
Tras más de un mes de conflicto que ha provocado la mayor perturbación de los suministros energéticos jamás registrada y con los mercados alejándose de las expectativas de una rápida desescalada, en Tikehau Capital, dentro de nuestros fondos líquidos, aunque mantenemos una postura prudente, la mayor visibilidad de las pasadas semanas permitió una reasignación selectiva.
En marzo, aumentamos selectivamente nuestra exposición a determinados valores europeos del sector defensa, cuyo comportamiento en mercado había quedado rezagado respecto a lo que el contexto geopolítico podría haber anticipado. En nuestra opinión, el incremento de los presupuestos militares está impulsando una tendencia positiva duradera para el sector, acompañada de nuevas oportunidades de exportación. También reforzamos nuestra posición en bancos europeos ante la expectativa de un rebote y ajustamos nuestra exposición a industriales.
Tras el rebote del 8 de abril, incrementamos moderadamente el perfil de riesgo del fondo para alinearlo con el momentum en curso. También implementamos rotaciones en cartera: aumentando la exposición a sectores que habían corregido (en particular algunos industriales) y tomando beneficios en valores que habían tenido un comportamiento superior en marzo. Por último, mantenemos nuestra convicción en el sector tecnológico, cuyas valoraciones se han normalizado en los últimos meses.
Ya habíamos reducido de forma significativa nuestra exposición al riesgo de crédito y a la volatilidad a finales de 2025, tomando beneficios en AT1 tras su mejor comportamiento frente a los bonos corporativos. La exposición a sectores sensibles a los precios de la energía, como automoción y transporte, sigue siendo marginal. No se ha llevado a cabo una reasignación significativa: la asignación sigue siendo altamente selectiva, con una beta limitada y una sensibilidad a tipos de interés inferior a la de los índices, en el actual entorno de volatilidad persistente.
Análisis del contexto de mercado tras el alto al fuego: ¿es sostenible el rebote?
Durante las últimas semanas, el alto al fuego fue el principal catalizador, reforzado además por el tono positivo adoptado por las autoridades estadounidenses.
Los mercados recibieron este renovado optimismo con entusiasmo, ya que los activos de riesgo recuperaron una parte significativa de las pérdidas acumuladas desde finales de febrero. La renta variable y el crédito lideraron el movimiento, recuperando aproximadamente la mitad de las pérdidas en una sola sesión.
No obstante, el optimismo sigue siendo condicional. Los inversores parecen estar sopesando la perspectiva de una desescalada creíble frente a un escepticismo persistente. Las incertidumbres relacionadas con el Estrecho de Ormuz y la durabilidad de la tregua siguen siendo palpables, especialmente en los mercados energéticos y a lo largo de la curva de tipos.
En consecuencia, la energía solo ha recuperado en torno a un 10–15%, y los tipos han revertido aproximadamente entre un 15–25% de su movimiento inicial, con el mercado todavía descontando más de dos subidas de tipos del BCE este año, en un contexto de preocupación por la persistencia de las presiones inflacionistas.
Además, aunque los niveles de valoración se normalizaron en cierta medida durante el conflicto, el ajuste fue contenido: las primas de riesgo de crédito se ampliaron solo ligeramente, mientras que los múltiplos de valoración de la renta variable permanecen elevados, enmascarando una importante dispersión sectorial. Parte del escenario negativo ya se ha incorporado en precios, pero un escenario adverso no parece aún plenamente reflejado. Esto refuerza la necesidad de mantener un enfoque prudente y selectivo.
El rebote ha resultado muy desigual entre clases de activos:
En renta variable, la recuperación estuvo impulsada por los sectores cíclicos (industriales, consumo discrecional, bancos), que habían sido los más afectados durante el conflicto. El sector energético, tras un fuerte repunte vinculado a la crisis iraní (+23%), solo ha corregido marginalmente (-4,8%)(4), reflejando las tensiones persistentes en los mercados de materias primas.
Los sectores defensivos (salud, consumo básico) no actuaron como refugio durante la caída y permanecieron al margen durante el rebote. Por último, el sector del software también registró avances limitados, lo que ilustra desafíos estructurales persistentes.
Asimismo, la rotación sectorial, ya en curso antes del conflicto, ha vuelto a situarse en primer plano. Analizamos el mercado de renta variable a través de cuatro pilares esenciales:
Aunque el crédito tuvo un peor comportamiento durante el conflicto, reafirmó su papel central en la asignación de carteras por su capacidad para generar yield y carry, incluso en un entorno volátil. La limitada caída y el sólido rebote validan aún más la relevancia de nuestra tesis de inversión.