Curiosamente, las crecientes dudas sobre la recuperación económica en USA han coincidido con una creciente calma en los mercados emergentes. No se confundan: pese a la calma de la que hablo ha seguido saliendo dinero de estos mercados.  Y en mi opinión, tampoco es una cuestión de coincidencia.

No, no voy a hablar de Ucrania.

Ya identificamos el detonante de las tensiones: la subida de los tipos de interés de largo plazo en USA de la mano del cambio (presente, futuro) de sesgo desde la Fed. Pero, las razones de fondo detrás de estas tensiones eran varias: 1. la elevada sobredimensión de estos mercados durante los primeros años de la Gran Recesión; 2. la acumulación de desequilibrios de estas economías. En definitiva, la normalización de las perspectivas de crecimiento de las economías desarrolladas ha llevado a la repatriación de flujos financieros desde estos mercados que han acentuado los problemas domésticos. Tan sencillo y al mismo tiempo tan dramático.

¿Hasta cuándo? Como dije al principio, en las últimas semanas hemos observado una cierta calma en estos mercados con su mejor reflejo en las divisas. Y esto en un contexto de creciente desconfianza e incertidumbre internacional por el desarrollo de los acontecimientos en Ucrania. ¿Se puede considerar finalizada la Inestabilidad (no me atrevo a llamarla Crisis; si acaso, desconfianza) de los mercados emergentes? Dicen que el pasado reciente es el mejor indicador a futuro. Demasiado simple. En nuestro caso nos enfrentamos a varias cuestiones: en algunos casos, la necesidad de financiar un déficit por cuenta corriente sinónimo de pérdida de competitividad; en otros, la necesidad de ajustar la demanda interna que lleva a un déficit exterior complicado de financiar en un entorno como el actual; en algunos países, una elevada deuda y exceso de crédito en un entorno de desaceleración económica; inflación de activos; inflación de bienes. No, es pronto en mi opinión para concluir que los riesgos de estos mercados como sinónimo de riesgos económicos ya son historia.

Hace un mes finalizaba una nota sobre las economías emergentes dejando una pregunta en el aire sobre el potencial impacto positivo en la demanda exterior desde la recuperación de las economías desarrolladas. Los últimos datos conocidos han sido sin embargo desalentadores. Incluso en el caso de la demanda de importaciones de la economía norteamericana. El propio crecimiento del comercio mundial  vuelve a dar señales de moderación tras la aceleración que vimos en la segunda mitad del año pasado.

José Luis Martínez Campuzano

Estratega de Citi en España