Los mercados globales de bonos siguen ofreciendo algunos de los niveles de ingresos más atractivos de la última década, pero los inversores ya no pueden considerar la renta fija como una simple asignación pasiva.

Los rendimientos se sitúan cerca de máximos de varias décadas y, aunque los bancos centrales están tomando medidas en direcciones diferentes —y a veces opuestas—, las oportunidades siguen siendo muy atractivas. Ahora más que nunca, el éxito depende de una gestión activa de la duración, la geografía y el riesgo de crédito.

Una nueva era para la renta fija 

El año 2022 fue un hito para los mercados de bonos. Una sacudida en el lado de la oferta, provocada por la pandemia y agravada por la invasión rusa de Ucrania, desencadenó un fuerte aumento de la inflación y dio lugar al ciclo de endurecimiento monetario mundial más rápido de la historia. Este periodo puso fin de hecho a la era de los tipos ultrabajos y transformó de manera fundamental el comportamiento actual de los mercados de bonos. 

Dado que los diferenciales de crédito (la prima que se paga por asumir un riesgo de crédito adicional) se encuentran ajustados en términos históricos —y que una mayor parte de la rentabilidad global de los bonos corporativos proviene de los tipos de interés—, es necesario prestar mucha más atención a lo que hacen los bancos centrales. El gráfico que figura a continuación ilustra que, aunque los diferenciales de crédito están ajustados (aunque no tanto como lo han estado recientemente), los rendimientos totales son muy atractivos. 

A diferencia de 2022, los niveles de generación de rentas actuales ofrecen un sólido punto de partida para los inversores. Los rendimientos reales (ajustados a la inflación) que se muestran a continuación vuelven a ser significativos y ayudan a protegerse frente a la volatilidad del mercado. Incluso en una cartera bastante conservadora —con una exposición limitada a sectores de mayor riesgo— sigue siendo posible generar un rendimiento de alrededor del 5-6%.

Los diferenciales crediticios son ajustados, pero los rendimientos globales resultan atractivos

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Los ciclos de política divergentes crean oportunidades 

Una de las características que definen el entorno actual es la divergencia que observamos entre países y en distintos puntos de la curva de tipos. Si nos fijamos, por ejemplo, en la evolución de los principales mercados de tipos en 2025, los resultados son muy diferentes. El año pasado vimos cómo los rendimientos de la deuda a largo plazo de Alemania y Japón se vieron penalizados por aplicar estímulos fiscales. Sin embargo, la razón detrás de la evolución de los tipos en EE.UU. y el Reino Unido tuvo más que ver con el alivio de las presiones inflacionistas y una dinámica más moderada del mercado laboral, con caídas de los rendimientos a corto plazo a medida que se descontaba una mayor flexibilización de la política monetaria. 

Dado que se espera que esta divergencia continúe —y que los acontecimientos que se están desarrollando en Oriente Medio puedan exacerbar esta tendencia—, es importante ser ágil a medida que cambia el panorama. A la hora de construir carteras, elegir el mercado adecuado y el punto correcto de la curva de tipos puede mejorar significativamente los resultados de la inversión.

Evolución de los rendimientos por países y por tramos de la curva a partir de 2025

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¿Dónde residen las vulnerabilidades fiscales? 

Una perspectiva global abre, literalmente, un mundo de oportunidades. Una de las tendencias que actualmente podemos aprovechar en todas nuestras estrategias globales es el atractivo relativo de los mercados emergentes frente a los mercados desarrollados. 

Aunque los mercados emergentes se perciben como más arriesgados, en realidad es en las economías de los mercados desarrollados donde se concentran cada vez más las vulnerabilidades fiscales. De hecho, al comparar la ratio deuda/PIB de un país con su rendimiento real, los inversores obtienen una buena recompensa por mantener deuda de mercados emergentes en comparación con el mundo desarrollado, donde la deuda es elevada y los rendimientos reales son mucho más bajos.

Las preocupaciones fiscales afectan principalmente a los mercados desarrollados, mientras que en los mercados emergentes se pueden encontrar rendimientos reales atractivos

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Al igual que en los mercados desarrollados, a la hora de invertir en mercados emergentes es importante poder seleccionar un país concreto y un punto específico de la curva de tipos. Por ejemplo, en la actualidad nos sentiríamos más cómodos invirtiendo en mercados emergentes con vencimientos más cortos (el tramo de la curva de cero a cinco años), donde los bancos centrales tienen mayor control sobre lo que ocurre si los déficits siguen siendo elevados. Esto también refuerza la necesidad de mantener la disciplina en cuanto a la duración y de actuar con cautela ante una exposición excesiva a la duración larga.

Rendimientos iniciales: un colchón incorporado 

A pesar de las tensiones geopolíticas y la incertidumbre política, los rendimientos iniciales actuales pueden ofrecer una protección significativa frente a las caídas en una amplia variedad de escenarios macroeconómicos. 

Al analizar diferentes escenarios para los próximos meses —desde un crecimiento por debajo de la tendencia y recortes agresivos por parte de los bancos centrales hasta el riesgo extremo opuesto, en el que el crecimiento es insosteniblemente fuerte—, resulta difícil imaginar un escenario en el que la renta fija no aporte valor a las carteras. 

Pero para beneficiarse realmente de los cambios de narrativa, solo si comparamos nuestro propio nivel de convicción con el consenso del mercado podemos comprender verdaderamente dónde residen las oportunidades reales. Obtener ingresos atractivos proporciona una red de seguridad, pero los inversores que quieran ir más allá y aprovechar las ventajas que ofrece el mercado de bonos, deben hacer mucho más que limitarse a comprar bonos.