¿En qué consiste actualmente la estrategia de Flossbach von Storch?
Javier Ruiz Villabrille: Básicamente, en Flossbach von Storch invertimos como propietarios. Es decir, como si fuésemos a ser los dueños de una empresa. Cuando uno tiene esa mentalidad de propietario, lo que busca es invertir en compañías que operen en sectores atractivos y en los que puedan tener una posición dominante. Es decir, que puedan sacar partido del potencial de crecimiento de ese sector. A esto lo podemos llamar ventaja competitiva, foso o como queramos denominarlo, pero lo importante es que sean empresas capaces de beneficiarse de un entorno favorable para su desarrollo.
Por tanto, no nos ceñimos a áreas geográficas. Invertimos en empresas que tengan un modelo de negocio muy sólido. Y esa solidez también debe reflejarse en el balance.
El apalancamiento puede ofrecer mejores resultados en determinados momentos, pero cuando las cosas se complican, no es lo que queremos como propietarios de una empresa con futuro. Por eso preferimos compañías con balances sólidos y baja deuda.
Esto puede estar influido por nuestra cultura alemana, donde existe cierta aversión al endeudamiento, pero tiene toda su lógica.
En definitiva, definimos la calidad como la previsibilidad en los resultados que podemos obtener de una empresa.
Buscáis, por tanto, compañías con ventaja competitiva y baja deuda. ¿Por qué en un entorno como el actual, con tanta volatilidad y cambios en tipos de interés, esta estrategia cobra aún más sentido?
Javier Ruiz Villabrille: Porque el valor de una empresa es lo que es capaz de generar. Si tienes una compañía con un modelo de negocio predecible, sabes que, con el tiempo, su valor va a converger con su capacidad de generar flujo de caja. Y aquí es clave centrarse en el flujo de caja, no tanto en los beneficios, que pueden ser más manipulables.
Buscamos empresas con flujos de caja estables y previsibles, gestionadas con mentalidad de propietario, donde los directivos estén alineados con la creación de valor para el accionista.
Es cierto que llevamos muchos años en los que la tecnología ha liderado los mercados. ¿Dónde encontráis actualmente esa calidad de la que hablas?
Javier Ruiz Villabrille: Esa calidad se puede encontrar en cualquier sector; no es patrimonio exclusivo de la tecnología. Es cierto que la tecnología ha liderado el mercado porque las expectativas de crecimiento de beneficios son muy elevadas. Es indudable que estamos viviendo una auténtica revolución tecnológica —ahora impulsada además por la inteligencia artificial— cuyo impacto final, tanto económico como social, todavía no sabemos exactamente hasta dónde llegará.
Sin embargo, como inversores, debemos preguntarnos a qué precio estamos pagando esa revolución. Hay que analizar con frialdad si no estamos descontando un crecimiento excesivamente optimista o si estamos asumiendo un escenario futuro prácticamente perfecto.
Los que llevamos años en este sector recordamos bien lo que ocurrió a principios de los 2000. Entonces, muchos pensaban que las empresas puntocom y los proveedores de infraestructura de internet serían los grandes ganadores. Y, en parte, la tecnología sí transformó el mundo, pero el servicio se estandarizó, se convirtió en una commodity, y muchas de esas compañías perdieron su capacidad de fijación de precios.
Algo similar podría ocurrir en esta nueva revolución digital.
También comentabas que no tenéis sesgo geográfico. ¿Dónde encontráis actualmente más oportunidades?
Javier Ruiz Villabrille: Por la propia estructura del mercado, encontramos más compañías de altísima calidad en Estados Unidos. Esto suele ser así de forma bastante consistente. En parte, porque la mentalidad corporativa, la gobernanza y el enfoque hacia la rentabilidad del accionista en las compañías estadounidenses suelen ser más favorables para ese inversor que quiere actuar como propietario a largo plazo.
Dicho esto, también hay excelentes oportunidades fuera de Estados Unidos. Hay sectores que han sido completamente ignorados durante estos años de euforia tecnológica, y en esos sectores “olvidados” también encontramos compañías muy interesantes.
Estas oportunidades pueden estar en Europa, en Suiza o en otras regiones. No debemos olvidar que sectores como el consumo básico o la salud han quedado en segundo plano, pese a ser negocios globales. Por tanto, más importante que dónde esté domiciliada una compañía es entender de dónde obtiene realmente sus ingresos y sus márgenes.
¿Podrías mencionar algún fondo que refleje esta estrategia?
