En los últimos años hemos experimentado una volatilidad significativa en materias primas como el oro, la plata y el cobre. Hay tres factores macroeconómicos que están influyendo actualmente en estos mercados, especialmente a la luz de los recientes acontecimientos en la región del Golfo. 

En primer lugar, la economía global se está moviendo hacia un entorno más estanflacionario, en el que el oro y otros metales preciosos han tendido históricamente a obtener mejores resultados. 

En segundo lugar, la crisis en Oriente Medio ha incrementado de forma material los riesgos de oferta para los materiales estratégicos. La mayor atención se centra en el petróleo, dado que el 20% de las exportaciones mundiales de crudo pasan por el estrecho de Ormuz, pero los riesgos para los metales pueden ser incluso mayores. Alrededor del 1% de la capacidad mundial de aluminio se encuentra en la región y está sufriendo daños permanentes. Al mismo tiempo, entre el 40% y el 50% de las exportaciones mundiales de azufre proceden de Oriente Medio, un elemento fundamental para la minería de cobre y níquel.

En tercer lugar, creemos que la crisis en Oriente Medio acelerará la electrificación de distintos sectores, especialmente el transporte. Hemos visto algo similar recientemente cuando los precios del petróleo se dispararon tras el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania. Esto provocó tanto un fuerte aumento en las ventas de vehículos eléctricos como más que una duplicación de la inversión en redes eléctricas en la UE. Por ello, consideramos que la evolución en el Golfo impulsará la demanda de metales ligados a la transición energética como el litio, el cobre y el aluminio.

Por otro lado, en un contexto de inflación persistente y tipos de interés elevados, las materias primas pueden posicionarse como una cobertura eficaz en las carteras de inversores institucionales y minoristas. Podría decirse que incluso más que en cualquier ciclo reciente.

Lo que cambia en esta ocasión es que los riesgos de oferta para los materiales estratégicos han aumentado de forma estructural en mayor medida que en el caso del petróleo. Las barreras comerciales están aumentando, con China restringiendo las exportaciones de wolframio y tierras raras. Al mismo tiempo, la UE y Estados Unidos han impuesto aranceles y cuotas sobre el aluminio, el acero y el cobre.

La concentración de la oferta también es extrema. La mayor parte de la producción mundial de cobre procede de Chile, Perú y Australia, mientras que la producción de litio se concentra en Chile, Australia y Argentina. Cualquier perturbación meteorológica, inestabilidad política o fallo en una mina en estos países puede afectar de forma significativa al equilibrio entre oferta y demanda. Para los inversores, esta combinación de inflación persistente, fragmentación geopolítica y concentración de la oferta crea un entorno de mercado singular. 

En consecuencia, las materias primas, y estrategias como JSS Sustainable Equity – Strategic Materials, pueden actuar tanto como cobertura frente a la inflación como protección frente a crisis de suministros.