Seguimos dentro de una semana rara, ya que no tenemos datos macro de importancia en EEUU y seguimos bajo la influencia de las medidas anunciadas por el BCE.
Con las fuertes subidas el jueves y viernes pasado, nos hemos quedo acercándonos a la parte alta de la parábola que dibuja un lanzamiento al aire y el impulso se está nutriendo de las consecuencias de las medidas del BCE, básicamente mostrando su cara en el euro y en el mercado secundario de deuda.

Hoy la estrella del mercado secundario de deuda es sin ninguna duda Grecia. Samaras ayer hizo cambios en el Gobierno con 8 nuevas incorporaciones con la más importante en Economía, colocando como Ministro de Economía al economista Gikas Hardouvelis.

El perfil de las personas que ocupan estos cargos es muy mirado por el mercado, ya que les determina con qué “pasión” van a seguir el camino trazado, o les gusta más bien irse de excursión por zonas peligrosas. La persona en cuestión es un tecnócrata que ya fue consejero de gobiernos previos y es más o menos de la misma línea que el anterior Stournaras, por lo que el mercado hace una lectura de continuidad en la política y eso es recompensado con más estabilidad y bajada de tipos.

En concreto, a 10 años baja al 5,44% y a 5 años baja del 4% por primera vez desde diciembre de 2009, así que poco a poco vamos acercándonos a zonas anteriores a la crisis.

Evidentemente, todo esto también está ayudado por las medidas del BCE que han puesto al EONIA al nivel más bajo nunca visto y eso favorece operaciones de carry trade con destino a la deuda pública con más rentabilidad ahora mismo.

Como podemos imaginarnos, las bajadas de tipos en todas partes están ayudando mucho al mercado, pero lo mismo que dan alegrías, levantan preocupaciones.

Por un lado tenemos que la rentabilidad del mercado de deuda está bajando y estamos viendo que los activos de riesgo están subiendo, ambos movimientos suponen un aumento de precio y en el mercado de deuda en particular, esto suele costar de entender. Para que nos hagamos una idea, cuando estamos en un entorno de bajadas de tipos de interés y del resto de medidas por parte del Banco Central Europeo, hay dinero que no puede salir de la deuda pública por definición y eso hace que se vaya buscando la rentabilidad más alta que esté disponible dentro de las reglas de compromiso que tiene ese dinero. En cuanto se activa el movimiento por las medidas del Banco Central Europeo, hay cierta prisa por encontrar la rentabilidad, ya que el que llegue último, la encontrará más baja, un efecto que hace que los precios sigan subiendo y la rentabilidad bajando. Al mismo tiempo, otro dinero se da cuenta de que las bajadas de rentabilidad ayudan a bajar el coste de financiación de las empresas y eso favorece la inversión para el crecimiento, amén de endeudamiento y crédito en las familias, por lo que se aprovecha la situación para meter dinero en el riesgo, esperando mayores valoraciones de las empresas, así que tenemos subidas de precios tanto en el riesgo como en la deuda pública.

Sin embargo, el entorno de bajos tipos de interés y una subida prácticamente constante de los activos de riesgo, empiezan a despertar el miedo a una burbuja en los activos. En meses anteriores, algunos miembros actuales y pasados de la Reserva Federal descartaron la aparición de una burbuja en los mercados, pero aquí en Europa las voces avisando de esto mismo están empezando a hablar muy alto.

Uno de ellos es el famoso Instituto ZEW cuyo presidente en la prensa ha dicho que ya tenemos todos los ingredientes para una burbuja y peor que se va poner la situación ya que en su opinión hay un 95% de probabilidades de que la siguiente medida sea un programa de compra de deuda.

Cada vez que el BCE toma medidas es un arma de doble filo, ya que por un lado es positivo por la ayuda que supone para la economía y para los mercados, pero por otro lado es un reconocimiento explícito no sólo de que la situación está mal, sino de que va a ir a peor, y es precisamente esto último lo que hace que haya un riesgo implícito en el mercado que se incrementa a golpe de medida. Si esto lo unimos a una volatilidad mísera, estamos acumulando pólvora en un cañón que no se sabe cuándo puede explotar. Quizá nunca lo haga, ojalá, pero lo que es cierto es que la situación deja muy claro qué es lo que hay que hacer si aparece otro cisne negro, ya que todas las operaciones caerán del lado bajista en multitud de activos, por lo que puede ser el comienzo de un efecto bola de nieve.

También debemos ser conscientes de que cuanto mayor sea el crecimiento de este miedo implícito, más se incrementa la presión en sentido opuesto por sentimiento contrario.

Este miedo implícito suele alimentarse de desequilibrios y el que más está llamando la atención en todas partes es el extraordinario comportamiento de la deuda española con respecto a la deuda tanto inglesa como norteamericana. Nuestro bono a 10 años ha adelantado por la izquierda a los otros dos, poniendo la rentabilidad por debajo y donde es más que notable es la diferencia de rating, algo que se está subrayando constantemente desde el mundo anglosajón como excusa para no confiar en poner dinero a largo plazo de nuestra economía. La situación es tan anómala, que incluso el Deutsche Bank la ha puesto como ejemplo del tiempo extraordinario que estamos viviendo en la historia económica del planeta.

Muchos también son conscientes de esta anomalía y dicen que las rentabilidades alcanzadas por la periferia, rondando el 7%, abrieron oportunidades desconocidas en la historia para cazar esas rentabilidades en el largo plazo y eso ha despertado una competición entre profesionales del sector financiero casi fraticida pues en este negocio, el que más rentabilidad consigue, se lleva más clientes, y el que menos, los pierde, incluso el trabajo. Por lo tanto, este desequilibrio se está vigilando muy de cerca por si es el origen del siguiente cisne negro.