En momentos como el actual, marcados por tensiones geopolíticas como el conflicto en Irán, los inversores vuelven a enfrentarse a una pregunta recurrente: ¿cómo proteger el capital sin renunciar a la rentabilidad?
Desde Metagestión creemos que, en este tipo de entornos, la respuesta no pasa por intentar anticipar cada movimiento del mercado, sino por apoyarse en negocios sólidos, predecibles y capaces de remunerar al accionista de forma consistente.
Por eso, más que perseguir dividendos simplemente altos, creemos más en dividendos sostenibles, aquellos que reflejan un balance sólido que aporta una verdadera capacidad de generación de caja y disciplina en la asignación de capital. El pago de dividendo suele estar asociado a compañías más maduras y rentables, y, en nuestra opinión, la clave no está solo en cuánto reparte una empresa hoy, sino en su capacidad para mantener e incluso aumentar esa remuneración con el tiempo.
La experiencia histórica muestra, además, que las estrategias centradas en el crecimiento estable del dividendo han tendido a comportarse de forma más defensiva que aquellas que se limitan a buscar una rentabilidad por dividendo elevada. En Europa, en concreto, suelen presentar un perfil más resiliente que el mercado amplio y que las estrategias de alto dividendo, especialmente en episodios de estrés, aunque parte de esa resiliencia también puede explicarse por sesgos de calidad, menor concentración y una construcción más equilibrada de los índices.
Bajo este enfoque, la asignación sectorial también resulta clave. En un contexto de incertidumbre, creemos que conviene priorizar áreas con mayor visibilidad sobre sus flujos de caja y con capacidad para sostener una remuneración atractiva al accionista. Sectores como utilities, financiero y energético reúnen características especialmente interesantes, ya sea por la estabilidad que aportan determinados marcos regulatorios, por su capacidad de combinar dividendo y recompra de acciones o por una asignación de capital disciplinada. En tiempos de incertidumbre, lo que se busca es seguridad, y ahí la calidad del dividendo marca la diferencia.
Ahí es donde cobra sentido una estrategia como la de Metavalor Dividendo FI, un fondo de renta variable internacional centrado en compañías con políticas de remuneración atractivas y sostenibles, modelos de negocio resilientes y una selección orientada a la visibilidad del flujo de caja. Por ello, no es casualidad que la cartera del fondo esté resistiendo a los bandazos del mercado mejor que el mercado en su conjunto. A cierre de febrero, la cartera del fondo seguía la siguiente composición:

Como hemos comentado anteriormente, damos más importancia a los sectores donde la visibilidad de beneficios es mayor y donde el dividendo no es una promesa, sino una práctica consolidada. Además, entre las principales posiciones de la cartera del fondo se encuentran nombres como Coca-Cola, Engie, Poste Italiane o Schneider Electric, que reflejan un sesgo claro hacia compañías líderes, con capacidad de adaptación incluso en entornos adversos.
Geográficamente, en el contexto actual, el fondo mantiene un claro enfoque hacia Europa, que representa más del 80% de la cartera, complementado de forma selectiva, a Estados Unidos.
La tesis es sencilla, Europa ofrece hoy valoraciones más razonables que EE. UU., sin renunciar a compañías de calidad y con elevada remuneración al accionista.
Pero más allá del posicionamiento, la clave de cualquier estrategia es su ejecución.
A cierre del día 25/03/2026, Metavalor Dividendo acumula:
- +10,3% a 1 año
- +34,61% a 3 años
- +43,0% a 5 años
En 2026, el fondo ya avanza un +0,88% en el año, mostrando capacidad de adaptación incluso en un entorno marcado por la inestabilidad geopolítica.
Invertir en tiempos de guerra exige una estrategia basada en la calma, la disciplina y la capacidad de identificar oportunidades.
Los episodios de tensión como el actual tienden a generar caídas indiscriminadas.
Sin embargo, es precisamente en esos momentos cuando aparecen las mejores oportunidades.
Desde Metagestión insistimos siempre en tres principios básicos:
- Mantener la disciplina inversora
- Evitar decisiones impulsivas
- Aprovechar las distorsiones de mercado para invertir en calidad
La experiencia demuestra que los mercados premian, a largo plazo, a quienes permanecen invertidos en activos sólidos.