Ya sabemos que toda nueva medida le sabe mal a Alemania, pero es que el gobernador del Banco Central de Estonia, Hansson, también ha dicho que su preocupación principal son los efectos secundarios, por ejemplo, los relacionados con la estabilidad financiera, ya que si el precio de los activos aumenta podríamos, antes o después, llamar a todo esto una burbuja. Los participantes del mercado más conservadores también podrían empezar a tener que asumir enormes riesgos que no son sostenibles.
 
También dice que esas nuevas medidas podrían hacer que los nuevos gobiernos no tuviesen estímulo suficiente para poder acometer reformas estructurales y preparar todo para una enorme burbuja.
 
Todo lo anterior se plasmó en su opinión en la última reunión del Consejo de Gobierno, porque fue de los pocos que estuvo en contra de todas las medidas nuevas que se han tomado.