El Xtrackers Europe Defence Technologies UCITS ETF busca aprovechar esta tendencia estructural en defensa. ¿En qué consiste?
César Muro: Sí. En Xtrackers lo que intentamos es desarrollar productos que se adapten a las grandes temáticas del mercado, y creemos que en Europa se ha producido un cambio muy relevante en materia de defensa.
Este cambio tiene su origen en varios factores: el conflicto en Ucrania, la presión de Estados Unidos y, en general, una toma de conciencia en Europa. Desde la caída del Telón de Acero, Europa ha invertido muy poco en defensa, lo que ha generado una capacidad limitada. Además, ya no se puede asumir que Estados Unidos vaya a actuar siempre como ese “hermano mayor” que proporciona protección. Por ello, Europa ha decidido incrementar de forma significativa su inversión en defensa. Muchos países estaban por debajo de los compromisos de la OTAN —ni siquiera alcanzaban el 2% del PIB— y ahora el objetivo es llegar hasta el 5% en 2030, con revisiones previstas ya en 2029.
En este contexto, hemos lanzado un ETF que replica un índice centrado en compañías del sector defensa, incluyendo áreas como el aeroespacial, los satélites y, de forma muy relevante, la ciberseguridad.
Se trata de un índice con un peso importante de compañías europeas, ya que creemos que es donde se va a producir el mayor incremento de gasto. Es un producto de gestión pasiva que incluye aproximadamente 28 compañías y que incorpora un sesgo hacia aquellas que cuentan con patentes en defensa y seguridad, lo cual es clave porque Europa quiere desarrollar más capacidades internas en lugar de depender del exterior.
Ese es, en definitiva, el plan de desarrollo del sector en Europa de aquí a 2035.
El sector defensa parece tener un viento de cola muy potente. ¿Cómo lo capturan a través del DNB European Defense?
Lorenzo González: Efectivamente, creemos que el sector defensa europeo cuenta con un viento de cola muy sólido. Si analizamos la evolución del gasto, vemos que en 2014 Europa destinaba unos 140.000 millones de euros a defensa; en 2024 esa cifra ha aumentado hasta los 340.000 millones, y en 2025 se habla ya de superar los 800.000 millones dentro del plan Rearm Europe, con el objetivo de lograr una mayor autosuficiencia en un sector crítico.
Todo esto responde a un entorno geopolítico cada vez más inestable. Europa ha entendido —como decía Henry Kissinger— que “o estás sentado en la mesa o eres parte del menú”. Y claramente quiere dejar de ser parte del menú.
Desde DNB Asset Management, como gestora del mayor grupo bancario noruego y líder en los países nórdicos, tratamos de ofrecer soluciones que permitan capitalizar estas tendencias estructurales. Y una de ellas es, precisamente, la defensa europea.
Hemos registrado en España lo que consideramos el único fondo puro de gestión activa centrado en defensa europea. Es un fondo traspasable y clasificado como Artículo 8 bajo la normativa SFDR.
El fondo sigue como referencia el índice MSCI European Defense, y está gestionado por un perfil altamente cualificado: un doctor en Ciencia e Ingeniería por el MIT.
La cartera se estructura en cuatro grandes bloques:
- Los grandes campeones nacionales del sector defensa europeo.
- Empresas de mediana y pequeña capitalización, especializadas en nichos clave.
- El sector aeroespacial, con fuerte vinculación a defensa.
- Ciberseguridad y tecnología, especialmente en comunicaciones y pagos.
Con este enfoque, creemos que ofrecemos una solución diferenciadora dentro de la gestión activa en defensa europea.
Habéis mencionado la ciberseguridad y la tecnología. Lo estamos viendo en conflictos actuales: la guerra ya no se libra solo con tanques, sino también con tecnología. ¿Cómo estáis posicionados en este ámbito?
Lorenzo González: Nosotros entendemos la tecnología como un elemento que tradicionalmente nace en el ámbito militar y luego se traslada al uso civil. En defensa, es fundamental garantizar la seguridad de las comunicaciones, para que las unidades puedan operar con información en tiempo real. Además, muchas de estas tecnologías se integran directamente en los vehículos o infraestructuras militares en movimiento.
