre sobre la oferta y la inflación, e incrementa la probabilidad de que se produzcan compensaciones políticas más adelante en el ciclo.
Por ahora, los mercados consideran estos riesgos como ruido de fondo; la historia sugiere que esto rara vez dura. En este entorno, los fundamentos siguen siendo importantes, pero el mercado los recompensa selectivamente. La diversificación, la disciplina en la valoración y la conciencia de la concentración de los índices de referencia se están volviendo cruciales (contribución de Ross Cartwright, Estratega Principal - Grupo de Estrategia y Análisis).