Todo el mundo se está obsesionando con la ralentización de la economía. Ya hemos visto que Japón pide coordinación de los bancos centrales para evitar turbulencias y hoy la OCDE pide más apoyo para el crecimiento y que no se mire tanto a los bancos centrales como ángeles salvadores.
 
Si hay algo que han tenido en común todos los bancos centrales del mundo que han tenido que intervenir para salvar a sus propias economías bajando los tipos de interés, es lo machaconamente insistentes que han sido en decir que ellos no tienen la solución a todos los problemas y que tiene que haber más apoyo por parte de los gobiernos. Pues bien, la OCDE vuelve a decir esto mismo pidiendo que tomen acciones y pasos colectivos y urgentes para aumentar el gasto de inversión para apoyar el crecimiento económico.
 
Lo que ha sorprendido a todo el mundo es la visceralidad con la que pide semejante acción, pues es el tono más alto desde la última crisis, algo que está alertando a más de uno acerca de que lo que tenemos entre manos tiene más peligro de lo que podría parecer en un primer momento.
 
Al comienzo de todo, la lucha de los bancos centrales ha sido contra el peligro de una reducción de las perspectivas de la inflación, y ya sabemos que los dos factores principales para la inflación son el coste de la energía y el estado de la demanda. Clarísimamente en los últimos tiempos el problema de los bajos precios de la energía son los que han deteriorado las expectativas, pero desde el pinchazo de China el problema de la demanda es cada vez más evidente. El problema que tenemos por delante es que si el precio del crudo poco a poco se va a ir recuperando, las perspectivas de la inflación también van a ir recuperándose, los bancos centrales van a rebajar su preocupación sobre las perspectivas de inflación, pero el problemas que si el lado de la demanda no está fuerte, la retirada de los apoyos de los bancos centrales va a hacer todavía más daño a las economías, porque si no hay una actividad económica fuerte, un aumento de los tipos de interés y subida de la inflación por los costes de los carburantes, van a suponer otra losa para las economías, metiéndonos en una espiral en la que no acabaremos de salir de forma decente nunca.
 
La palabra “nunca”, ha quedado patente en una entrevista a la economista jefe de la OCDE en el Wall Street Journal, donde dice que si los gobiernos no toman las acciones urgentes que les piden, será imposible que hagan honor a sus intenciones de dar una mejor vida a los jóvenes, pensiones adecuadas y cuidado médico para nuestros mayores. Si lo anterior no es posible, olvidémonos ya de las rentabilidades a los inversores.
 
Pasando a cifras, esperan que el producto interior bruto global este año sea del 3%, lo mismo que en 2015, lo que representa un descenso de tres décimas con respecto a lo que esperaban que se creciese en noviembre del año pasado.
 
Con la vista puesta en 2017, también hay un descenso de las previsiones de tres décimas y se quedan el 3,3%, mostrando que la decepción que hemos tenido en el último trimestre del año pasado, tiene repercusiones, al igual que la incertidumbre que reina en los mercados financieros junto con la alta volatilidad, que no favorece dejar dinero tranquilo invertido en el largo plazo.
 
En cuanto a las perspectivas por zonas, para la Unión Europea en 2016 ve un 1,4%, ligeramente por debajo del 1,5% conseguido en 2015 y se recorta -0,4% con respecto a la estimación previa. En 2017, tendremos un 1,7% de ganancia, recortándose desde el 2% de la estimación anterior.
 
Mirando concretamente Alemania, espera que en 2016 mejore el 1,3%, por debajo del 1,4% de 2015 y subida del 1,7% en 2017, todos por debajo de la estimación anterior entre el -0,5% y al el -0,3% respectivamente.
 
Estados Unidos este año crecerá un 2%, dolorosa cifra porque es -0,5% menos que la estimación anterior y en 2017 superará esa cifra hasta el 2,2%, lo que supone también una reducción de -0,2% con respecto a la estimación anterior.