
Las decisiones que adopten los bancos centrales esta semana tendrán menos relevancia que las perspectivas para los próximos meses. En línea con el consenso del mercado, no esperamos cambios en los tipos de interés el miércoles ni por parte de la Reserva Federal (3,75 %, -1,75 % desde el máximo alcanzado en septiembre de 2024), ni por parte del Banco Central Europeo el jueves (2,15 %, -2,35 % desde junio de 2024).
Tampoco anticipamos movimientos por parte de los demás bancos centrales. El principal reto que tienen en común es que deben evaluar en qué medida el encarecimiento de los precios de la energía puede impulsar la inflación en sus respectivas economías. Si bien los bancos centrales actuaron con relativa tranquilidad en sus reunions celebradas a mediados de marzo, los mercados ya habían empezado a descontar activamente posibles subidas de tipos en los futuros.
Seguimos considerando que, incluso en un escenario prolongado de precios del petróleo elevados, la inflación podría mantenerse contenida gracias a factores internos, como la moderación del precio de los alquileres en Estados Unidos. Las previsiones apuntan a tasas de inflación cercanas al 3 % en la zona euro y al 3,5 % en EE. UU. Aunque ambos niveles superan el objetivo del 2 %, no serían lo suficientemente altas como para forzar nuevas subidas de tipos, un escenario que el mercado ya da por descontado.
Por el contrario, el mercado descuenta ahora una posible bajada de tipos por parte de la Fed hacia finales de año. Más allá de este escenario, cobra especial relevancia el próximo cambio en la presidencia de la institución. La continuidad institucional quedó asegurada en diciembre con la renovación de los representantes regionales. Sin embargo, se espera que el nuevo presidente, Kevin Warsh, adopte un enfoque menos explícito en la comunicación de futuras decisiones de política monetaria, centrando su estrategia en la reducción del balance.
Este último punto será sin duda controvertido, debido al actual contexto de déficit presupuestario del Gobierno, que vuelve a situarse en un 6 %. Al fin y al cabo, la reducción del balance tiende, por regla general, a provocar un aumento de los rendimientos de los bonos del Estado a largo plazo.