En este contexto de mercado, ¿considerarán que los emergentes son una buena oportunidad de inversión?
Sí, por supuesto. Desde DPAM pensamos que la deuda pública emergente, sobre todo en divisa local, es una muy buena oportunidad de inversión. A mí me gusta siempre plantear la pregunta de dónde se va a obtener la rentabilidad en renta fija. Al final, en una cartera —especialmente en una cartera defensiva—, la renta fija forma parte de los elementos que generan rentabilidad, y es necesario identificar qué clase de activo puede actuar como motor.
Teniendo en cuenta que la renta fija emergente en divisa local ofrece niveles atractivos de carry, de yield, desde DPAM consideramos que es un buen motor de rentabilidad. Además, lo vemos como una oportunidad de inversión porque aporta diversificación y descorrelación dentro de la cartera. Si analizamos la valoración a un año entre la renta fija emergente y, por ejemplo, los bonos del Tesoro estadounidense, esta se sitúa en torno a 0,25, y frente a otros activos incluso por debajo de 0,20.
Por tanto, aporta rentabilidad, descorrelación y diversificación, lo que refuerza nuestra visión de que se trata de una oportunidad atractiva de inversión.
¿Dónde están hoy las verdaderas fuentes de resiliencia en la renta fija?
Actualmente nos encontramos en un entorno de mercado agitado y complejo, marcado por tensiones políticas y geopolíticas, así como por un choque energético relevante. En este contexto, desde DPAM identificamos ciertas regiones con mayor resiliencia, como América Latina.
Estos países suelen ser exportadores de materias primas, lo que les beneficia en el entorno actual. Por tanto, observamos que algunas zonas geográficas son más resilientes que otras.
Además, hay un elemento adicional interesante: ante un choque geopolítico o energético como el actual, el euro —desde la perspectiva de un inversor europeo— tiende a aumentar su cotización con las divisas emergentes, acercándose a uno. Esto implica que el euro actúa como un amortiguador frente a las turbulencias del mercado, permitiendo suavizar la volatilidad y lograr una rentabilidad más estable.
En este sentido, la renta fija emergente en divisa local nos parece un activo bastante resiliente.
¿Por qué los inversores deben replantearse su exposición tradicional a mercados desarrollados en este ciclo económico?
La deuda pública emergente es, en cierta medida, un activo relativamente nuevo para muchos inversores. Hace 20 años no estaba tan desarrollado ni era tan accesible. Hoy en día contamos con un universo de inversión de aproximadamente 70 países.
En el pasado, las restricciones de capital dificultaban la inversión en ciertos mercados —por ejemplo, China—, pero esta situación ha cambiado significativamente en los últimos 10, 15 o 20 años.
Actualmente, nos encontramos con economías emergentes que presentan mayor crecimiento, mejor control de la inflación y niveles de endeudamiento más bajos. Además, su calidad crediticia ha mejorado notablemente. En contraste, en los países desarrollados hemos visto un deterioro: aumento del endeudamiento, repunte de la inflación y cierta degradación de la calidad crediticia.
Esto ha generado una convergencia en términos de calidad crediticia. Por tanto, consideramos que los inversores deben replantearse la construcción de sus carteras y valorar más los mercados emergentes, ya que ofrecen activos con una calidad superior a la percibida y cada vez más cercana a la de los países desarrollados, pero con una rentabilidad esperada —a través de los rendimientos— significativamente mayor.
Si analizamos el binomio rentabilidad–calidad frente al riesgo, observamos que se trata de un activo cada vez más atractivo en términos relativos.
La renta fija emergente en moneda local ha sido históricamente percibida como volátil, ¿qué ha cambiado estructuralmente para que hoy ofrezca una propuesta más estable teniendo en cuenta el marco de crisis geopolíticas?
En las últimas décadas ha tenido lugar una transformación estructural importante. Los bancos centrales de los países emergentes se han profesionalizado, son más rigurosos, han ganado credibilidad y han definido marcos fiscales más claros.
En muchos casos, los niveles de endeudamiento están limitados y son inferiores a los de los países desarrollados. Además, cuentan con objetivos de inflación cada vez más alineados con los estándares internacionales y, lo más importante, lograrán cumplirlos.
También ha mejorado su calidad crediticia y ofrecen rendimientos superiores. Como consecuencia, la volatilidad ha disminuido significativamente en los últimos años, tanto en los bonos como en las divisas, incluso en entornos de turbulencia.
Por todo ello, se trata de un activo cada vez más resiliente, gracias a la mejora de sus fundamentales.
¿Cómo se traduce esta oportunidad en una estrategia concreta como DPAM L Bonds Emerging Markets Sustainable?
Desde DPAM contamos con ciertos sesgos estratégicos en cartera. Por ejemplo, tenemos una preferencia por América Latina, ya que estos países son exportadores de materias primas, menos dependientes energéticamente y ofrecen rendimientos muy atractivos.
Un ejemplo claro es Brasil, donde se pueden encontrar rentabilidades superiores al 10% en tramos relativamente cortos de la curva, como el plazo a dos años.
Además, muchos países emergentes ya presentan una inflación controlada, incluso por debajo de los objetivos de sus bancos centrales. Mientras tanto, los mercados anticipan subidas de tipos, pero los bancos centrales se mantienen en una posición de espera.
Esto genera oportunidades tanto por las características propias de estos países como por su posicionamiento en el ciclo económico global.
¿Qué elementos diferenciales aportan el fondo en términos de selección de países y criterios de gobernanza, y cómo contribuyen a mejorar el perfil riesgo-retorno?
Dentro del proceso de inversión de DPAM, el primer filtro es la exclusión de países que no se consideran libres y democráticos. Este es un elemento clave. Por ejemplo, en 2022, al inicio del conflicto en Ucrania, el fondo no tenía exposición a Rusia, lo que ayudó a proteger la cartera frente a caídas más pronunciadas. De igual forma, no se mantiene exposición a países de Oriente Medio en determinados contextos de riesgo geopolítico.
El segundo filtro consiste en una clasificación de los países según criterios ESG (medioambientales, sociales y de gobernanza), incluyendo factores como la libertad de prensa, el acceso al agua o la infraestructura sanitaria. A partir de esta clasificación, el fondo invierte al menos un 40% en los países del primer cuartil y un máximo del 10% en el último.
Esto da lugar a una cartera orientada a la calidad, con una calificación crediticia media de BBB. Además, la cartera está ampliamente diversificada, con exposición a cerca de 40 países, frente a los aproximadamente 20 de los índices de referencia.
El fondo también presenta sesgos estratégicos, como sobreponderación en América Latina e infraponderación en Asia, e incluye exposición a mercados fronterizos, principalmente en África.
En términos de resultados, el fondo ofrece actualmente un rendimiento superior al 8% con una duración inferior a 5 años. Desde su lanzamiento en 2013, no ha registrado caídas superiores al 2% en un año; Incluso en 2022, un año muy complicado, la caída fue de apenas 86 puntos básicos.
Por otro lado, en entornos positivos, el fondo ha sido capaz de generar rentabilidades de doble dígito, superiores al 10%. Esto se traduce en un binomio rentabilidad–riesgo muy atractivo, con una volatilidad a cinco años situada entre el 5% y el 6%.
En definitiva, se trata de una clase de activo muy interesante y de un fondo que permite acceder a ella con una rentabilidad atractiva y un perfil de riesgo controlado.