Fue economista del ECB entre 1998 y 2006.

Fue uno de los “halcones” de la Entidad, defensores de una flexibilidad mínima monetaria. Y de hecho, lo sigue defendiendo ahora como asesor externo de un banco de inversión y Presidente del Centro de Estudios Financieros (CFS) en Frankfurt.

 

Ayer escuché un comentario suyo muy interesante pidiendo, precisamente, una mayor flexibilidad a la hora de considerar los riesgos de inflación. En definitiva, descartando la posibilidad de deflación considera que el ECB debería ser más proactivo para luchar contra la inflación que para provocarla. Aceptar, por tanto, una inflación más baja a corto plazo frente al objetivo. Más tarde o más temprano las subidas salariales, en un contexto de estabilidad o recuperación de los precios del crudo, llevarán la inflación al alza. Y puso como ejemplo la subida de los salarios en Alemania.

 

Pero los precios de consumo han vuelto a descender en cifra anual en Alemania.

Y en la zona EUR.

Al mismo tiempo, las perspectivas de inflación se deterioran….¿temporal?.

 

 

Es un proceso mundial. Y debe ser el Mundo de forma coordinada el que se enfrente a ello.

Pero, pese a la buena noticia de fondo de que el G20 lo esté analizando, lo cierto por el momento es que se ha preferido dejar que cada país tome sus propias decisiones. Eso sí, abriendo la puerta a medidas fiscales al mismo tiempo que monetarias. Y reformas estructurales, sean las que sean.

 

¡Son los mercados¡ las autoridades alemanas siguen aludiendo al efecto pernicioso de una política monetaria demasiado laxa.

Pero, desde el Consejo del ECB las valoraciones son dispares: desde Visco (no ve efectos negativos no intencionados), Linde (el escenario económico es mucho más negativo) y Galhau (el peligro es la deflación no la inflación).

Pero, es cierto, Weidmann sigue defendiendo que el ECB debería mirar más allá de los efectos de la caída de los precios del crudo.

 

Sí, el G20 valoró el riesgo derivado de los mercados. De su inestabilidad. Y en mi opinión la política monetaria sigue siendo tan eficiente como al principio de la Crisis. Pero, también es cierto, la falta de credibilidad ahora exige medidas más agresivas. Esto nuna es fácil si hay divergencias.

 

Ayer mismo en una reunión con economistas uno de ellos cuestionó las políticas de demanda, especialmente las monetarias. En su opinión, tenían más problemas a plazo que beneficios a corto. Por el contrario, defendió las reformas estructurales. Lamentablemente, no dejó nada claro cuáles son, cuáles son sus beneficios a corto plazo y cuáles son sus obstáculos en la implementación. Obstáculos políticos y sociales, naturalmente.

 

Yo estoy de acuerdo en todo lo anterior. Pero, desde una perspectivas práctica, no veo posible dejar de lado las medidas de demanda. Aunque sólo sean para mantener el status quo de la situación financiera y económica. Dar tiempo, pero un tiempo que no siempre es bien aprovechado. Esto también es cierto.

 

José Luis Martínez Campuzano

Estratega de Citi en España