¿Qué interpretación hacéis dese Afi Inversiones Globales del entorno geopolítico actual y cómo pensáis que puede afectar esto a las principales variables macroeconómicas?

(David Cano) Una vez más, el contexto geopolítico está condicionando el entorno macroeconómico, y lo hace en sentido negativo. Los últimos acontecimientos, reflejados principalmente en el incremento del precio del petróleo, están provocando una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento económico y al alza de las estimaciones de inflación. A partir de este escenario, se reabre el debate sobre la respuesta de los bancos centrales: si optarán por retomar las subidas de tipos de interés, como ocurrió en el periodo 2022-2023 —lo que implicaría nuevas revisiones a la baja del crecimiento—, o si, por el contrario, decidirán mantenerlos sin cambios, teniendo en cuenta que actualmente se sitúan en niveles más elevados que en 2021 y que no se prevé un shock adicional de demanda. En cualquier caso, queda patente, una vez más, que las variables geoestratégicas influyen de forma determinante en las previsiones de crecimiento económico y de inflación.

Desde La Financiere de l’Echiquier, ¿qué visión tenéis del entorno actual?

(Francisco Lomba) El año comenzó con valoraciones en renta variable algo exigentes en comparación con las medias históricas. En renta fija, los diferenciales de crédito se situaban en niveles mínimos respecto a años anteriores, mientras que los tipos de interés también eran inferiores a los observados en el pasado. Todo ello configuraba, a priori, un entorno exigente para el inversor, tanto en renta fija como en renta variable. Un dato relevante es la evolución del VIX, el principal indicador de riesgo en renta variable, que a comienzos de año se situaba en niveles próximos a 13 o 15, reflejando un contexto de baja volatilidad. Sin embargo, en la actualidad supera los 30 puntos. Aunque no alcanza los niveles registrados durante episodios como el carry trade o el “Liberation Day” del año pasado, sí indica un repunte significativo del riesgo percibido por los inversores frente a meses anteriores.

En este contexto, marcado por el conflicto en Oriente Medio y el consiguiente repunte de los precios de la energía, los bancos centrales parecen adoptar una postura más prudente, de “wait and see”, a la espera de evaluar la evolución de la inflación y su impacto sobre el crecimiento económico. A partir de ahí, deberán decidir qué objetivo priorizar: mantener la inflación bajo control o mitigar una posible desaceleración del crecimiento. En función de este equilibrio, se determinarán los próximos movimientos en los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo y la Reserva Federal en los próximos meses.

¿Qué posicionamiento estáis tomando en las carteras de vuestros clientes?

(David Cano) Estamos aprovechando el abaratamiento relativo de dos activos en los que manteníamos una infraponderación para incrementar su peso en cartera. Por un lado, la renta variable: llevábamos meses con una posición infraponderada y, aunque en la parte final de 2025 esto generó un alfa negativo, estamos aprovechando el contexto actual para avanzar hacia una posición neutral. Por otro lado, estamos aumentando la duración. Anticipábamos un posible repunte en los tramos largos de las curvas de tipos de interés, y el hecho de que el bund alemán haya superado el 3%, o que el Treasury estadounidense se sitúe en la zona del 4,30%-4,40%, hace recomendable incrementar la exposición en duración dentro de la deuda pública.

Asimismo, estamos elevando la exposición al dólar. En este caso, no tanto por un abaratamiento —ya que nuestra visión era que debía depreciarse hacia niveles de 1,23-1,25—, sino porque en el contexto actual está actuando como activo refugio. Por ello, hemos decidido aumentar su peso hasta una posición neutral, más como instrumento de cobertura que por valoración. Este papel defensivo no lo está desempeñando el oro, que, pese a su habitual función diversificadora en cartera, no está actuando como tal en la actual crisis de los mercados financieros.

De forma más táctica, también estamos gestionando la exposición a la volatilidad mediante estrategias sobre la vega, aprovechando los repuntes de la volatilidad implícita para realizar ventas de opciones, en concreto mediante la venta de puts.

En todo caso, los movimientos más relevantes son el incremento de la exposición a renta variable hasta niveles neutrales y, especialmente, el aumento de la duración, aprovechando el repunte de los tipos de interés en los tramos largos de las curvas de deuda pública.

¿Dónde estáis viendo el apetito inversor desde La Financiere de l’Echiquier? ¿Qué temáticas o tipologías de estrategias os piden los clientes?

(Francisco Lomba) Desde comienzos de año, si distinguimos entre los dos grandes bloques de cartera —renta fija y renta variable—, observamos dinámicas diferenciadas. En renta fija, el ejercicio arrancó con diferenciales de crédito muy estrechos y tipos de interés relativamente bajos en comparación con años anteriores. En este contexto, el inversor se enfrentaba a la disyuntiva de asumir riesgo de crédito o riesgo de tipos. Frente a ello, una de las propuestas que consideramos más adecuadas y que está despertando mayor interés es la flexibilidad en la gestión. Esta flexibilidad se traduce en la capacidad de gestionar activamente tanto el riesgo de tipos de interés como el riesgo de crédito, mediante estrategias que permiten adoptar posiciones de duración tanto positivas como negativas, así como modular la sensibilidad al crédito. Un ejemplo es el fondo LBPAM Absolute Return Credit. En este sentido, el apetito inversor en renta fija se orienta claramente hacia este tipo de soluciones flexibles. Actualmente, además, los tipos de interés se sitúan en niveles algo más elevados, lo que permite al inversor obtener un carry superior al de meses anteriores. Por su parte, los diferenciales de crédito han repuntado, aunque de forma moderada. De cara a los próximos meses, seguimos viendo atractivo en este enfoque de renta fija verdaderamente flexible.

