La salida de Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la OPEP es, sin duda, un acontecimiento histórico. Llega tras años de tensiones entre Abu Dabi y Arabia Saudí. Los EAU están interesados en alcanzar una producción de 5 millones de barriles diarios para 2027, pero se ven limitados por los niveles de cuotas fijados por la organización. Consideran claramente la actual crisis energética como una oportunidad para ganar cuota de mercado.

Esto ocurre en un contexto en el que la capacidad de ajuste del Golfo (“swing capacity”) ya no está bajo el control de la OPEP+. En su lugar, dicha capacidad está ahora condicionada por el conflicto militar entre Irán y Estados Unidos.

Los responsables de la toma de decisiones en los EAU están señalando que es probable que los mercados del petróleo incorporen nuevas primas de riesgo de tipo “más altas durante más tiempo”, y consideran que los EAU están bien posicionados para capturar este valor en el futuro.

Asimismo, esto indica que las relaciones diplomáticas en el Golfo en sentido amplio se están volviendo más frágiles y multipolares. Los países de la región están descubriendo que sus aliados tienen objetivos geopolíticos de mayor alcance y que ellos mismos podrían acabar siendo víctimas colaterales.