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Las correlaciones positivas cuestionan el enfoque tradicional de construcción de carteras
La renta variable y la renta fija han desempeñado tradicionalmente funciones complementarias en las carteras de inversión. Históricamente, ambos activos han mantenido una correlación negativa: cuando las acciones se debilitaban, los bonos solían actuar como contrapeso.
Sin embargo, cuando la renta variable y la renta fija muestran una correlación positiva y se mueven en la misma dirección —una característica que ha predominado en los últimos años—, la construcción de carteras se complica para muchas estrategias de inversión.
¿Qué ha cambiado? La inflación.
Aunque son muchos los elementos que pueden influir en estos movimientos relativos, las expectativas de inflación constituyen el factor principal. Antes del conflicto en Irán, los mercados estadounidenses descontaban un escenario desinflacionista motivado por el posible impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo.
Sin embargo, el conflicto en Irán ha desencadenado una crisis energética que ha empeorado las expectativas de inflación y reforzado las correlaciones positivas entre acciones y bonos. En este entorno, el aumento de la inflación eleva los tipos de interés y ejerce presión sobre ambas clases de activos. La consecuencia es una diversificación menos eficaz. Los resultados dependen más de la evolución del mercado que del equilibrio entre activos.
Con todo, creemos que esta situación es transitoria. Aunque la inflación pueda mantenerse elevada a corto plazo, las fuerzas desinflacionistas estructurales —principalmente los efectos de la IA— siguen intactas. A medida que este entorno vuelva a imponerse, ambas clases de activos podrían repuntar y, con el tiempo, las dinámicas tradicionales de diversificación se restablecerían.
Gráfico 1

Implicaciones para la inversión
Dado el probable carácter transitorio del actual contexto de correlaciones positivas —que reduce la eficacia de la diversificación tradicional a corto plazo—, conviene adoptar un enfoque flexible y adaptable en la construcción de carteras. Las estrategias de gestión activa estarían bien posicionadas para afrontar los retos actuales y adaptarse si la desinflación estructural vuelve a imponerse, lo que ampliaría el abanico de oportunidades y permitiría recuperar la diversificación tradicional.