Tres puntos clave sobre la inversión sostenible entre convicción y regulación:

  1. Las normativas que regulan la denominación de los fondos de inversión sostenibles han llevado, en algunos casos, a realizar ajustes en las carteras simplemente para poder mantener una determinada etiqueta.
  2. Una regulación estricta es esencial. Sin embargo, defendemos un enfoque de inversión sostenible basado en la convicción.
  3. Este enfoque define primero el propósito y la estrategia del fondo, para después adaptarlos al marco regulatorio.

Imagina tu tableta de chocolate con leche favorita. Durante años ha tenido el mismo formato y el sabor esperado: suave, dulce y con una combinación equilibrada de cacao y leche. Ahora imagina que la autoridad alimentaria decide que, a partir de mañana, solo podrán etiquetarse como "chocolate" las tabletas que contengan al menos un 70 % de cacao y no lleven leche.

Los fabricantes tendrían entonces dos opciones. Podrían mantener la palabra "chocolate" en el envoltorio y cambiar la receta: eliminar la leche, aumentar el contenido de cacao y convertir una tableta cremosa en otra mucho más amarga. O podrían mantener la receta y cambiar el envoltorio: "chocolate con leche" pasaría a llamarse "tableta de leche y cacao". Probablemente, la mayoría preferiríamos esta última opción. Al fin y al cabo, nos importa más lo que hay dentro, siempre que el nuevo nombre sea honesto.

A menudo ocurre justo lo contrario

En el ámbito de las inversiones sostenibles, sin embargo, a menudo sucede lo contrario. Cuando se introdujeron nuevas normativas sobre el uso de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) en la denominación de los productos de inversión, muchos fondos ajustaron su "receta" para poder conservar el "envoltorio".

Por ejemplo, la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) informó en diciembre del año pasado de que, en 2025, el 56 % de los gestores de activos de la UE revisaron sus políticas de inversión debido a las directrices sobre el uso de términos relacionados con ESG o sostenibilidad en los nombres de los fondos. En otras palabras, más de la mitad modificó lo que había dentro para mantener lo que aparecía por fuera.

Empezar por los objetivos de los inversores

La división de Asset Management de Zürcher Kantonalbank, bajo la marca de fondos Swisscanto, propone un enfoque alternativo. Lo denominamos "de la regulación a la convicción". Esto significa que los fondos deben construirse primero en torno a los objetivos de los inversores y a convicciones de inversión genuinas, para después encajarlos de forma transparente en el marco regulatorio, y no al revés.

Creemos firmemente que la regulación en materia de sostenibilidad ha aportado beneficios reales: estándares más claros, normas de denominación más estrictas y una mayor transparencia. Todo ello contribuye a reducir el greenwashing (las afirmaciones engañosas sobre la supuesta sostenibilidad de los productos) y mejora la información disponible para los inversores. El desafío surge cuando la regulación se convierte en el punto de partida para diseñar los productos.

En nuestra opinión, un enfoque orientado al proceso debe comenzar con preguntas como: "¿Qué intentan conseguir nuestros clientes?" y "¿Qué consideramos una forma sólida de invertir desde una perspectiva financiera y de sostenibilidad?". En este enfoque, los objetivos de los inversores son lo primero; después vienen la estrategia de inversión adecuada y el producto que mejor se adapte a ella.

Las normas siguen siendo esenciales, pero se aplican a una estrategia que ya tiene sentido por sí misma.

El sabor que buscan muchos inversores

Según nuestra experiencia, la mayoría de los inversores que eligen productos ESG o sostenibles tienen un objetivo subyacente claro: buscan rentabilidades competitivas a largo plazo; a menudo quieren evitar determinados sectores o prácticas; se preocupan por los riesgos ambientales y sociales a largo plazo; y a muchos les gusta que su capital contribuya a una historia positiva.

Ese es el "sabor" que buscan cuando eligen un fondo.

