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La necesidad de reforzar la autonomía europea va más allá del sector de la defensa. En este contexto, se está produciendo una movilización de capital sin precedentes: se han destinado varios cientos de mil millones de euros a apoyar sectores clave en toda Europa, con el objetivo de reforzar su autonomía y competitividad, y garantizar la influencia y la resiliencia a largo plazo de la economía europea.

En este contexto, el Viejo Continente está demostrando ahora su voluntad de recuperar un cierto grado de autonomía industrial. Este enfoque se refleja en un amplio movimiento de reindustrialización del panorama económico europeo. También en este ámbito, el continente cuenta con importantes líderes industriales que se encuentran en una posición idónea para sacar partido de los amplios programas de estímulo fiscal actualmente en marcha.

Entre los valores industriales europeos, nuestro enfoque sigue siendo, una vez más, selectivo. En esta fase, nos mantenemos más cautelosos con respecto a los valores industriales «tradicionales», que siguen enfrentándose a varios obstáculos, en particular el aumento de los costes energéticos y logísticos a raíz de la crisis de Ormuz, así como el riesgo de nuevas barreras arancelarias, sobre todo en Estados Unidos. 

Por el contrario, mantenemos una visión favorable de las empresas industriales directamente expuestas al tema de la inteligencia artificial (IA), en particular aquellas especializadas en infraestructuras eléctricas y en los equipos necesarios para el desarrollo de centros de datos. La dinámica de la demanda en este sector sigue siendo especialmente sólida, como ilustran las tendencias observadas entre varios actores europeos del sector. 

También nos mantenemos optimistas respecto a las empresas que se benefician indirectamente de las tensiones geopolíticas actuales debido a los problemas de seguridad del suministro energético. En este segmento, las empresas dedicadas al transporte o almacenamiento de GNL (gas natural licuado) siguen beneficiándose de una demanda sólida, respaldada por la reestructuración a largo plazo de los flujos energéticos mundiales.