La fiebre por la inteligencia artificial ha dominado los mercados financieros durante los últimos años. Sin embargo, un nuevo análisis de la firma de inversión MFS cuestiona que las empresas responsables de desarrollar los modelos más avanzados vayan a convertirse necesariamente en las principales ganadoras económicas de esta revolución tecnológica.

En su informe **“Crear valor vs. captar valor”**, el estratega de inversión global de MFS, Robert M. Almeida, advierte de que los inversores podrían estar confundiendo la utilidad de una tecnología con la capacidad de sus fabricantes para obtener beneficios sostenibles.

El estudio establece un paralelismo con la invención de la electricidad. Aunque pioneros como Thomas Edison transformaron profundamente la sociedad, gran parte del valor económico generado no quedó concentrado en las primeras compañías eléctricas. Sus beneficios se extendieron posteriormente a los hogares, las fábricas, los trabajadores y los consumidores.

Según Almeida, la inteligencia artificial podría seguir una trayectoria similar. La tecnología puede generar enormes mejoras de productividad y transformar numerosos sectores sin que las empresas que desarrollan los modelos consigan retener la mayor parte de ese valor.

Una tecnología con costes crecientes

Uno de los principales riesgos señalados por MFS es que la IA de frontera rompe con el modelo económico que impulsó a las grandes tecnológicas durante la era de Internet.

En las plataformas tradicionales de software, incorporar nuevos usuarios tenía un coste marginal muy reducido. En cambio, la inteligencia artificial necesita grandes inversiones en infraestructuras físicas, como centros de datos, semiconductores avanzados, sistemas de memoria, equipos de refrigeración y enormes cantidades de electricidad.

Entrenar los modelos resulta costoso, pero mantenerlos en funcionamiento también exige un gasto permanente. Por este motivo, un aumento del número de usuarios y consultas no garantiza necesariamente un crecimiento proporcional de los beneficios.

Al contrario, una mayor utilización puede disparar los costes de computación, infraestructura y energía, reduciendo los márgenes que muchos inversores dan actualmente por sentados.

Para MFS, la cuestión decisiva no es cuánto valor puede crear la inteligencia artificial, sino qué empresas serán capaces de captarlo y conservarlo.

 Las empresas buscarán alternativas más baratas

El informe también alerta de la falta de diferenciación entre los modelos disponibles. Los clientes no siempre están dispuestos a pagar por la tecnología más avanzada cuando existen alternativas suficientemente eficaces y con un precio inferior.

Para actividades habituales, como redactar un borrador de marketing, resumir documentación jurídica o gestionar consultas básicas de atención al cliente, muchas compañías podrían optar por modelos menos potentes, pero también más económicos.

Esta situación podría provocar una fragmentación del mercado. El uso de herramientas de inteligencia artificial seguiría creciendo a escala global, pero las grandes desarrolladoras perderían capacidad para fijar precios elevados.

Como consecuencia, la adopción tecnológica podría dispararse mientras las tasas de rentabilidad y captación de valor para los inversores quedan por debajo de las expectativas.

Energía, chips y datos, entre los posibles ganadores

En caso de que los creadores de los modelos más avanzados no consigan retener los beneficios, el valor económico podría desplazarse hacia otros eslabones de la cadena.

MFS identifica como posibles beneficiarias a las empresas que controlen recursos escasos, como la energía, los semiconductores o la capacidad de los centros de datos. También podrían salir reforzadas las compañías con bases de datos exclusivas, relaciones de confianza con sus clientes y canales de distribución ya consolidados.

Estas empresas tendrían una posición privilegiada para integrar la inteligencia artificial en productos y servicios existentes sin asumir todos los costes asociados al desarrollo de los modelos.

El análisis sostiene que este escenario reforzará la importancia de la gestión activa de las inversiones. Los grandes índices bursátiles agrupan actualmente a compañías con posiciones muy diferentes dentro de la cadena de valor de la inteligencia artificial.

En ellos conviven desarrolladores de modelos con elevados gastos de capital, fabricantes de chips, proveedores energéticos y empresas que utilizan la tecnología para mejorar sus propios negocios.

Por este motivo, MFS considera que la clave para los inversores no será limitarse a tener una exposición pasiva al sector de la inteligencia artificial.

El verdadero desafío consistirá en identificar qué compañías cuentan con recursos escasos, ventajas competitivas y modelos de negocio capaces de monetizar la tecnología antes de que una parte importante de sus beneficios termine trasladándose a los consumidores y al conjunto de la sociedad.