Javier Ruiz Villabrille: Sí, siendo alemanes somos bastante directos: sería el Flossbach von Storch Global Quality.
El fondo de Sigma Internacional también busca calidad, pero desde un enfoque diferente. ¿En qué consiste vuestra estrategia?
José Ramón Boluda: Nuestro foco principal es el valor (value), y la clave está en definir qué entendemos por valor. Para nosotros, el valor consiste en intentar comprar negocios extraordinarios a precios razonables o con descuento. Buscamos situaciones en las que, por circunstancias coyunturales —y no estructurales—, se produce una divergencia significativa entre nuestra valoración intrínseca y el precio de mercado. Esto no implica ser excluyentes ni por sectores ni por geografías. El valor puede encontrarse en cualquier tipo de compañía.
Existe el mito de que el value se limita a empresas tradicionales, pero no es así. Incluso compañías tecnológicas pueden entrar dentro del universo value si cotizan por debajo de su valor real. De hecho, actualmente estamos viendo oportunidades en ciertos segmentos del software o los servicios digitales que empiezan a ofrecer valoraciones atractivas.
Lo importante es tener claro que el precio debe estar por debajo del valor intrínseco. Esa es la base del proceso.
Si se aplica correctamente, este enfoque te hace independiente de las modas del mercado y del ruido de corto plazo, y históricamente ha demostrado generar retornos superiores a largo plazo.
Muchas veces se asocia valor con barato y crecimiento con caro. ¿Es posible encontrar compañías de crecimiento a buen precio?
José Ramón Boluda: El value se ha simplificado en exceso. No se trata de comprar lo más barato sin más. De hecho, dentro del value puedes encontrar compañías que parecen baratas pero que en realidad son trampas de valor (value traps). Y, por el contrario, dentro del crecimiento también puede haber oportunidades si el mercado infravalora el potencial futuro de una empresa.
Por tanto, una compañía de crecimiento puede ser una inversión value si su precio está por debajo de su valor real.
Javier Ruiz Villabrille: Se trata de romper el mito de que el value consiste en comprar únicamente lo barato. En realidad, se trata de comprar oportunidades donde existe una desconexión entre precio y valor. Dentro de una cartera value o quality puedes tener perfectamente compañías que crecen al 15%, 20% o incluso 25%.
La clave está en evitar pagar múltiplos excesivos de forma estructural. Cuando compras compañías con valoraciones extremadamente altas esperando que se mantengan indefinidamente, estás asumiendo un riesgo elevado. El mercado no es perfectamente eficiente ni lineal, y siempre ofrece oportunidades si se tiene paciencia. Por eso, ningún sector es excluyente. Incluso sectores como la banca pueden ser interesantes si cumplen con los criterios de rentabilidad y solvencia.
Otro mito es que cada estilo funciona mejor en una fase concreta del ciclo. Pero en un entorno de tanta incertidumbre, esto no siempre se cumple. ¿Cómo lo veis?
Javier Ruiz Villabrille: Es cierto que, teóricamente, el growth suele hacerlo mejor en fases expansivas. Pero lo realmente importante es la disciplina de valoración. Cuando inviertes como propietario, no te centras en lo que ocurrirá el próximo mes, sino en la capacidad de la empresa de generar valor a lo largo del tiempo. El valor de una compañía reside en su capacidad de generar flujo de caja, no en el momento del ciclo económico. Intentar hacer market timing entre estilos basándose en previsiones macroeconómicas es, en mi opinión, un ejercicio poco útil. Lo importante es mantener una metodología clara y una disciplina en la valoración.
José Ramón Boluda: Totalmente de acuerdo. Todas las metodologías son válidas, pero asociarlas a momentos concretos del mercado es un error. Eso lleva a centrarse en el corto plazo y a perder de vista lo realmente importante: la rentabilidad a medio y largo plazo. Cuando se intenta anticipar constantemente el ciclo, es muy fácil equivocarse. Lo clave es tener un proceso sólido de análisis bottom-up, centrado en la generación de valor para el accionista.
Una estrategia global no debe ser restrictiva. Lo importante es tener claros los objetivos a largo plazo. Históricamente, los mejores resultados se han conseguido comprando buenos negocios a precios adecuados, independientemente de si se etiquetan como growth o value. Hemos vivido años en los que la tecnología ha liderado los mercados, pero habrá que analizar horizontes más largos para evaluar realmente qué estilo ha generado mayor valor.