Los datos de ventas al por menor de abril, en primer lugar.

Los datos de ventas de viviendas nuevas, también del mes pasado,  en segundo término.

Dos datos de coyuntura que han reafirmado la posición del mercado para esperar que la Fed suba tipos de interés durante el verano. Ya se asigna una probabilidad por encima del 50 % a que esto ocurra en julio, pese a que en principio no hay anunciada una conferencia posterior a la reunión.
 
Las Actas del FOMC de abril dejaron más o menos claro que se consideraría la fortaleza de la recuperación económica, valorable en los datos de empleo y la inflación. No, no hizo alusión en este caso al mercado.
Los datos de empleo de mayo se publicarán la semana próxima.

Y la única referencia relevante de inflación,  más allá del breakeven del mercado, nos la ofrece el PCE de gastos personales o del PIB. Mañana conoceremos los datos del Q1, revisados. Unos datos obsoletos. Y para datos nuevos tendremos que esperar casi diez días.
 
Pero, hoy sí podríamos conocer datos relevantes en términos de los pedidos de bienes duraderos de abril. Ya les voy anticipando que esperamos datos altos, muy por encima de la previsión del mercado (2.5 % vs. 0.5 %; core en 1.0 % desde 0.3 %).

De hecho, es la inversión uno de los datos “de calidad” en los que probablemente piensa la Fed. Los otros se pueden referir al propio empleo y al sector residencial.
 
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Más tarde, el viernes, conoceremos la encuesta de consumo de Michigan.
 
¿Suficientes estos datos para subir tipos? Hay una norma no escrita que recomienda a los bancos centrales aprovechar las oportunidades para tomar decisiones. Quizás más tarde ya no puedan.

Algo de esto debió pensar la Fed en diciembre del año pasado. Aunque, ¿a qué coste?. En esta pregunta incluyo la fuerte inestabilidad de los mercados financieros que obligó a la propia Fed a retrasar la subida de tipos prevista a principios de año y al resto de los principales bancos centrales a emplearse a fondo para combatir la inestabilidad financiera. El G20 de marzo reflejó claramente que debe existir coordinación internacional a la hora de tomar medidas, lo que pasa por aceptar que la estabilidad financiera debe ser valorada en sentido amplio.
 
De hecho, la propia salud de la economía norteamericana es un tema de creciente debate entre los economistas. ¿Hasta qué punto la combinación de política monetaria expansiva internacional y caída del precio del crudo ha contribuido a aplazar la desaceleración cíclica? ¿es la propia desaceleración actual el inicio de la moderación cíclica del ritmo de crecimiento?.

Consideremos por un momento la caída de los beneficios empresariales USA durante el Q1 cercana al 9 % anual. Al final, tres trimestres consecutivos de descenso de beneficios. Una situación anómala desde una perspectiva histórica la recesión de beneficios y la expansión económica. Ya sé : me dirán que el hecho de que el ajuste de beneficios se haya centrado en la energía y en la banca no debe generalizarse al resto, lo que hará más fácil de entender el aparente decoupling entre producto y beneficios. Pero, son casi 10 sectores de los 16 los que registran caídas de beneficios. Con todo, es cierto, que ahora el escenario es diferente a otra situación pasada precisamente debido a la propia inestabilidad de los precios externos y de las divisas.
 
¿Una conclusión de todo esto? Ser prudentes. Y esto se extiende a la propia Fed. Yo al menos espero que lo sea el mes próximo. Veremos.
 
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José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España