Hoy Tsipras nos regala otro titular optimista diciendo que si no tocan las pensiones en las peticiones, entre otras, podemos tener acuerdo. Vamos, que si se hace lo que ellos dicen y no lo que dicen los acreedores, puede haber un acuerdo. Tsipras juega la única carta que tiene y es la posibilidad de que una Grecia fuera del BCE acabe recuperando su economía dentro de unos años devaluando su nuevo Dracma, algo que pondría en cuestión la permanencia de otros países también tocados por la crisis, pero claro, nadie sabe en realidad cuál es el perjuicio real para lo que queda de Grecia, es decir, es una especie de salto al vacío.

Lo que está encima de la mesa son medidas que generan certidumbre en el recorte de gastos por parte de los acreedores pero Grecia pone encima de la mesa incertidumbre a base de intenciones futuras, y claro, a un acreedor sólo le valen medidas concretas, “hechos son amores y no buenas intenciones”. La combinación entre obligaciones económicas y bienestar social no es labor de un acreedor, sino del Gobierno griego, por ejemplo, haciendo caso a las innumerables peticiones de los acreedores de recoger bien los impuestos.
Recordemos que Alemania, entre otros, les ha dado ya una especie de ultimátum a Grecia diciendo que el tiempo se ha acabado. Mañana Tsipras se reúne con Merkel y Hollande, pero la verdad es que tenemos un bloqueo importante porque decir “sí” a los acreedores es casi equivalente a aceptar que en la campaña electoral se mintió, así que Tsipras está entre la espada y la pared, pero claro, si Grecia sale del Euro, Tsipras seguirá siendo presidente.