Un aspecto menos evidente pero muy importante es el de los medios de pago. Si se interrumpe la cadena de pagos a proveedores o contratistas, la cadena de producción se paraliza. Por eso, dentro de esta temática, invertimos también en empresas especializadas en este ámbito, ya que son críticas para mantener la operatividad del sistema.
César Muro: En nuestro caso, no buscamos compañías tecnológicas puras dentro del ETF, aunque sí incluimos empresas como Indra. Más bien, lo que hacemos es identificar compañías industriales con una fuerte inversión en I+D, especialmente medida a través de patentes.
Nos enfocamos en áreas como armamento, ciberseguridad, drones o satélites, donde cada vez hay más componente tecnológico, incluyendo el ámbito espacial.
Es cierto que en Europa hay pocas compañías de defensa, pero el sector está creciendo rápidamente. Además, existe un fuerte impulso hacia el “Made in Europe”, es decir, desarrollar internamente estas capacidades en lugar de importarlas.
Con todos estos acontecimientos geopolíticos recientes, ¿habéis notado un cambio en el interés de los inversores hacia el sector defensa?
Lorenzo González: Sí, claramente. Hemos visto un cambio muy significativo, especialmente tras declaraciones como las de Ursula von der Leyen, impulsando el aumento del gasto en defensa. Tradicionalmente, Europa importaba cerca del 80% de su tecnología de defensa y solo el 20% se producía localmente. Ese ratio se quiere revertir hacia un 40%–60% a favor de la producción europea.
Esto refleja un compromiso claro, impulsado por la percepción de una mayor vulnerabilidad geopolítica, como hemos visto en Ucrania, Groenlandia o Oriente Medio.
Lo importante es que en 2025 se anuncian los planes, pero es en 2026 cuando comienzan a ejecutarse los contratos y se activa la cadena de suministro. Ahí es donde realmente empieza a materializarse el crecimiento del sector.
César Muro: Desde el punto de vista de los flujos, estamos viendo entradas muy fuertes en ETFs de defensa. En los últimos años ha habido dos grandes tendencias: la inteligencia artificial y, más recientemente, la defensa.
Lo que valoran los inversores es la visibilidad en beneficios y ventas. Aunque aumentar la capacidad en defensa lleva tiempo, existe un horizonte claro hasta 2035, lo que aporta estabilidad. De hecho, esperamos que en los próximos tres años los beneficios del sector se dupliquen. Es un crecimiento difícil de encontrar en otros sectores.
Es cierto que hay expectativas elevadas, pero están justificadas. Ahora el reto es la ejecución, pero creemos que es un sector con una tendencia estructural muy clara.
¿Puede el aumento del gasto en defensa convertirse en un motor de crecimiento económico, por ejemplo en países como Alemania?
Lorenzo González: El gasto en defensa tiene un efecto multiplicador, aunque diferente al de otras políticas más expansivas. En el caso de Alemania, por ejemplo, existe capacidad industrial infrautilizada —especialmente en el sector automovilístico— que puede reconvertirse hacia el sector defensa. Además, el incremento de producción requiere mano de obra cualificada, lo que genera empleo y actividad económica.
De ese objetivo del 5% del PIB en defensa, un 3,5% se destina a armamento y tropas, lo que implica salarios y consumo. También hay una apuesta clara por desarrollar tecnología en Europa, con inversión en innovación, ciberseguridad y satélites, lo que tendrá efectos positivos en otros sectores.
César Muro: Si miramos los datos, el sector defensa genera unos 600.000 empleos directos en Europa, y entre uno y cuatro millones de empleos indirectos. En un entorno de crecimiento económico moderado —en torno al 1%—, el sector defensa puede actuar como un importante motor. Además, no solo están los grandes campeones nacionales (como Thales, Leonardo o Rheinmetall), sino también muchas empresas de mediana y pequeña capitalización especializadas en nichos concretos.
Por ejemplo, la compañía noruega Norbit, especializada en sensores para drones, tiene aplicaciones tanto militares como civiles, lo que mejora la productividad en distintos sectores. Por eso, el universo de inversión es más amplio de lo que parece. En el caso del fondo DNB European Defense, identificamos cerca de 50 compañías entre grandes, medianas y pequeñas, y este universo seguirá creciendo.
La gestión activa permite, además, encontrar valoraciones atractivas en empresas que pueden trasladar su tecnología al conjunto de la economía real.
Si quieres replicar esta idea de inversión puedes hacerlo fácilmente a través de Self Bank