Casi todos hemos sufrido en uno u otro momento de nuestras vidas, de angustia relacionada no sólo con aspectos de nuestra vida personal, sino de la que está vinculada con los aspectos de nuestra vida financiera y económica.

En algunos casos, se trata una sensación de angustia relacionada con eventos concretos y específicos que detonan una crisis financiera puntual: como por ejemplo la relacionada con la pérdida de ingresos por la falta de empleo o con el enfrentar situaciones no previstas que nos provocan gastos excesivos, como por ejemplo los asociados a un problema grave de salud.

Pero en la mayoría de los casos, la angustia más frecuente, menos intensa pero a veces omnipresente, se refiere a la angustia financiera que experimentamos ante la incertidumbre de nuestra situación económica general presente y futura.

Esta sensación de angustia, en algunos casos se ha asociado indirectamente con indicadores que buscan medir la percepción de las personas respecto de su entorno económico general, como por ejemplo a través de los índices de confianza del consumidor, con los que se entender la percepción de las personas ante el escenario económico presente y futuro, para en última instancia pronosticar algunos casos la propensión de consumo de las personas daba su expectativa de un horizonte económico.

En un libro publicado recientemente titulado "Ansiedad por el dinero", el autor Dan Geller presenta el análisis, y los estudios que realizó para probar tal enfoque, en el que aborda el origen de la ansiedad financiera y establecer su impacto concreto en las decisiones de ahorro y consumo de las personas.

A partir de la construcción de un modelo estadístico de ecuaciones estructuradas, Geller afirma haber podido medir el impacto que la ansiedad financiera presenta en los consumidores en estos temas y los asocia con el desarrollo y crecimiento de ciertas variables económicas relativas al ahorro y al gasto.

El estudio parte de análisis previos realizados para entender la conducta y el proceso de decisión de las personas, como los realizados por el Premio Nobel economía Daniel Kahneman, respecto de los sistemas de pensamiento y decisión: uno basado en impulsos e instintos de desarrollo rápido, y otro uno basado en decisiones "racionales" a partir de la información que adquirimos en el tiempo.

A partir de ello, se parte de la premisa de que los mismos procesos que instintivamente dominaban la conducta de los primeros humanos en relación con la presencia de peligros potenciales o de fenómenos para ellos inexplicables e inciertos (depredadores o el ciclo climático), son los que hoy influyen también nuestras reacciones ante fenómenos financieros sobre los cuales la mayoría de las personas percibimos una elevada incertidumbre y volatilidad (particularmente frente a los complejos y dramáticos fenómenos financieros y económicos en la última década.

Es a partir de este principio de ansiedad financiera que Geller explica el comportamiento en que incurren las personas cuando durante períodos de relativa estabilidad económica son capaces de ahorrar e invertir en productos de largo plazo, mientras que cuando su nivel de ansiedad financiera se incrementa, producto de una perspectiva de volatilidad e incertidumbre futura, cambian su dirección de ahorro hacia mecanismos instrumentos de mucha mayor liquidez; aun cuando en muchas ocasiones no necesariamente representan la mejor opción tratándose de productos orientados a la preservación del patrimonio en el largo plazo.

El planteamiento resulta interesante, aunque evidentemente se requería de realizar revisiones específicas con datos concretos de las distintas economías para comprobar el nivel de alcance su validez en distintos países. Sin embargo la premisa básica es que nuestro nivel de ansiedad financiera nos lleva a tomar decisiones que no necesariamente están alineados con nuestro mejor interés económico de largo plazo.

Y si reconocemos que dicha ansiedad financiera se deriva en gran medida de la incertidumbre que percibimos frente al entorno económico y financiero, y que en muchas ocasiones ello es producto de un desconocimiento puntual los factores reales que ese entorno pueden afectar nuestras finanzas personales; entonces parecería que así como enfrentamos mediante terapia conductual otras manifestaciones de ansiedad, podemos enfrentar los fenómenos que te provocan nuestra ansiedad financiera y eliminar algunos factores irracionales en nuestras decisiones financieras patrimoniales.

Es difícil suponer que podremos eliminar todos los factores de incertidumbre que nos provocan ansiedad, pero con una mejor información y entendiendo los alcances reales de los temas financieros que sí podemos controlar, podemos disminuir esta ansiedad para por lo menos no tomar decisiones que comprometan seriamente nuestro futuro y seguridad financiera.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual, profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

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