Con una inflación que vuelve a tensionarse por la energía y unos bancos centrales pensando en subidas de tipos, ¿cómo debería posicionarse hoy un inversor patrimonial en renta fija: duración corta, duración intermedia, crédito investment grade o liquidez remunerada?

Nos encontramos en un entorno inflacionario, con la inflación en Europa rondando el 3%, en España el 3,5%, y la inflación subyacente cercana al 2%. En este contexto, la estrategia de inversión debe adaptarse:

  • Liquidez: Aunque actualmente se encuentra remunerada y protege frente a futuras subidas de tipos de interés, no protege contra la inflación y no debería ser el núcleo principal de la inversión en renta fija.
  • Duración corta: Ofrece una rentabilidad más atractiva y permite reinvertir más adelante, en tramos más atractivos,  si los tipos de interés continúan subiendo. Y ahí es donde nos encontraríamos en estos momentos más cómodos.
  • Duración intermedia: Requiere ser muy selectivos con la calidad de los emisores. Es recomendable utilizar estrategias de vencimientos en escalera, manteniendo un enfoque defensivo.
  • Investment Grade: Los spreads (diferenciales) de crédito están muy ajustados, por lo que no se percibe un gran valor por ese lado, pero el carry sostiene la rentabilidad, convirtiéndolo en una parte defensiva de la cartera. En este sentido el crédito en Europa está muy ajustado y el entorno ante una situación de inflación e incremento de los precios de la energía puede estar algo más perjudicado en el caso de que la lectura haya sido demasiado benigna; en cambio en EEUU las compañías generan beneficios y son más resilientes, y ahí, nos encontraríamos más cómodos.
  • High Yield: Al igual que en el Investment Grade, los diferenciales están muy ajustados, lo que dificulta obtener rentabilidades atractivas tanto en Europa como EEUU. Además, este tipo de activos no protege frente a escenarios de desaceleración económica o caída de márgenes en las empresas.

En un entorno marcado por guerra en Oriente Medio, energía cara y más volatilidad, ¿qué errores suele cometer el inversor particular cuando intenta “protegerse” y cómo se construye una cartera robusta sin caer en decisiones emocionales?

Uno de los principales errores que cometen los inversores es confundir el refugio en la liquidez con una huida ante un entorno complicado. Posicionarse únicamente en liquidez presenta varios problemas: la remuneración es muy baja, se pierden los posibles rebotes del mercado y resulta muy difícil encontrar el momento oportuno para volver a entrar. Generalmente, cuando el inversor decide regresar, la tormenta ya ha pasado y se ha perdido la primera gran subida del mercado.

Otro error típico es acudir a los activos refugio tarde y mal. Por ejemplo, en una situación geopolítica adversa, comprar oro o invertir en el sector defensa cuando estos activos ya han experimentado subidas importantes, lo que implica asumir un riesgo adicional por entrar a precios elevados. Asimismo, es un error comprar activos guiándose únicamente por factores macroeconómicos sin realizar un análisis fundamental previo, como sería adquirir empresas energéticas o de defensa simplemente porque hay un conflicto bélico.

Para construir una cartera robusta que pueda atravesar momentos complicados, como el repunte inflacionario vivido en 2022, es fundamental fijarse en la calidad de las compañías. Buscamos empresas que tengan capacidad de generar ingresos recurrentes, beneficios resilientes ante el incremento de los precios de las materias primas, poder de fijación de precios, que generen beneficios con unos balances sólidos.

La inteligencia artificial sigue concentrando gran parte del entusiasmo del mercado. ¿Cómo distingue EDM entre compañías de calidad con crecimiento sostenible y valores que ya descuentan demasiado optimismo?

La inteligencia artificial es una transformación estructural y no una simple moda. Para ponerlo en perspectiva, las grandes compañías tecnológicas, los "hiperescaladores", invierten alrededor de 600.000 millones de euros en capex (gastos de capital) en este año 2026. Por decirlo de alguna manera, los “7 Magníficos” ya están invirtiendo 24 veces de capex, frente a una de retorno de ingresos. Por lo tanto, hay una generación de expectativas muy importante.

A la hora de invertir, debemos centrarnos en el negocio real y no en la narrativa. Hay que buscar empresas con un crecimiento estable y sostenible, donde la IA actúe como un motor consolidado de generación de beneficios, pero de unos negocios ya consolidados. Además, somos muy cuidadosos con las valoraciones; actualmente se están descontando beneficios futuros muy altos que deberán mantenerse a lo largo de los años. Es vital analizar si el precio que pagamos hoy se sustenta en una realidad predecible y constante.

Por tanto, para nosotros, como casa que somos de análisis fundamental, es muy importante fijarnos en la valoración de las compañías en el momento que estemos comprando, la calidad, en el negocio, en los ingresos recurrentes, en si tienen ventajas competitivas, si es un crecimiento de calidad; y en definitiva, comprar compañías en las que la IA les esté aportando una ventaja competitiva y no que el negocio se sustente únicamente en la IA.

En un momento en que muchos inversores combinan ETFs, fondos indexados y estrategias core-satellite, ¿dónde cree que la gestión activa aporta realmente valor en una cartera de wealth management?

Este es un debate muy actual. La gestión pasiva permite invertir a bajo coste replicando un índice o un benchmark, lo cual aporta eficiencia. Sin embargo, el valor añadido reside en la gestión activa.

La gestión activa realiza un análisis fundamental de las compañías, siendo capaz de distinguir los excesos de concentración en un solo sector o los sobreprecios dentro de los índices. 

Mientras que la gestión pasiva aporta eficiencia, la gestión activa aporta "inteligencia" y un acompañamiento fundamental al cliente. Conoce sus circunstancias personales, su horizonte temporal y su tolerancia al riesgo. Ambos enfoques pueden complementarse perfectamente dentro de una cartera estructurada bajo el modelo core-satélite.

Más allá de elegir fondos o activos, ¿qué conversaciones deberían tener hoy las familias con patrimonio sobre liquidez, fiscalidad, sucesión y objetivos vitales, especialmente en un contexto de mercados más inciertos?

Las familias con un patrimonio elevado deben abordar tres conversaciones fundamentales:

  • Liquidez: Es necesario identificar la naturaleza de la liquidez que mantienen. Deben discernir si se conserva por una necesidad real, por miedo o incertidumbre, o si responde a una planificación estratégica o táctica frente a futuras oportunidades.
  • Fiscalidad: Debe generar una rentabilidad real y estar plenamente integrada en la gestión del patrimonio. Es un factor crítico que se debe tener en cuenta especialmente a la hora de tomar decisiones de desinversión, no solo en el corto, sino también en el medio y largo plazo.
  • Sucesiones: Suele ser una conversación incómoda que tiende a posponerse y no se trata con la urgencia necesaria. Sin embargo, planificar la sucesión con antelación es vital para aportar claridad y paz al grupo familiar, además de asegurar la continuidad del negocio familiar y evitar la dilución del patrimonio entre las nuevas generaciones.