XXIII Encuentro del Sector Financiero: El reto de la rentabilidad en un entorno
incierto/ABC, Deloitte
Luis M. Linde
Gobernador

http://www.bde.es/f/webbde/GAP/Secciones/SalaPrensa/IntervencionesPublicas/Gobernador/Arc/Fic/linde190416.pdf 

En definitiva...

*       Nuestra recuperación difícilmente se podrá seguir apoyando, en igual medida en que lo hizo en 2015, en estos factores expansivos. La combinación de estímulos procedentes tanto de políticas de demanda -política monetaria y política fiscal-, como de las caídas del precio del petróleo, observadas desde 2014, va a tener un menor impacto sobre el crecimiento.

*       Por todo ello, debemos esperar para el presente año y también para 2017 crecimientos de la economía española más moderados que en 2015, tal y como se desprende de las últimas proyecciones publicadas por el Banco de España y por diversos analistas e instituciones internacionales, con tasas de crecimiento del PIB del 2,7 % y 2,3 % para 2016 y 2017, respectivamente.

*       Este menor crecimiento se va a producir cuando estamos todavía lejos de haber corregido suficientemente los graves desequilibrios que se acumularon en la expansión y en los primeros años de la crisis, que pueden resumirse en cuatro apartados: el mercado laboral; la consolidación fiscal y la evolución de la deuda pública; el endeudamiento privado y la dependencia de la financiación exterior; y la productividad.

*       Pero no se trata sólo del elevado volumen de paro, sino, además, de la elevada proporción de parados de larga duración (definidos como aquellos que están más de un año desempleados). Nuestra tasa de parados de larga duración apenas si ha bajado desde el máximo alcanzado en 2014, lo que hace que, hoy, triplique el nivel observado en 2008; si el cálculo lo hacemos con los desempleados que llevan más de 2 años en esa situación, la correspondiente tasa ha aumentado por encima del 44 % en 2015, multiplicando por 4 el nivel observado en 2008.

*       La dualidad de nuestro mercado de trabajo -cuyos efectos negativos sobre la productividad, las decisiones de inversión en capital humano o la misma negociación colectiva nadie niega- no podrá reducirse si sigue existiendo un gran desequilibrio entre los costes laborales -incluidos costes de despido- de los empleos indefinidos y de los temporales. Pero no es probable que se consiga disminuir la dualidad y, a la vez, aumentar el empleo total -que debe ser la gran prioridad- por la vía, simplemente, de incrementar los costes laborales del empleo temporal.

*       Un volumen tan elevado de deuda pública implica, evidentemente, grandes necesidades de refinanciación en los mercados de capitales, lo que incrementa la vulnerabilidad de nuestra economía, tal y como se hizo patente durante la crisis de deuda soberana de la zona euro a partir de 2010. Cada año, nuestras administraciones públicas tienen que obtener fondos que equivalen a más del 20 % de nuestro PIB, lo que significa una gran dependencia de los mercados y de las expectativas que existan sobre nuestra situación económica y política.

*       Un nivel elevado de deuda pública implica, incluso en contextos como el actual de tipos de interés bajos o muy bajos, un servicio de deuda con grandes pagos por intereses. Para compensar este gasto y alcanzar un equilibrio o un superávit total que permita contener y disminuir la deuda es preciso obtener superávits primarios significativos; pero esto puede afectar a la actividad y al empleo si, por ejemplo, la política fiscal comporta niveles de imposición o figuras impositivas que afecten negativamente al crecimiento, o menores niveles de gasto productivo. Además, un nivel de deuda pública elevado reduce el margen de maniobra para que la política fiscal pueda ejercer un papel contracíclico, una palanca particularmente valiosa en el seno de una unión monetaria, en la que no puede haber ajustes cambiarios respecto a los demás miembros de la unión.

*       Independientemente de estas reformas, hay mecanismos de seguro y ahorro que pueden ayudar a complementar el sistema de reparto. Pero, como ya he señalado, un elemento crucial para el sistema público de pensiones es el dinamismo del empleo. En esta conexión entre empleo, pensiones y finanzas públicas, es donde, yo creo, se concentra el "núcleo duro" de las dificultades a los que se enfrentará nuestra economía durante los próximos años.

*       La deuda neta externa de la economía española se situó en torno al 93 % del PIB a finales de 2015, muy por encima de lo observado en otros países en posición deudora de la zona el euro o en el conjunto de países desarrollados, para no compararnos con otras economías de la Unión Monetaria, como Alemania, Bélgica y Holanda, que mantienen una posición externa acreedora.

*       A largo plazo, el crecimiento económico viene determinado, fundamentalmente, por los avances de la productividad. En nuestro caso, la productividad total -variable que trata de aproximar el nivel de eficiencia de la economía y que depende, entre otros factores, de los efectos de las mejoras tecnológicas y de la eficiencia de las instituciones y de las normas existentes en una economía, - mostró un empeoramiento significativo durante los años de expansión previos a la crisis, registrando tasas levemente negativas a partir de 2000. A pesar de cierta mejora a partir de 2008, ligada a la desaparición de empresas poco productivas, España sigue presentando un crecimiento de la productividad significativamente inferior al promedio de las economías desarrolladas.

*       Los factores que parecen estar detrás de la mediocre evolución de la productividad de nuestra economía son diversos y complejos. Aparte de que España presenta niveles significativamente más reducidos en capital tecnológico que otros países desarrollados, se suelen citar factores como la existencia de elevados costes y barreras administrativas para la creación empresarial, el bajo nivel de competencia en algunos sectores o el reducido tamaño de nuestras empresas. La baja productividad puede relacionarse también con algunos aspectos del mercado laboral a los que ya me he referido, como la desconexión entre la evolución de las condiciones retributivas y la situación específica de cada empresa y la dualidad laboral, que dificultan una reasignación de recursos entre empresas y las decisiones de acumulación de capital humano.


José Luis Martínez Campuzano
Estratega de Citi en España