Hemos visto un marzo con máximos en varios índices, pero también con volatilidad por los datos de inflación. ¿Cómo valoráis desde BNP Paribas AM el comportamiento de vuestra gama de ETFs en este entorno?
El cambio de expectativas ha sido muy grande en prácticamente un mes. Antes del inicio del conflicto se descontaba quizá una bajada adicional en Europa y quizá dos bajadas adicionales de tipos de interés en Estados Unidos. Sin embargo, en solo un mes y medio hemos visto cómo el consenso pasa a situar incluso subidas de tipos en Europa, una posiblemente en junio y otra en septiembre.
A pesar de la volatilidad que hemos visto en el mercado, tanto por el conflicto como por el repunte de inflación, los índices de renta variable han alcanzado máximos en las últimas dos o tres semanas, tras caídas de entre el 5% y el 10%.
A nivel de gama de producto, lo que tratamos casi todos los proveedores de ETFs, incluyendo BNP Paribas Asset Management, es ofrecer una gama de herramientas lo suficientemente amplia como para hacer frente a cualquier situación de mercado, incluida esta. Por ejemplo, hemos visto bastante interés en toda la parte corta y ultracorta de la curva en renta fija. También hemos visto interés en renta variable en aquellos momentos en los que se consideraba que la caída era suficiente como para aprovechar un potencial repunte futuro.
Además, hemos visto mucho interés en nuestros ETFs de metales y energía, que han recogido la subida tanto del petróleo como del oro y otras materias primas. En resumen, tratamos de ofrecer una gama suficientemente amplia y diversificada para que el inversor final pueda hacer frente a todas las condiciones de mercado.
En meses de tanta rotación sectorial como este, ¿qué papel ha jugado la gestión indiciada en las carteras de vuestros clientes? ¿Ha servido más como refugio o como herramienta de captura de rentabilidad rápida?
Respuesta: En el mes de marzo hemos visto mucha dispersión sectorial en cuanto a retornos. La energía ha repuntado alrededor de un 10% en Estados Unidos y más del doble, en torno a un 22%, en Europa, mientras que el resto de sectores se han visto arrastrados por caídas de entre el 3% y el 15%.
Con un mercado tan disperso, la clave es tener muchas herramientas para gestionar estas expectativas. En cuanto a si han servido como refugio, la respuesta es que en parte sí. Ha habido productos como el “overnight”, con duración muy corta, que han ofrecido protección frente a la volatilidad. De hecho, este tipo de producto ha captado cerca de 1.500 millones de euros en menos de nueve meses.
Al mismo tiempo, la otra parte de la cartera, la de renta variable, ha servido como herramienta para aquellos inversores que han visto estas caídas como una oportunidad. Por tanto, la respuesta es mixta: ha servido tanto como refugio ante la volatilidad como herramienta para aprovechar oportunidades de rentabilidad en caídas de mercado.
La IA y la transición energética siguen en el foco… Tras el primer trimestre, ¿estáis viendo un agotamiento en los ETFs tecnológicos o el flujo hacia la gestión indiciada de estos sectores sigue sólido?
En todas las temáticas, como la inteligencia artificial o la transición energética, hablamos de tendencias de largo plazo. Esto no quita que haya momentos en los que el mercado descuente menores crecimientos y estas temáticas puedan tener un comportamiento negativo, como ha ocurrido durante el primer trimestre del año.
Seguimos pensando que, a largo plazo, tiene todo el sentido invertir en estas temáticas y que la tesis de inversión sigue intacta. No obstante, es cierto que, con la volatilidad, hemos visto algo menos de interés directo.
Si analizamos los flujos, observamos que en Europa ha habido entradas netas en ETFs de renta variable de alrededor de 82.000 millones de euros en el primer trimestre. De estos, solo unos 8.000 millones han ido a Estados Unidos, aproximadamente un 10%, cuando históricamente representaban entre el 50% y el 60%. Esto refleja un mayor interés por diversificar fuera de Estados Unidos y del sector tecnológico.
Sin embargo, de forma indirecta, casi la mitad de esos 82.000 millones —unos 37.000 millones— han ido a ETFs globales. Y no debemos olvidar que alrededor del 70% de la renta variable global corresponde a Estados Unidos. Por tanto, el sentimiento es mixto: menor interés directo en tecnología, pero mantenimiento de la exposición a través de vehículos globales.
Con el cambio de expectativas sobre las bajadas de tipos de los bancos centrales, ¿es ahora el momento de los ETFs de bonos de larga duración o recomendáis mantenerse en la parte corta de la curva?
Aquí es importante diferenciar entre los dos bancos centrales, el Banco Central Europeo y la Reserva Federal. Aunque ambos gestionan la política monetaria, tienen objetivos distintos: el BCE tiene un mandato principal de control de precios, mientras que la Reserva Federal también incluye el crecimiento económico y el empleo.
El cambio de expectativas ha sido muy brusco. En Europa se ha pasado de descontar bajadas a anticipar subidas de tipos. En Estados Unidos, la situación es más compleja, ya que resulta difícil cumplir con expectativas de bajadas en un entorno en el que la inflación podría situarse entre el 3,5% y el 4,5% a final de año, junto con una posible desaceleración del mercado laboral.
Por ello, recomendamos mantener una posición bastante neutral tanto en renta fija europea como estadounidense. Sí podríamos ver oportunidades en la parte corta de la curva en Europa en momentos de tensión en tipos.
En Estados Unidos, en cambio, consideramos más prudente mantenerse algo al margen, debido tanto a la incertidumbre sobre los tipos como a la evolución del dólar, que podría retomar una senda bajista frente a otras divisas si se relaja la situación actual.