Añadir Estrategias de Inversión en Google
Acabáis de presentar vuestra nueva carta trimestral, en la que ponéis de manifiesto que uno de los grandes errores que puede traer la IA es confundir una innovación notable con una inversión rentable. ¿Es eso lo que está pasando con los vaivenes de la tecnología en el Nasdaq?
Totalmente. La herramienta es muy poderosa y, por eso, invito a la gente que la usó en su momento y la desechó por ser imprecisa a volver a probarla, porque es verdaderamente impresionante.
Ahora bien, como ha pasado con otras revoluciones tecnológicas, hay que tener mucho cuidado con no confundir la potencia de la herramienta con la rentabilidad de una inversión. Carlota Pérez escribió un libro que se llamaba 'Revoluciones tecnológicas y mercados de capitales', en el que explica cómo, a lo largo de la historia, en otras revoluciones, como fueron, por ejemplo, el ferrocarril, el teléfono o internet, han atraído mucho capital porque hay que montar toda la infraestructura.
Al principio, los retornos son espectaculares, pero eso normalmente atrae a mucha gente que quiere capturar esos retornos y suele acabar provocando una sobreinversión y haciendo que la gente que entra al final pierde mucho dinero. Lo vimos en el ferrocarril, donde quebraron muchísimos operadores y, con ello, muchísimos inversores perdieron su dinero.
Entonces, nosotros lo que vemos es un peligro muy grande en la rentabilidad esperada a estos precios y entendemos que quienes están intentando montar la infraestructura estén intentando levantar capital ahora.Lo veíamos hace un mes con Google y sus 86.000 millones; la semana pasada, con el fabricante coreano de memorias SK Hynix levantando 26.000 millones en Estados Unidos; y el año pasado, con los hyperscalers, con 120.000 millones. Son cantidades inmensas.
Para que te hagas una idea, este año se van a invertir 750.000 millones de dólares en montar infraestructura de centros de datos para la inteligencia artificial.Decía Jamie Dimon que la inversión total en Estados Unidos, sumando todas las industrias, es de 4.000 millones, y una sola industria está capturando una parte inmensa de esa cantidad.
Esto ha pasado muy pocas veces en la historia como porcentaje del PIB. Solo pasó con el ferrocarril. Entonces, nosotros lo que advertimos es: cuidado con la euforia y cuidado con los precios, porque hay un peligro enorme en estas inversiones.
Señaláis que el mundo vive un test de estrés real con la geopolítica que nos toca y que priman unos hábitos sociales que persiguen experiencias frente a posesiones. ¿Cómo se traslada esa realidad a la inversión?
Sí, nosotros debatimos mucho sobre si se trata de un cambio social de preferencias o si lo que subyace es, más bien, una distinción entre los bienes que nosotros llamamos de 'ticket pequeño' y los bienes de 'ticket grande'.
En los bienes de ticket pequeño, lo que subyace es que no necesitas financiación para comprarlos, como puede ser el caso de la restauración, los viajes o determinados bienes y experiencias.
Los bienes de ticket grande normalmente son la casa o el coche. Al tratarse de importes mayores, el comprador suele acudir a la financiación para poder realizar esa compra. Entonces, ¿qué vemos? Hace cinco años, los tipos de referencia estaban al 0 % y los tipos de consumo estaban al 2 %, 3 % o 4 %. Ahora nos hemos ido a hipotecas que están al 6 % o al 7 % en Estados Unidos y en Inglaterra.
Lo que vemos es una caída de la compra de casas. ¿Es eso un cambio de preferencias? No lo sabemos. Lo que tenemos claro es que, para el comprador, a día de hoy es muchísimo más difícil poder permitirse esa compra. Eso es lo que estamos viendo en el cambio del destino de los flujos de consumo.
¿Es más difícil, en este entorno, centrarse en vuestro trabajo y buscar, por ejemplo, compañías con buen potencial en sectores que no funcionan bien, o se convierte en una oportunidad de entrada?
Con nuestra filosofía, para nosotros la verdad es que es una fuente de oportunidades. Vemos cómo, tal y como decíamos, el sector de la tecnología está capturando toda la atención y todo el capital por todas esas inversiones. Mientras tanto, hay una parte del mercado que está completamente olvidada y que, además, está penalizada por efectos externos, como la subida de los tipos de interés o toda la inestabilidad geopolítica.
La inestabilidad geopolítica no se queda únicamente en los titulares, sino que está afectando al coste de la energía. Eso afecta a la inflación y a la capacidad de compra de los consumidores. Todo ello nos está presentando oportunidades en sectores en los que está cayendo la demanda por un motivo que nosotros consideramos temporal.
Además, están cayendo también las valoraciones porque el capital se está yendo hacia la inteligencia artificial, que atrae muchísimos más titulares. Para nosotros, eso es un muelle que se va comprimiendo, comprimiendo y comprimiendo, y que presenta una oportunidad enorme de inversión en sectores como la construcción.
Ahora no se venden casas, pero la demanda está ahí, porque la población crece. En algún momento se venderán casas, porque la gente seguirá viviendo en casas. La tesis es así de sencilla.
Tenemos, por ejemplo, compañías como Berkeley Group, en Inglaterra. Asumiendo beneficios normalizados, es una compañía que cotiza a cinco veces beneficios. Los beneficios normalizados, para nosotros, los aterrizamos en un número muy concreto: que se vuelva al número de casas que se vendían en el año 2019, es decir, que volvamos a esos niveles.