Sin embargo, lo que observamos con frecuencia es que, a medida que se endurecen los requisitos de denominación, algunas estrategias existentes dejan de encajar en determinadas categorías regulatorias. Los gestores se enfrentan entonces a una decisión muy similar a la del ejemplo del chocolate: modificar la estrategia para mantener la etiqueta o modificar la etiqueta para mantener la estrategia.

Una respuesta impulsada por la regulación puede implicar cambios en la cartera, nuevas exclusiones o restricciones más estrictas, principalmente para que el fondo siga pudiendo utilizar un determinado término en su nombre. El envoltorio sigue siendo el mismo, pero el contenido evoluciona, a veces más de lo que los inversores podrían esperar.

Cuando el envoltorio sigue a la regulación

El enfoque basado en la convicción, por el contrario, comienza por aclarar el propósito del fondo. ¿Se trata principalmente de obtener rentabilidad financiera utilizando criterios ESG como herramienta de gestión del riesgo? ¿Busca activamente oportunidades vinculadas a temáticas sostenibles?

Una vez definido el objetivo, el gestor puede encajar de forma transparente la estrategia en el marco regulatorio y, si es necesario, adaptar el nombre y la documentación. En este enfoque, el envoltorio se ajusta a las reglas cambiantes, mientras que la "receta" de inversión permanece coherente y reconocible.

Desde nuestro punto de vista, este enfoque ofrece ventajas claras para los inversores: resulta más fácil aceptar que la etiqueta de un fondo cambie porque la regulación se ha vuelto más precisa que descubrir que la estrategia subyacente se ha reformulado principalmente para conservar una palabra en el nombre.

Desde la perspectiva de un gestor de activos, pueden extraerse varias conclusiones:

  • Empezar por el propósito y después aplicar las reglas

Diseñar con convicción significa decidir primero cómo contribuye la sostenibilidad a la estrategia de inversión y, a partir de ahí, definir el enfoque correspondiente: qué se incluye o excluye, cómo se utilizan los datos ESG, cómo se ejerce el engagement y qué compromisos se aceptan. Solo después deberían plantearse las cuestiones regulatorias: cómo puede denominarse legítimamente el producto y qué información debe divulgarse.

  • La regulación como marco...

Una regulación estricta sigue siendo fundamental. Establece estándares mínimos, mejora la calidad de los datos y los procesos, y hace que las afirmaciones sean más comparables. Utilizada correctamente, proporciona un marco común y un lenguaje compartido: "Esta es nuestra visión sobre cómo la sostenibilidad influye en la creación de valor; así es como la integramos; y así es como encaja dentro de las normas vigentes".

  • ...y no solo como una lista de verificación

Los problemas surgen cuando ese marco se convierte en una fórmula y los fondos se diseñan principalmente para superar determinados requisitos regulatorios, en lugar de responder a las necesidades de los inversores. En ese momento, el ESG corre el riesgo de convertirse en una mera lista de comprobación, en lugar de una herramienta para tomar mejores decisiones de inversión.

En última instancia, esto beneficia a los inversores. Cuando los fondos se construyen desde la convicción y después se adaptan a la regulación, es más probable que las estrategias respondan realmente a sus expectativas, y que los cambios se deban a razones de inversión y no únicamente a cuestiones de etiquetado.

Al mismo tiempo, este enfoque puede dar lugar a carteras más robustas, menos condicionadas por la búsqueda de una única métrica regulatoria. A largo plazo, también puede contribuir a generar una mayor confianza, ya que las etiquetas y categorías describen productos cuidadosamente diseñados, en lugar de moldearlos de forma silenciosa.

Nuestra conclusión

Al igual que ocurre con la receta de una tableta de chocolate, el enfoque de inversión en las finanzas sostenibles debe basarse en lo que los inversores realmente quieren conseguir y en convicciones claras sobre cómo la sostenibilidad influye en la creación de valor.

El "envoltorio" (nombre, clasificación y divulgaciones) debe reflejar esa realidad de forma honesta y en consonancia con una regulación en constante evolución. Eso es, precisamente, lo que significa pasar de la regulación a la convicción: permitir que la regulación aporte claridad, pero que sean las necesidades de los inversores y las convicciones de inversión las que definan la estrategia.