En renta variable, la tendencia apunta hacia una mayor diversificación, evitando concentraciones excesivas en sectores o regiones concretas. Dentro de este marco, detectamos interés por temáticas más específicas o de nicho, como el ecosistema espacial. Se trata de una estrategia muy focalizada en el sector industrial, con un peso relevante en Estados Unidos, y que presenta varios catalizadores potenciales. Entre ellos destacan tres: en primer lugar, la posible salida a bolsa de SpaceX; en segundo lugar, el impulso indirecto derivado del sector defensa —ya que algunas compañías del ecosistema espacial tienen exposición a esta actividad—; y, en tercer lugar, un entorno de tipos de interés potencialmente más bajos. Este último factor es, no obstante, el más incierto en el contexto actual, marcado por el conflicto en Oriente Medio y la posibilidad de nuevas subidas de tipos.

Con todo, tanto la apuesta por estrategias flexibles en renta fija como el interés por temáticas especializadas en renta variable, como el ecosistema espacial, están marcando actualmente las preferencias de los inversores.

El ecosistema espacial parece estar en el centro de atención por la potencial salida a bolsa de SpaceX, ¿cómo pensáis que puede afectar esto al inversor?

(David Cano) En Afi siempre hemos defendido que las carteras deben estar expuestas a la innovación tecnológica y a los nuevos desarrollos. No obstante, este tipo de salidas a bolsa constituye una auténtica prueba de fuego, ya que se trata de compañías con modelos de negocio aún poco contrastados y que, por tanto, incorporan una prima de riesgo relativamente elevada. A cambio, también es cierto que ofrecen mayores expectativas de rentabilidad. Sin embargo, su comportamiento dependerá en gran medida del nivel de aversión al riesgo en los mercados financieros. Este tipo de operaciones no tiene la misma acogida en un contexto de dudas sobre el ciclo económico —como el actual— que en un entorno de mayor optimismo, como el que podía observarse hace apenas unas semanas. En este sentido, nuestra tesis sigue siendo clara: es necesario dotar a las carteras de un sesgo hacia las nuevas tecnologías, al considerar que ahí reside buena parte del crecimiento futuro, pero el éxito a corto plazo de estas inversiones estará muy condicionado por el apetito por el riesgo de los inversores, a su vez influido por la prima de riesgo geopolítica.

En un entorno actual en el que la incertidumbre es elevada: consejo para el inversor

(Francisco Lomba) Le daría tres recomendaciones principales. Primero, mantener los objetivos de inversión a largo plazo. No centrarse tanto en el “ruido” del corto plazo y ceñirse al plan establecido, contando con el acompañamiento de asesores que, como en Afi Inversiones Globales, ayudan a navegar un entorno más volátil e incierto. Segundo, diversificar las carteras. En el contexto actual, los índices están relativamente concentrados, tanto regional como sectorialmente, por lo que un buen asesoramiento para lograr una adecuada diversificación sigue siendo fundamental. Y tercero, considerar la gestión activa. En un entorno de mayor volatilidad y con ciertos índices concentrados en renta fija y renta variable, la gestión activa puede aportar valor al inversor, permitiendo adaptarse con mayor flexibilidad a los movimientos del mercado.

(David Cano) En estos momentos conviene recordar algunos de los pilares fundamentales de la gestión de carteras. Con los tipos de interés libres de riesgo en torno al 2%-2,5%, para batir la inflación —que se sitúa entre el 2,5% y el 3,5%— es necesario asumir cierto nivel de riesgo para poder aspirar a rentabilidades del 4%-5% anualizado. Es importante ser consciente de que este camino no es lineal: está lleno de subidas y bajadas, lo que llamamos volatilidad. Episodios de este tipo ocurren prácticamente una o dos veces al año, y cuando los mercados corrigen, lo hacen con intensidad superior a la de las subidas; así, en un solo mes se puede perder lo ganado en cuatro o cinco meses anteriores. Esta asimetría y volatilidad son características inherentes de los mercados financieros, y asumirlas es el único modo de conseguir rentabilidades por encima de la inflación. Por ello, el inversor debe ser consciente de los riesgos que asume y del perfil de su cartera. Si un asesor ha explicado que, en momentos de incertidumbre, la cartera puede experimentar pérdidas, hay que aceptarlo como parte del proceso. Con el tiempo, esta exposición a las turbulencias se tolera mejor: la primera corrección duele, la segunda menos, y la tercera se afronta con mayor naturalidad. En resumen, estar dispuesto a soportar episodios de volatilidad es imprescindible para alcanzar esa rentabilidad adicional frente a la inflación. A medio y largo plazo, este enfoque suele compensar, permitiendo lograr un 4%, 5% o incluso 6% anualizado frente al nivel general de precios.