En R‑co Valor Balanced tenéis exposición a minería, pero muy concreta. ¿En qué metales invertís exactamente y por qué?

En R‑co Valor Balanced hacemos una selección muy clara y disciplinada de las compañías mineras que incorporamos a la cartera. Solo invertimos en mineras de cobre y de oro, y esto no es casual: se trata de una decisión estratégica. Al final, son dos metales que tienen funciones absolutamente diferentes dentro de la economía.

Por un lado, el cobre es esencial para el crecimiento económico actual, ya que está detrás de la electrificación: energías renovables, infraestructuras, redes eléctricas, vehículos eléctricos, etc. Por eso, cuando hablamos de transición energética o digitalización, hablamos de un aumento de la demanda de cobre. El oro, en cambio, siempre lo hemos considerado un activo refugio. No es un material industrial, sino un instrumento que históricamente ha proporcionado estabilidad y protección en momentos de inestabilidad económica, conflictos políticos, tensiones geopolíticas o inflación.

Combinando ambos metales, logramos un crecimiento estructural junto con la protección que ofrece el oro. Por eso creemos que esta estrategia es la mejor manera de diversificar y construir una inversión sólida a largo plazo.

¿Por qué preferís invertir en mineras de oro en lugar de comprar directamente el metal?

Invertimos en compañías mineras de oro y no en el oro físico porque esto nos permite ir un paso más allá. Al invertir en estas compañías, accedemos a lo que llamamos el apalancamiento operativo del oro: cuando sube el precio del metal, los beneficios de la compañía aumentan automáticamente, mientras que sus costes permanecen relativamente estables. Esto genera un crecimiento más rápido de los beneficios que si invirtiéramos en el oro en sí.

Además, la elección de las compañías es clave. Existen muchas mineras, pero nos centramos en aquellas bien gestionadas, con activos de calidad, gastos controlados y generación de caja sólida. Esto aporta más valor que invertir únicamente en el oro físico.

Aquí también entra en juego la filosofía de gestión activa de Rothschild & Co. Invertir a través de estas compañías mineras de oro nos permite seleccionar cuidadosamente en qué empresas participar, reducir exposición ante riesgos o aumentar posiciones ante oportunidades. Así combinamos la protección que siempre ofrece el oro con la creación de valor propia de la renta variable.

Ejemplos de compañías mineras de cobre en cartera

En cuanto a las compañías de cobre y oro que tenemos en cartera, buscamos una combinación bastante equilibrada. Por un lado, incluimos productores consolidados, con buenos beneficios, alta rentabilidad y proyectos muy maduros; y, por otro lado, incorporamos compañías que ofrecen un alto potencial de crecimiento a largo plazo.

En la parte del cobre, por ejemplo, contamos con Freeport McMoRan, una de las mayores productoras de cobre del mundo. Esta compañía opera en Estados Unidos y Latinoamérica, pero tienen minas en Perú y Arizona, lo que le proporciona tamaño, diversificación y bastante estabilidad.

En el otro extremo, invertimos en compañías como Ivanhoe Mines, pensando más a largo plazo. Es una compañía canadiense con minas en la región africana, concretamente en la República Democrática del Congo, donde se están descubriendo algunos de los yacimientos de cobre más grandes del mundo. Para nosotros, este tipo de inversión ofrece un potencial enorme a largo plazo, complementando la estabilidad que aportan los grandes productores.

Ejemplos de compañías mineras de oro en cartera

En cuanto al oro, contamos con compañías como Newmont, la mayor productora de oro a nivel mundial. Es una empresa muy diversificada, con operaciones en América, Canadá, Latinoamérica y Australia. Esto nos proporciona exposición a distintas regiones, diversificación y, además, estabilidad, ya que se trata de una compañía muy madura.

Por otro lado, también invertimos en compañías como Agnico Eagle que resulta especialmente interesante porque se centra en países con jurisdicciones muy estables, como Canadá, Finlandia y Australia. Esto nos ofrece un potencial atractivo, combinando seguridad con crecimiento a largo plazo a través de compañías diferentes.

La minería suele percibirse como un sector muy volátil. ¿Cómo gestionáis ese riesgo?

La volatilidad siempre está presente en este tipo de carteras, pero en el R‑co Valor Balanced el peso en minería está muy controlado. Suele rondar un 16%, con ligeras variaciones, y estructuralmente se mantiene en torno a esa cifra, por lo que, integrado en una cartera global diversificada, esto nos permite gestionar bastante bien el riesgo. Además, seleccionamos compañías con costes muy controlados y con negocios maduros que ya generan caja, como Freeport McMoRan o Agnico Eagle. En definitiva, la minería en nuestra cartera es un movimiento para atraer rentabilidad, pero no constituye el núcleo único de la inversión. Este enfoque, combinado con la diversificación global, nos permite equilibrar riesgo y crecimiento.

Mirando al futuro, ¿qué os hace ser constructivos con cobre y oro a medio y largo plazo?

Más allá del contexto macroeconómico del cobre y del oro, en minería el verdadero desafío no es la demanda, sino la oferta. Existe un desfase importante entre la necesidad económica y la capacidad de extraer estos materiales. Por ejemplo, abrir una mina de cobre requiere mucho tiempo: desde los permisos y la exploración hasta la puesta en marcha, puede pasar más de una década antes de empezar a obtener beneficios. Por eso, es clave estar invertidos en compañías que ya están generando flujos.

En cuanto al oro, el argumento es diferente, pero igualmente relevante: cada vez resulta más difícil encontrar nuevos yacimientos de oro en el mundo. La demanda sube, los precios también, pero la oferta sigue siendo limitada.

Por eso creemos que la combinación de cobre y oro ofrece un potencial significativo a largo plazo, especialmente dentro de una cartera diversificada como la del R‑co Valor Balanced.