En nuestra opinión, Europa alberga uno de los ecosistemas de defensa con mejor rendimiento del mundo, tanto en lo que se refiere a los principales contratistas como a toda su cadena de suministro. El principal reto para estas empresas radica ahora en su capacidad para ampliar rápidamente su capacidad de producción con el fin de satisfacer una demanda en rápido crecimiento.

Creemos que la cuestión del rearme europeo va mucho más allá del contexto del conflicto entre Rusia y Ucrania o, más recientemente, del conflicto con Irán. Forma parte de una tendencia estructural, impulsada tanto por la erosión gradual del paraguas militar estadounidense como por varias décadas de inversión insuficiente crónica que han debilitado el aparato de defensa europeo. A esto se suma un creciente deseo de soberanía industrial, ilustrado por el auge del movimiento "Buy European", cuyo objetivo es reducir la dependencia del equipamiento importado (especialmente de EE. UU.) en favor de la capacidad de producción nacional. En nuestra opinión, estos factores apuntan a una demanda sostenida de los actores europeos del sector.

Sin embargo, y aunque pueda parecer contradictorio, el sector ha registrado un rendimiento inferior al esperado desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, según datos de Bloomberg. 

No obstante, esta consolidación no pone en duda las perspectivas a largo plazo. Se explica, también según datos del medio financiero global, ante todo, por una posición de mercado que a principios de año se había vuelto extremadamente dependiente del consenso, lo que fomentó importantes recogidas de beneficios en un contexto de valoraciones elevadas. 

También refleja temores macroeconómicos, ya que al mercado le preocupa que un entorno de crecimiento más débil y el posible deterioro de las finanzas públicas puedan, a largo plazo, lastrar la evolución de los presupuestos de defensa. 

El sector también se ha mantenido muy sensible a los anuncios geopolíticos, en particular a los rumores de un alto el fuego en Ucrania o en Oriente Medio, en un contexto en el que cualquier perspectiva de distensión se ha interpretado como un detonante para la recogida de beneficios. 

Por último, la evolución reciente de los conflictos ha reavivado las dudas sobre la capacidad de los actores europeos consolidados para adaptarse a una forma de guerra más impulsada por la tecnología, caracterizada por el papel cada vez más importante de los drones, la defensa aérea y los misiles de guía de precisión.

No obstante, creemos que los fundamentos estructurales siguen intactos. La tesis de inversión sigue basándose en una tendencia a largo plazo: tras varias décadas de inversión insuficiente, Europa está entrando en un ciclo sostenido de rearme, respaldado por unos presupuestos de defensa que se prevé que se mantengan elevados. Además, la visibilidad en este sentido sigue siendo excepcional, como lo demuestra, por ejemplo, la cartera de pedidos de Rheinmetall, que asciende a más de 73.000 millones de euros —casi ocho veces su facturación de los últimos doce meses.

Al mismo tiempo, la reciente corrección ha permitido que las valoraciones se normalicen, lo que, en nuestra opinión, refuerza el atractivo del sector desde una perspectiva a largo plazo.

No obstante, es importante seguir siendo muy selectivos. La reciente corrección ha servido para reintroducir un mayor grado de discernimiento en la valoración que el mercado hace del sector. Mientras que antes el mercado trataba a la defensa europea como un bloque homogéneo, ahora está empezando a diferenciar con mayor claridad entre los perfiles de las empresas, sus exposiciones industriales y la calidad de su ejecución. 

Consideramos que esta evolución es positiva. En este contexto, la diversificación entre actividades civiles y militares, así como entre proveedores de equipamiento y fabricantes de sistemas, sigue siendo, en nuestra opinión, un factor clave para la resiliencia y la diferenciación.