Vamos a ser conservadores. Aunque el mundo ha acumulado alrededor de un 20 % de inflación durante estos años, vamos a ignorar ese efecto. A esos niveles de valoración, de cinco veces beneficios, nos parece una inversión incómoda porque no sabemos cuándo va a producirse la recuperación, pero creemos que puede ser muy, muy rentable.
Vemos cómo se comprime ese muelle: demanda deprimida y valoraciones deprimidas. Cuando eso se abra, será muy, muy rentable.
Más de 40 compañías en cartera. ¿Con muchos cambios o sin ellos para esta segunda parte del año?
Nosotros somos inversores a largo plazo. Lo que buscamos son dos cosas: proteger el capital y hacerlo crecer.
Las compañías que tenemos en cartera son compañías familiares, con balances sólidos y que están pasando por momentos cíclicos complicados. Eso es lo que nos permite comprarlas más baratas. Nos permite, por un lado, proteger el capital, porque son buenas compañías y porque están compradas a buenos precios, y, por otro lado, hacer crecer el capital porque, en algún momento, volverán a recuperarse y eso nos permitirá obtener rentabilidad.
Para nosotros, si la compañía no cambia, no se produce una rotación de la cartera. Sin embargo, si los precios se mueven mucho, sí que rotamos algo la cartera. Por ejemplo, teníamos compañías en el sector de la electrificación en las que el tema de los centros de datos era un elemento adyacente, un buen viento de cola, pero no era el elemento dominante. Ahora se está convirtiendo en el tema dominante, tanto en los beneficios como en los múltiplos a los que cotizan las compañías.
Entonces, compañías como Schneider Electric o ABB las estamos vendiendo porque están cotizando a 40 veces beneficios.
Preferimos invertir en compañías del sector de la construcción, como hablábamos antes, como Berkeley Group en Inglaterra o NVR en Estados Unidos.
Son compañías fantásticas, en las que la demanda está deprimida y el múltiplo también está deprimido. No tenemos ninguna duda de que, en algún momento, volveremos a vivir en casas. Eso es lo que nos permite encontrar estas oportunidades. Por tanto, la rotación de la cartera la marcan los grandes movimientos de precios entre los distintos segmentos.
¿Algún valor español y otro internacional a destacar?
Sí. En el segmento de los bienes de ticket grande, el sector de la automoción está afectado por los tipos de interés y también por otros temas, como la llegada del coche eléctrico, la llegada de los fabricantes chinos o la introducción de aranceles en una industria que era global.
En ese segmento encontramos oportunidades, pero somos muy selectivos. En España tenemos una de las mejores compañías del sector de la automoción del mundo, que es CIE Automotive. Está controlada por cinco familias y por sus directivos, y se nota que hay unos dueños detrás que operan como dueños.
A pesar de todo lo que comentaba antes sobre la situación del sector, CIE Automotive está en cifras récord de beneficios y en cifras récord de ventas, además de estar devolviendo capital. Como ahora ve, además, que el sector está recibiendo valoraciones muy bajas, ha recomprado sus propias acciones y está pudiendo comprar otras pequeñas compañías.
Por ejemplo, ha comprado Aludec, en Galicia, que es líder en Europa en todo el ámbito de la serigrafía y de los logotipos para la automoción, como pueden ser los logotipos de BMW o Mercedes. Está pudiendo comprarla a valoraciones muy bajas, de cinco veces EBITDA, y eso le aporta crecimiento de los beneficios y crecimiento futuro del dividendo. Nosotros estamos pudiendo comprar el negocio entero por debajo de ocho veces beneficios, lo que nos parece una oportunidad muy atractiva.
En el lado internacional, la semana pasada estuve visitando la planta que Trigano tiene en Castellón. Trigano es el mayor fabricante de autocaravanas de Europa. Está domiciliada en Francia, pero tiene fábricas por toda Europa y cuenta con más de un 40 % de cuota de mercado.
Algunos de los oyentes que sean usuarios conocerán, a lo mejor, la marca Benimar en España, que se ve mucho por las carreteras. Esta compañía, también de origen familiar, está gestionada fantásticamente bien.
Vale en bolsa menos de 2.000 millones de euros si descontamos la caja, y este año va a terminar con más de 300 millones de beneficio. Entonces, vemos oportunidades muy atractivas en compañías muy bien gestionadas, con una prudencia muy, muy clara y muy marcada.
Son compañías que tienen ciclos y que viven los ciclos. Nosotros no ignoramos esos ciclos, pero, cuando nos ofrecen estas empresas a estas valoraciones, nos parece que son oportunidades de inversión a largo plazo muy claras.
A vuestro juicio, ¿la filosofía del value investing es ahora incluso más necesaria ante la coyuntura casi estructural que parecen atravesar los mercados?
Yo te diría que la inversión en valor es importante, pero, si doy un paso atrás, también destacaría la inversión activa frente a la inversión pasiva.
La inversión pasiva ha ganado una cuota enorme y parte de una premisa: no mira lo que compra y no mira el precio al que lo compra. Simplemente compra todo lo que viene dentro de la cesta. Eso ha funcionado muy bien durante los últimos 15 años porque, dentro de esa cesta, ha habido un segmento muy grande, como el de la tecnología, que ha tenido un desarrollo fantástico.
Sin embargo, la inversión pasiva no está exenta de riesgos. Vemos que, con estas polarizaciones de las valoraciones, el inversor que participa en la inversión pasiva está asumiendo unos riesgos que ahora la inversión activa es capaz de controlar y diferenciar de una manera clara.
Dentro de la inversión activa, la inversión en valor nos parece una manera sensata de invertir: entender lo que compras y qué precio pagas por ello. Es una fórmula que funciona comprando acciones y comprando cualquier otra cosa en la vida.