Lo que ha pasado con la lectura de las actas de la Reserva Federal no es algo nuevo, pero la novedad es, una vez más, que empiecen a poner fechas a esas cosas que les andan rondando la cabeza desde hace tiempo.
 
Vayamos por partes. Recuerden que durante toda la crisis la Reserva Federal de forma activa se puso a comprar activos en el mercado secundario para tener controlados los tipos de interés. Dentro de dichos activos se encuentran activos respaldados por hipotecas, los famosos MBS. Al comprar este tipo de deuda hipotecaria lo que se fomentaba era que hubiese una mejor transmisión de la política monetaria hacia la economía real. Al comprar activos de deuda hipotecaria se fomentaba la generación de hipotecas pues había salida en el mercado secundario de la combinación de hipotecas para crear un instrumento de deuda de largo plazo. Ese dinero entraba en los bancos originadores de hipotecas y eso al final acababa pasando al mercado inmobiliario.
 
Además, comprando deuda del tesoro, se bajaba la curva de tipos, se hacía más barata la financiación en el largo plazo, y se incentivaban los proyectos basados en el crecimiento y de largo recorrido, los que al final crean empleo de cierta calidad.
 
Todo lo anterior parece que funcionó, la economía de Estados Unidos se ha puesto en marcha, y nos hemos metido en un ciclo de subidas de tipos de interés.
 
Hasta aquí, todo muy bien, pero la mayor preocupación de los bancos centrales ahora mismo es que los tipos de interés y los programas cuantitativos han dejado a sus armas de primer grado en una situación para luchar contra una posible nueva crisis, demasiado agotadas. Si los tipos de interés no consiguen recuperar las alturas anteriores a la crisis financiera, el hecho de bajar los tipos de interés no tendrá tanto efecto como pasó antes si hay que hacerlo otra vez, por lo que en cierto sentido las armas ahora mismo no tendrían tanta potencia de fuego como en casos anteriores.
 
Visto lo anterior, la principal preocupación es la de intentar recuperar los tipos de interés más altos posibles sin descarrilar la economía, para de esa manera poder bajarlos cuando se requiera.
 
La cuestión que más daño ha hecho es la referencia a la hoja de balance de la Reserva Federal. En estos momentos tienen una cantidad enorme de activos en cartera con la que se está haciendo dos cosas: la primera de ellas es que todo lo que está recibiendo en forma de cupones, se está volviendo reinvertir en el mercado, por lo que hay un programa cuantitativo en marcha, pero de mucha menor cuantía. La segunda es que quieren deshacerse en algún momento de toda esa cartera para tener la posibilidad de volver a comprarla en caso de que haya problemas.


source: tradingeconomics.com
 
El punto delicado en este momento es que ponerse a vender toda esa cartera en el mercado secundario significa añadir un exceso de oferta en un activo que puede disminuir muchísimo los precios, lo que haría subir las rentabilidades y dañar a la transmisión de capitales de todo el sector inmobiliario, ya que si se espera que las rentabilidades de esos activos suban, porque baja el precio, hay un momento en donde no es conveniente comprar porque estarán a mejor precio en un futuro, por lo que si no hay dinero que compré activos respaldados por hipotecas, no entrará dinero nuevo a los bancos originadores y habrá una desaceleración de la concesión de hipotecas.
 
Por lo tanto, están discutiendo a ver qué pueden hacer y cómo lo pueden hacer para reducir el impacto en el mercado secundario y en la economía general. Han hablado de empezar a deshacerse de ella a finales de este año, pero los cálculos nos llevan a pensar que deshacerse de toda esa cantera tendría el mismo efecto que una nueva subida de tipos de interés. Recuerden que la perspectiva ahora mismo es la de tener tres subidas de tipos, algunos de la Reserva Federal hablan de cuatro, pero si contamos con la reducción de la hoja de balance, podrían ser cinco. Claro está, hay que ver cómo se deshacen de esa cartera, y es de esperar que se tengan mucho ojo en la manera que se hace y la velocidad de la misma.
 
Hay que tener en cuenta que las predicciones de la Reserva Federal no incluyen de ninguna manera ninguna política de la administración de Donald Trump, algo que nos hace ver que nadie se fía de él. Además, el no sacar adelante la reforma de la ley de sanidad y los cambios que está haciendo cada dos por tres en puestos claves de la seguridad nacional, nos hablan de alguien que no tiene las cosas demasiado claras y además no sigue una línea recta que una sus promesas electorales con las realidades que se encuentra uno en el despacho oval, lo que incrementa la desconfianza.
 
Durante muchísimas reuniones del FOMC se ha hablado de que no se ven indicios de burbuja en ningún activo, pero ahora algunos miembros de la Fed ven que las acciones están bastante arriba comparadas con una medida de valoración estándar. Esto se ha tomado como una señal de alarma al mostrar preocupación por burbujas.
 
Algo extremadamente llamativo es que han comentado que ver unas acciones y mercados bursátiles tan altos no se basan tanto en una fuerte economía como la perspectiva de rebajas fiscales. Por lo tanto, se vuelve a subrayar que estamos en un momento en donde las esperanzas de Donald Trump son las que han movido el mercado pero no el subyacente económico. Hay que recordar que las manos fuertes no han entrado compradoras y como mucho se han colocado en algún momento ligeramente bajistas, por lo que este factor hay que tenerlo muy en cuenta por si aparecen sustos.