Acabo de escuchar una declaración de la Canciller alemana valorando el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo. A la hora de hablar del fuerte crecimiento de los partidos anti-sistema y euroescépticos, incluida la extrema derecha, lo ha calificado como evidente pero también lamentable. Con todo, no se la veía muy sorprendida. Tampoco lo parece la reacción del propio mercado.

Y sí ha habido una novedad sobre lo esperado: la magnitud de la pérdida de votos, que no la propia pérdida, por los partidos tradicionales. Con todo, vayamos por partes. ¿Qué ha cambiado? Podríamos sacar conclusiones positivas con respecto a la participación, frenándose la caída continuada observada en los últimos diez años. Pero, esta estabilidad (o mejora en algunos casos) en la participación,  lo ha hecho a costa de aumentar el peso de los partidos no tradicionales en muchos casos extremistas que podrían superar el 25 % del Parlamento. En definitiva, un parlamento más disperso donde será necesario más que nunca la flexibilidad en las posiciones para alcanzar acuerdos. Entiendo que esto les produzca algo de inquietud: ¿más dificultades para los acuerdos? ¿más aún ante la tradicional dificultad europea de alcanzar acuerdos de calado?. La clave, que no debemos olvidar, es que hoy por hoy nadie puede cuestionar que los resultados del domingo son un reflejo de la situación política doméstica en los países de la EU. Por tanto, teman más bien los potenciales problemas políticos de gobernabilidad que puedan ocurrir en muchos países de la zona. Y especialmente la tentación que tengan sus autoridades para recuperar el electorado que ha girado hacia los extremos dando marcha atrás en las medidas de ajuste o en la pérdida de soberanía.
Les diría que todo esto podría incluso ser positivo para la integración: los grandes partidos pueden tratar de anular a los disconformes en el Parlamento Europeo uniendo sus fuerzas y acelerando el Proceso de integración. Pero, ¿es creíble que la integración europea se acelere en un escenario como el actual? Lamentablemente, es complicado que esto sea así. Con todo, aceptemos lo avanzado en la integración financiera y fiscal y valoremos lo difícil que es dar marcha atrás. Pero siendo realistas en esta relativa calma a corto plazo. En definitiva, no se dará marcha atrás pero es complicado que se avance mucho más a corto plazo.

¿Y si surgiera una nueva Crisis? Mejor no hacer preguntas sin respuesta. O cuya respuesta puede producir escalofríos. Y aquí entra la valoración de la relativa calma del mercado: ¿por qué?. Antes he comentado que, en el fondo, los inversores ya descontaban un escenario con pérdida de peso de los partidos centrales. La mayor diversificación en un abanico de partidos de extrema izquierda, derecha, euroescépticos o directamente populistas. Es más, existe la posibilidad de que muchos de estos partidos o corrientes con posiciones bien diferentes se anulen entre ellos dejando más margen de gobernar de lo que parece. ¿Es lo que están valorando los inversores? Lo desconozco. Pero sí creo que en este momento el protagonismo del ECB es absoluto en las decisiones de inversión. El lunes el Presidente Draghi volvió a repetir que tienen mucho margen para utilizar, tanto en medidas convencionales como no convencionales. Y que verán en función de la evolución del escenario, inflación y expectativas, como utilizarlo con el tiempo. Una retórica recurrente que sigue funcionando.

 ¿Qué no es suficiente para entender la reacción del mercado? Al fin y al cabo, el ECB como integrador europeo (mutualizador de riesgo) también tiene sus limitaciones. Y son precisamente políticas. Piensen por ejemplo, dentro de la supervisión financiera, en la Unicidad de depósitos o en la concreción del Mecanismo único de resolución de Crisis. Sin duda, la reacción de calma también se debe a la propia mejora de los activos internacionales. Las bolsas norteamericanas alcanzando nuevos máximos, con la volatilidad implícita en mínimos de siete años. ¿Racional? Hace ya mucho tiempo que he dejado de preguntar sobre la racionalidad de las cosas. Hoy por ejemplo ya no sorprende que la bolsa y deuda suban en paralelo. ¿Mercados distorsionados? No escucho a ningún banquero central que advierta sobre sus potenciales implicaciones. Y el que calla, otorga.

En definitiva, relativa calma en los mercados ante un resultado de las elecciones al Parlamento Europeo con evidentes  potenciales implicaciones negativas a medio plazo. Pero muy limitadas a corto. Y los inversores viven del corto plazo. Es lo que hay.


José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España