Desde un plano político, y en unos momentos en los que el Presidente Obama está herido en el plano doméstico e internacional, el asunto de General Motors es un soplo de aire fresco y en cierta manera un éxito. Lo que la Casa Blanca espera que se traduzca en beneficios políticos tangibles en los próximos meses.


El objetivo para la administración de Obama es claro: demostrar al contribuyente que se ha recuperado el dinero tras el rescate forzoso que tuvo que realizarse. Ahora, según la Casa Blanca, ya nadie puede hablar de "Government Motors", sino de una compañía que ha resurgido con una nueva estrategia en un sistema capitalista.

Evidentemente, uno puede o no estar de acuerdo filosóficamente con el hecho de rescartar a empresas privadas con dinero público, pero lo realmente interesante es saber si cala el mensaje en los ciudadanos. Si lo hace, supondrá un margen de acción política considerable, un gran respiro para Obama. Situación que puede ser además muy beneficiosa para atraer a algunos republicanos a una zona política común. Por ejemplo, los senadores republicanos Bob Corker (Tennessee) y Orrin Hatch (Utah) han manifestado su satisfacción con el resultado de GM. Por lo tanto, el asunto ya está teniendo implicaciones prácticas favorables para Obama.

Además, hay muchas posibilidades de que el caso GM tenga éxito. Por un lado, la respuesta de los inversores está siendo bastante positiva, se han sumado Morgan Stanley, Bank of America, JPMorgan, Deutsche Bank e incluso bancos brasileños y chinos. Por otro lado, y a día de hoy, dos tercios de la ventas de GM provienen del exterior, así que esta compañía ya no depende tanto de la marcha de la economía estadounidense como hace unos años. Por ejemplo, GM es el primer fabricante de automóviles que ha conseguido vender alrededor de 2 millones de coches en China, gracias a la expansión de su estrategia corporativa y de negocio en Asia, principalmente en China, así como introduciéndose potencialmente en la India.