Al igual que hicieron los griegos en su época con los troyanos, puede que en lo sucesivo los países periféricos se conviertan en el perfecto caballo de Troya para China y que la invasión en vez de con espadas, lanzas y flechas se haga a golpe de talonario.
El pueblo chino, siempre ha tenido fama de ser un pueblo disciplinado, trabajador y eficaz, y en el entorno macroeconómico poco esperanzador en el corto plazo en el que estamos, puede que se convierta en el perfecto escenario para desplegar, algo más, sus “tropas”. Antes de todo me gustaría compartir con vosotros, a continuación, algún dato que a pesar de su opacidad, ya que son datos proporcionados por el Gobierno Chino, deberemos tener en cuenta.

China es un país de alrededor de 1300 millones de personas, más de un sexto de la población mundial, con un potencial de crecimiento muy importante debido a una tasa de crecimiento que se encuentra en torno a un 9% y un IPC y una tasa de paro de alrededor de un 4%. Consideraremos también que un 55% de la población trabaja en la ciudad y el resto en el campo, motivo por el cual se están empezando a llevar a cabo, gracias a su sobreproducción, la construcción de mega-ciudades para un traslado poblacional. A pesar de su irrisoria renta per cápita se trata de una economía con una relación deuda/PIB de un 16-17% que le permite ser, gracias a su liquidez, uno de los países con mayor parte de las reservas de divisas en el mundo.

Si hacemos un repaso de los últimos años, observamos que a finales de 2010, China compró el puerto de Atenas (Grecia). Este era, entre muchos otros, uno de los movimientos de ajedrez y toma de posesión de activos que estaba suponiendo una entrada estratégica en Europa a nivel de negocio para las empresas chinas. Estaba claro que la crisis económica había dado lugar a una pérdida de valor de muchos activos y China estaba tomando posiciones, así como la participación en construcción de infraestructuras para conectar Europa occidental con Europa oriental. Posteriormente, continuaron acudiendo a las emisiones masivas de deuda llevadas a cabo por parte de los gobiernos en Europa, ya que necesitaban inversión exterior y en el viejo continente no éramos capaces de afrontar la compra del 100% de la misma. Este último paso generaba para China un mayor poder de influencia en la política económica que se dibujaba en Europa y que se continúa dibujando.

Por todo ello debemos pensar y reflexionar sobre la situación en la que estamos, ya que en gran medida necesitamos la financiación exterior para seguir adelante, pero debemos de ser conscientes del problema que supondría seguir sin tomar soluciones de fondo. En un panorama macroeconómico en el que, por lo menos para España, el crecimiento brillará por su ausencia durante 2012, no debemos dejar que nuestros activos más preciados y estratégicos queden en manos de la inversión extranjera. Necesitamos que las medidas del BCE, como por ejemplo la inyección de liquidez vía préstamos al sector bancario al 1%, sirvan para potenciar la liquidez y por tanto el crédito para conseguir el ansiado crecimiento económico.

Puede que estemos de rebajas pero no podemos llegar a la liquidación total.