Después de los últimos meses de volatilidad, ¿en qué punto se encuentra ahora el sector lujo?
Venimos de unos años y de unos meses más bien complicados en el sector lujo. Esto no es simplemente algo específico del lujo, sino que ha habido mucha volatilidad en el mercado y el lujo no ha sido ninguna excepción. Si miramos el momento actual, diría que el sector está más en una fase de normalización. Durante los años post-COVID hemos visto un crecimiento extraordinario del sector, con mucha demanda embalsada ya acumulada, y un turismo de alto nivel y de lujo creciendo y recuperándose muy rápido. Esto ha llevado a crecimientos muy altos y a valoraciones muy exigentes en un periodo muy corto de tiempo.
Lo que hemos visto en los últimos trimestres es más una fase de normalización tras unos años extraordinarios de crecimiento, que realmente una crisis en el sector del lujo. El sector no está en crisis ni mucho menos, sino que está en un punto más razonable. El crecimiento continúa, pero a ritmos más normales; las expectativas se han ajustado y las compañías están volviendo a poner el foco en lo realmente importante: los márgenes, los precios y la exclusividad del sector lujo. En resumen, hemos pasado de una fase de euforia a una fase de mayor realismo, que suele ser un buen punto de entrada para el inversor que mire a largo plazo y no a corto.
¿Por qué ha sufrido el sector en los últimos meses?
Hay varios factores que han influido y conviene diferenciarlos. En primer lugar, a nivel geopolítico, el principal factor es China, que es clave para el sector lujo. La recuperación tras el Covid ha sido más lenta de lo esperado, especialmente en el consumo aspiracional, muy ligado a la marca, a la imagen y al deseo de pertenecer a un determinado estilo de vida. También ha habido impacto en otros mercados relevantes, como Arabia Saudí, de donde procede una parte importante del consumo de lujo. En este sentido, el conflicto en Irán también ha afectado negativamente.
En segundo lugar, los comparables son muy exigentes. Venimos de años excepcionales y es difícil seguir sorprendiendo cuando el listón está tan alto. No es que el negocio vaya mal, sino que el mercado se ha acostumbrado a tasas de crecimiento que eran poco sostenibles.
El tercer factor es macroeconómico: tipos de interés elevados, inflación y menor visibilidad económica. Todo ello tiende a penalizar a los sectores percibidos como premium o cíclicos, aunque el lujo tiene una resiliencia superior a la de otros sectores de consumo.
Por último, hay un factor que es puramente de mercado. Tras varios años de muy buen comportamiento, ha entrado mucho capital en el sector, las valoraciones han subido y, ante la mínima decepción, los ajustes son más bruscos. En definitiva, hemos visto más una corrección de múltiplos que un deterioro real del negocio del sector lujo.
¿Y por qué sigue siendo interesante invertir en lujo?
Si miramos más allá del ruido a corto plazo, el sector lujo sigue teniendo unas características increíbles y únicas. Primero, el poder de fijación de precios. Pocas industrias pueden ir subiendo los precios año tras año sin destruir o eliminar esa demanda. Las grandes casas del lujo, al final, no están vendiendo un producto, están vendiendo una marca, una historia y una exclusividad. Entonces, el precio lo pueden ir subiendo cuando ellos quieren realmente sin que les influya.
Segunda característica: son compañías con márgenes muy elevados y una generación de caja brutal. Son negocios de balance sólido, con poca deuda y muchísima capacidad para atravesar ciclos complicados.
Tercer factor: barreras de entrada enormes. Es decir, una marca de lujo no se crea de la noche a la mañana. Se necesitan décadas, incluso siglos. Entonces, las compañías tienen una competencia muy limitada.
Y el cuarto, diría más una tendencia estructural de fondo. Ahora mismo estamos viendo quizás un crecimiento más alto en las clases altas o medias de Asia, y un mayor peso del lujo en el gasto de las nuevas generaciones. Todo eso juega a favor del sector a largo plazo.
¿Qué tipo de compañías de lujo tenéis en R‑co Valor?
En R-co Valor somos muy selectivos, como en el resto de nuestros productos, pero aquí concretamente no buscamos lujo por moda, sino compañías de altísima calidad, con modelos de negocio muy robustos y una visión claramente a largo plazo. Principalmente invertimos en marcas globales, con un posicionamiento muy fuerte y reconocimiento a nivel mundial, negocios que controlan toda la cadena, es decir, desde la producción hasta la distribución, porque eso nos permite proteger los márgenes y la exclusividad. Son empresas que priorizan la marca y la exclusividad antes que perseguir un crecimiento acelerado.
Por ejemplo, nos gustan compañías como Hermès o LVMH, que llevan en cartera muchos años y han demostrado durante décadas la capacidad de crecer sin erosionar su marca; también grupos como Richemont, que está muy bien posicionado en la alta joyería, o compañías más selectivas como Ferrari, que incluimos a finales del año pasado, donde la escasez y la exclusividad forman una parte esencial del modelo de negocio. Hablamos de casas con una enorme capacidad de adaptación a distintos ciclos económicos y a turbulencias en el mercado, donde los clientes son muy fieles y poco sensibles al precio, con una gestión de capital muy disciplinada, balances muy sólidos y una gran generación de caja.
Además, no todas las compañías de lujo son iguales: dentro del sector hay segmentos más defensivos y otros más expuestos a los ciclos económicos. Nosotros solemos inclinarnos más por negocios resilientes, donde la marca pesa más que el contexto del mercado puntual o a corto plazo.
¿Qué mensaje final mandarías a un inversor que escucha esto?
El mensaje es muy claro: no confundir volatilidad con pérdida de valor. El lujo es un sector que puede sufrir a corto plazo, pero que históricamente ha creado muchísimo valor para el inversor que ha sido paciente. Las correcciones son incómodas, pero muchas veces precisamente son las que generan oportunidades. Invertir en lujo no va de acertar el próximo trimestre, sino de confiar en las marcas, en modelos de negocio casi repetibles y en tendencias estructurales de largo plazo. Como siempre, dentro de una cartera diversificada como la de R-co Valor, se trata de aprender de las mejores compañías, que no siempre lo hacen bien todos los meses: pueden sufrir en determinados periodos, pero suelen hacerlo muy bien a largo plazo.